1934 es un año clave para la screwball comedy. En marzo se estrenaba “It Happened One Night” de Frank Capra y dos meses después se lanza “Twentieth Century” de Howard Hawks. A pesar de que “The Front Page” (Lewis Milestone, 1931) debería considerarse la protocomedia loca, en 1934 estamos asistiendo al nacimiento de un género (o de un subgénero). “It Happened One Night” y “Twentieth Century” fueron producidas por Columbia, que entonces empezaba a convertirse en el gigante que sería en la década siguiente cuando produjo toda la filmografía de Capra. Hawks haría cuatro años después su comedia loca más conocida: “Bringing Up Baby”, con Katharine Hepburn y Cary Grant, pero en 1934 todo su prestigio se apoyaba todavía en “Scarface” de 1932, y en un pasado eficiente en el cine mudo, pero un pasado, al fin y al cabo, ya algo oscurecido por la llegada del cine sonoro.
Su experiencia en el campo de la comedia debía remontarse a los años veinte, a una praxis que, una década después, había cambiado totalmente sus maneras y sus móviles. Pero viejo zorro como era Hawks (o viejo halcón, según quiera mirarse), captó de inmediato el estilo de Capra e hizo más: le infundió una dosis de humor cruel y sarcasmo del que haría gala en toda su filmografía posterior. Cuando entró al árido terreno del western, Hawks supo aplicar su viejo estilo y nos regaló una obra maestra de risas, tensión y pistoletazos como es “Rio Bravo” de 1959.
Pero volvamos a 1934. En Columbia se está pergeñando una película que sigue la estela de un género en boga en aquel entonces: la revisión de las miserias y grandezas del mundo del espectáculo. Los célebres guionistas Ben Hecht y Charles MacArthur han leído la obra de Charles Bruce Milholland, “Napoleon of Broadway”, pero mientras la leían tenían en mente la película de 1931, “The Front Page”, escrita por ellos mismos. Es buen guionista quien escribe un buen guion, pero es mejor guionista quien escribe un buen guion en el plazo justo que la productora exige y mejor todavía si el guion está listo unos días antes de que empiece el rodaje. Así que, ni cortos ni perezosos, Hecht y MacArthur deciden trasladar la trama de “The Front Page” (que narraba los sórdidos gatuperios del mundo de la prensa) a “Twentieth Century” (que nos va a narrar los tejes y manejes del mundo de Broadway).
“The Front Page” tendrá a lo largo de los años muchas reversiones, una, quizá la más famosa es la del propio Hawks, de 1940, y que se llamará “His Girl Friday”, con Cary Grant y Rosalind Russell. A mí me cupo en suerte (o en mala suerte) ver primero “His Girl Friday” y después “Twentieth Century”. Como fuere, ambas películas son dos versiones del mismo tema: el viejo mito de Svengali traicionado por su creación. Por supuesto que, a diferencia de la novela de George du Maurier, en estas comedias el tema es tratado con gran jocosidad e ingenio.
En “Twentieth Century”, el enorme John Barrymore es Oscar Jaffe, un productor y director de teatro excéntrico, apasionado y maniático de su trabajo. Encuentra a una aspirante a actriz, una tímida jovencita llamada Mildred Plotka a quien él convertirá en una gran y reconocida estrella, despojándola primero de su nombre (la llamará Lily Garland) y después de su inocente timidez. Tras vivir un romance que el histriónico Jaffe pintará con los épicos colores de un amor fatal, ella lo abandonará para hacer carrera en Hollywood. Herido en su orgullo (y acosado por las deudas), nuestro héroe partirá en busca de su amada en el famoso tren “20th Century Limited”, rumbo a Nueva York. Casualmente, ella está también a bordo y su encuentro producirá divertidos lances y equívocos a un ritmo frenético, el ritmo del tren a toda marcha.
Peligrosamente -y como sucede en “His Girl Friday”- el tono de la película podría justificar una visión masculinizante de la vida. Tanto Hildy Johnson como Lily Garland son cera en las manos de sus respectivos Svengalis y en el transcurso del metraje descubren que -a pesar de haber renunciado a ellos- no pueden vivir sin el amor que les brindan. Trasladada la trama a su tiempo y contexto se entiende perfectamente que ambos finales sean un happy end en detrimento del empoderamiento femenino.
Pero, repito, qué grande está John Barrymore en esta película. Hay que tener en cuenta que su última gran aparición había sido en “Grand Hotel” (1932) donde su elegante apostura podía equipararse y acaso sobrepasar a la de la propia Greta Garbo. Pero en 1933 empieza su declive, su memoria empieza seriamente a fallarle debido a su alcoholismo, y protagoniza estrepitosos fracasos para MGM y RKO. Incluso su belleza física (que algunos calificaron de “espiritual”) se ve deteriorada y gana peso con facilidad. Ningún estudio quería arriesgarse con él, pero Hawks siempre lo tuvo claro: Oscar Jaffe no podía ser otro sino John Barrymore y la encantadora Lily Garland tampoco podía ser otra sino Carole Lombard, ese mito rubio. No se equivocaba. Después, todos los críticos y especialistas han elogiado el papel de Barrymore y han declarado con total convencimiento que su actuación en “Twentieth Century” fue la última. Es claro que Carole Lombard no puede seguirle el juego a Barrymore, todo ese lunático rosario de soponcios, exclamaciones patéticas e impostado histrionismo no encuentra más respuesta en Lombard que unos cuantos gritos con el ceño fruncido.
La locura de la película alcanza notas de mayor frenesí en las últimas escenas a bordo del tren. Hawks, dentro del más atrevido estilo de los hermanos Marx, reúne un conjunto variopinto de personajes que entran y salen del plano con pasmosa efectividad. Vemos a un fanático religioso que pega stickers por donde pasa, a un par de actores de la Pasión de Oberammergau que insisten en llamar “maestro” a Jaffe, al pesado novio de Lily, a empleados de la compañía de trenes, a detectives tras las huellas del fugado Jaffe, a un irlandés borracho, a una criada desatada… en fin, una desmesurada caterva manejada por mano maestra y -aun cuando técnicamente sea su primera comedia- experta. Imposible no reír.

Si valoras nuestro contenido, hazte miembro de la #BúhoComunidad. Así podremos seguir haciendo periodismo. También puedes apoyarnos uniéndote a nuestro canal de YouTube.