«Todo tiene su final. Nada dura para siempre…», reza una famosa salsa clásica. Eso parece que está ocurriendo con la cuarta candidatura de Keiko Fujimori. El rechazo indignado de amplios sectores de Pichanaki, en Chanchamayo, Junín, a la presencia de la señora K. Y, tras la suspensión del mitin programado, la destrucción de afiches, banderolas y el proscenio son los signos de ocaso. Además, del lanzamiento de piedras, huevos e insultos a la candidata fujimorista.
Lo ocurrido en Pichanaquí, el pasado miércoles 25 de febrero de 2023, ha mostrado un condensado y profundo odio y rechazo a Keiko Fujimori y Fuerza Popular. Esto devela un profundo cambio en el que fuera su bastión electoral hasta las elecciones de 2021: el paso de la selva central de ser fujimorista a un antifujimorismo encarnizado. El Vraem, que se encuentra más adentro de Pichanaki, abandonó el fujimorismo en las elecciones de 2021.
Sin duda alguna, lo ocurrido la noche del 25 de febrero tiene los visos de ser un parteaguas en la selva central. Así como Philips Batters tuvo su «juliacazo», la señora K parece haber tenido su «pichanacazo». ¿Qué está a la base de este cambio radical de la población de Pichanaki? Las tres ejecuciones extrajudiciales (el 16 de diciembre de 2022) en la era de Dina Boluarte, puesta en palacio por el narco-fujimorismo y sus aliados: la coalición narcocriminal (Porky, Acuña, Luna, Cerrón, etc ) del Congreso.
La memoria de las 50 víctimas de las ejecuciones extrajudiciales ocurridas en el marco de las protestas del sur es -y será- un factor decisivo no solo en las zonas donde se masacró y asesinó (Huamanga, Juliaca, Macusani, Andahuaylas, Cusco y Arequipa), sino en todo el país. Para los pobladores de Pichanaki, Keiko Fujimori y sus socios son los responsables de colocar a Boluarte en el gobierno. Por lo tanto, el «pichanakazo» tendrá -¿alguien lo duda?- impacto nacional. Y se reproducirá.
¿Podemos afirmar que estamos ante el ocaso político-electoral de la señora K y de Fuerza Popular? Si nos atenemos al fin de las aspiraciones electorales de Philips Batters tras el «juliacazo», es probable que el «pichanacazo» sea la lápida del keikismo narco-criminal. Más aún, cuando sus concentraciones anteriores estuvieron marcadas por el rechazo y la poca concurrencia.

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