La periodista y directora de El Búho, Mabel Cáceres, se sentó frente al politólogo Eduardo Dargent para desarmar un término que hoy funciona como llave inglesa en cualquier debate público: caviar. Desde la izquierda más dura hasta la derecha más estridente, todos parecen usarlo, reinterpretarlo y lanzarlo como proyectil ideológico. Pero ¿de dónde salió realmente esta palabra que se volvió omnipresente en el Perú y cómo mutó hasta convertirse en insulto, etiqueta y explicación mágica de todos los males? Dargent revisa su genealogía, su carga política y el rol que juega en un escenario a puertas de elecciones generales y retorno de un Congreso bicameral, a propósito del libro que , con el mismo título, presentó hace algunas semanas.
M.C.: Quisiera empezar por algo básico: ¿desde cuándo y por qué todo gira ahora en torno al término “caviar”? Se usa para todo. ¿Cómo empieza esta historia?
E.D.: El libro intenta ordenar ese caos. El término se ha generalizado y es usado por todos: izquierda, derecha y hasta políticos pragmáticos. Aunque hoy se escucha más que nunca, paradójicamente es uno de los momentos en que los llamados “caviares” tienen menos poder.
El término lo introduce el periodista Morote, adaptando la expresión francesa gauche caviar, usada para criticar a intelectuales socialistas acomodados. Aquí se aplicó a pitucos progresistas del gabinete de transición. Luego, Mariátegui (el periodista) lo populariza y comienza a abarcar incluso a algunos liberales de derecha. Hoy ya funciona como un supuesto “poder oculto” que controla todo, aunque su representación real sea mínima.
M.C.: Antes “caviar” aludía al izquierdista ilustrado y aburguesado. Ahora es casi un insulto desde ambos extremos. ¿Por qué pasa a ser una etiqueta descalificadora en un momento donde ese sector ya no tiene peso decisivo?
E.D.: Hay motivos distintos. En la izquierda, especialmente en el cerronismo, el término sirve para una batalla ideológica y para desplazar a sus rivales dentro del Estado. En la derecha dura, ayuda a sostener un discurso populista donde ellos aparecen como defensores de “las mayorías” frente a enemigos supuestamente poderosos: Los “gorritillos”, los caviares.
La mayoría de peruanos ni sabe qué significa “caviar”. Son discusiones de élites. Pero muchos políticos pragmáticos han adoptado el término porque les funciona: convierte a un actor débil en un adversario perfecto para cohesionar bloques políticos.
M.C.: Esto no es solo peruano. En Estados Unidos son los “woke”, en Argentina los insultan abiertamente. ¿Por qué este sector, activo políticamente, termina siendo el villano global?
E.D.: Hay críticas válidas. En el libro discuto los problemas de ese sector para conectar electoralmente con la gente. Pero eso no explica que se les cargue con todas las culpas. Se usa porque tienen banderas que incomodan tanto a mercados como a conservadores: anticorrupción, derechos humanos, género, límites al autoritarismo estatal. En cada país la figura cambia, pero suele representar clases medias con ideas progresistas, no necesariamente con poder real.
Elecciones, lo caviar, el centro político y riesgos del escenario electoral
M.C.: Con tanta polarización, parecería racional buscar una opción de centro, quizás representada por los llamados caviares. Pero no parece que ese centro vaya a cuajar.
E.D.: En Perú hay varios centros. Existe una centroderecha regional y pragmática que no es caviar, y también una izquierda caviar. No veo este momento como uno favorable para un candidato caviar. Es el blanco favorito de todos. Pero sí puede surgir un “second best”: un candidato moderado que no lidere las encuestas al inicio, pero que logre representar el “mal menor” y escalar al final.
Candidatos con potencial para recoger parte del voto caviar o moderado podrían ser: Mario Vizcarra, Rafael Belaunde, Marisol Pérez Tello si gana su interna, o incluso Vicente Zeballos. Aunque ese voto se dividirá, quien lo concentre puede obtener un impulso valioso.
M.C.: Y aun así, podría terminar ganando un radical.
E.D.: Sí. En Perú la polarización hace crecer a los extremos en primera etapa. El centro suele quedarse corto y no llega a segunda vuelta, pese a que podría ganarla. Sobre Keiko Fujimori, no la descartaría por antecedente, pero esta vez la tiene muy cuesta arriba. López Aliaga ocupa parte del espacio radical que antes le daba impulso. Su nombre ya no trae novedad ni arrastre regional.
M.C.: ¿Y habrá elecciones?
E.D.: Creo que sí. Pero hay señales preocupantes. El Congreso es cada vez más hostil al sistema y el Ejecutivo depende totalmente de él. Si se instalan narrativas de fraude o complot, podrían intentar deslegitimar los resultados. Me preocupa el ataque a las encuestadoras serias para inflar otras poco confiables y crear la idea de que “todo huele mal”.
No creo que la opción autoritaria sea la más probable, pero ya no es descabellada. Además, existe un bloque pragmático en el Congreso —Somos Perú, APP, Podemos, Acción Popular— al que podría convenirle que nada cambie.

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