El presidente interino José Jerí atraviesa su peor crisis política. El escándalo bautizado como el «Chifagate» ha herido de muerte su credibilidad. Según una encuesta de Ipsos, el 78% de los peruanos percibe indicios de corrupción en sus actos. Este rechazo masivo nace de sus constantes cambios de versión sobre estas reuniones clandestinas.
El origen del escándalo: Zhihua Yang y el «Club Chino»
Todo comenzó con la difusión de imágenes de Jerí ingresando encapuchado a un chifa. El mandatario se reunió en secreto con el empresario Zhihua Yang, apodado «Johnny». Yang es una figura clave en sectores estratégicos como energía y construcción. El Congreso lo identifica como operador del denominado «Club chino de la construcción».
Yang dirige la concesión de la Central Hidroeléctrica Pachachaca 2, valorizada en 224 millones de dólares. Además, sus empresas habrían contratado al hermano de la expresidenta Dina Boluarte. Esta red de intereses privados explica por qué Jerí intentó ocultar los encuentros.
Ji Wu Xiaodong: Una mentira «traductora»
Uno de los puntos más críticos involucra a Ji Wu Xiaodong, empresario con arresto domiciliario. Xiaodong ingresó tres veces a Palacio de Gobierno junto a Yang. Ante la prensa, Jerí intentó minimizar el vínculo con una afirmación falsa. Dijo que Xiaodong “no habla mucho español”,.
Sin embargo, la realidad lo desmintió rápidamente. Xiaodong es un traductor público juramentado acreditado por la Cancillería desde hace 24 años. Ante la evidencia, Jerí cambió su discurso de forma cínica: “Él no habrá querido hablar conmigo más… yo no puedo interpretar por qué hace una cosa o deja de hacer otra”.
Cronología de las contradicciones: Un presidente enredado
El mandatario ha ofrecido al menos cinco versiones distintas en pocos días,. Su estrategia ha sido el parche constante ante cada nueva revelación mediática.
La excusa del «Día de la Amistad»:
Tras el video inicial en el chifa de San Borja, Jerí usó sus redes sociales. Afirmó que la cita fue para coordinar el «Día de la Amistad Perú-China»,. Sostuvo textualmente: “Ellos tienen toda la intención de que su evento… se dé de la mejor manera”.
La cena con el ministro y la escolta:
Al descubrirse que el ministro del Interior, Vicente Tiburcio, también asistió, cambió el relato. En un mensaje a la Nación, alegó que fue algo espontáneo. “Luego de conversar… y dar vueltas en Lima con el ministro Tiburcio y mi escolta, los invité a cenar”, declaró.
El error de las «actividades privadas»:
Poco después, admitió que él mismo organizó la cita, pero negó fines oficiales. Argumentó: “Yo no convoqué la reunión para efectos de ver ello, yo fui a hacer otras actividades privadas”. Esta versión colisionaba directamente con su primera excusa sobre el evento protocolar.
El caso de los «caramelos chinos»:
El 6 de enero surgió un video de Jerí en el Market Capón, local que estaba clausurado,. Presidencia lanzó una explicación que generó burlas: que el jefe de Estado fue a comprar «caramelos chinos». Jerí insistió en su desconocimiento: “Yo no sabía que en ese momento la tienda estaba clausurada”.
La «cortesía» de los cuadros:
Nuevas imágenes mostraron que Jerí no se llevó golosinas, sino cuadros,. El mandatario tuvo que admitir que recibió las piezas, valorizadas en hasta 250 soles cada una. Afirmó: “Cuando indiqué cuánto es la cuenta, dijeron: ‘No, es una cortesía’”. Su amigo «Johnny» Yang emitió un comunicado negando favores, pero admitiendo la «gentileza».
La mentira sobre Tacna y el Pentagonito
Las contradicciones alcanzaron niveles técnicos ante la Comisión de Fiscalización. Jerí reveló que visitó el chifa también el 3 y 9 de diciembre. No obstante, los registros oficiales muestran que el 3 de diciembre estuvo en Tacna. Además, esa noche tenía programada una reunión con la ministra de Economía en Palacio.
Su defensa fue confusa y carente de lógica temporal. Afirmó que tras volver de Tacna se fue a cenar al chifa y luego regresó a Palacio. Según él, la ministra lo seguía esperando a las 10:00 p.m.. Concluyó con una frase que pretendía ser heroica: “Puede ser llamativo, pero tienen a un presidente que es sumamente dinámico”.
Las disculpas y la «teoría de los penales»
En su comparecencia ante el Congreso, Jerí mostró un comportamiento errático y nervioso. Intentó apelar al sentimiento para evitar el juicio político. “No le he mentido al país… Vi a mi madre”, manifestó de forma inconexa al iniciar su defensa. A pesar de los indicios, fue tajante sobre su permanencia: “No voy a renunciar, porque hacerlo sería admitir un hecho ilícito que no ha ocurrido”.
Para desviar la atención, lanzó una acusación contra los internos de las cárceles. Sugirió que la difusión de los videos es una represalia de criminales. “Los que están en los penales… tienen algún interés en que la autoridad no siga haciendo requisas”, sentenció.
Cuando se le pidió entregar su teléfono celular para las investigaciones, Jerí puso trabas. Argumentó que su equipo contiene información sensible de inteligencia nacional. “En mi equipo telefónico hay secretos de Estado… hay que tener en contexto ello”, advirtió para evitar el peritaje inmediato. Esta actitud ha sido interpretada por líderes como Rafael López Aliaga como un intento de blindaje,.
El impacto de estas mentiras sistemáticas ha movilizado al Parlamento. Actualmente, José Jerí enfrenta:
- Seis mociones de censura impulsadas por diversas bancadas,.
- Una moción de vacancia por incapacidad moral con 26 firmas.
- Investigaciones fiscales por patrocinio ilegal y tráfico de influencias.
Y ahora que se acercan las elecciones, algunos partidos, como Fuerza Popular, prefieren que este escándalo pase por agua tibia, al menos hasta que se elija a un nuevo presidente.

Si valoras nuestro contenido, hazte miembro de la #BúhoComunidad. Así podremos seguir haciendo periodismo. También puedes apoyarnos uniéndote a nuestro canal de YouTube.