Keiko vs Kiara. Un caso muy ilustrativo e importante, y no solo por los personajes involucrados sino por el caso en sí mismo como signo de una cultura, o de una época, o de toda una etapa histórica, con distintas y hasta opuestas visiones o ideologías conviviendo; más o menos modernas o liberales, o más o menos conservadoras. La de Kiara y la de Keiko. Y unos valores bien contrapuestos que parecen representar los de la mayoría peruana: los de Keiko. Los de Kiara todavía en clara minoría.
Pero Kiara mató simbólicamente a la madre, y no le tembló la voz. Kiara, sin embargo, no tiene representación parlamentaria realmente liberal. Y en campaña solo hay un partido que puede ser considerado así sin equívoco y no solo de nombre: y no uno conservador que se proclama liberal. Todo esto se ventiló de un modo brutalmente mediático, en el contexto de uno de los peores procesos electorales peruanos. Keiko Fujimori vs Kiara Villanella. No es solo un problema de derechos y de respeto, como podría parecer. Hay un problema más profundo del que se pudiera pensar a simple vista: el enfrentamiento de la educación -y por tanto de la ideología- predominantemente conservadora y pre moderna representada por Keiko, y la educación moderna, democrática y liberal de Kiara.
En “Totem y Tabú” de Sigmund Freud, se interpreta ese sacrificio parricida desde la cultura primitiva hasta el siglo XX, por así decirlo. Lo vamos a recordar en dos palabras. Viene desde la antigua simbología de la misa, del sacrificio de la misa, aún antes del catolicismo. El sacrificio de la misa es el sacrificio del padre: “la muerte del padre” Y no solo su muerte sino, además, comer de su carne y beber de su sangre. Kiara a matado -simbólicamente- a la madre-autoridad. Ésta la dejo sin alternativa. Los hijos deben educar a los padres, decía Freud. Y así se hizo.
Exactamente en la orilla opuesta, la actitud de Keiko, la madre que repite con creces la actitud ética y política de su ultraconservador padre Alberto. Solo han cambiado las circunstancias: Keiko no ha “matado al padre” (chismeando freudianamente) lo sucedió, lo repitió, lo continuó y lo continúa en escenario democrático (o casi). Si no fuera Porky, que divide a los electores conservadores, el fujimorismo estaría de vuelta con toda su maldad fujimorezcamente autoritaria.
Si Keiko creyera en valores liberales y democráticos no se hubiera atrevido a cometer esa idiotez pedagógica fenomenal, la de imponerse, la de pretender ejercer su poder para gobernar el cuerpo (hay que tener el hijo del violador) y el alma (una manera de pensar volcada al pasado) de su propia hija. ¿Puede haber ingerencia más abusiva?. Pero además, revelarlo públicamente como parte de la campaña, usando como medio a la propia hija, es indigno. Es la politización de la relación familiar.
Porque dignidad es el derecho humano fundamental de decidir el propio destino. Y digno es merecedor de. ¿De qué es merecedor el ser humano, por ventura? De decidir su propio destino, como hemos dicho. Y que no lo decida la madre, por ejemplo. Y Kiara Villanella ha expresado su desacuerdo completo con ella, respecto a la obligación de tener un hijo que no se desea, producto de una violación, y cuya sola idea provocan repulsa y angustia en la mujer, que no tiene por qué soportar indefinidamente. En vez de un derecho, un castigo.
Eso es lo que hace negativo el conservadurismo , limita la libertad por razones de orden, cuando lo que hay que priorizar es la libertad y no el miedo y la angustia. Y así parece creer Kiara, que es espontáneamente democrática y liberal: grata sorpresa. Por eso no puede dejar de lado el arma moderna de la crítica, ni frente a su madre. Porque crítica y auto crítica son los factores determinantes de la modernidad. La modernidad como despliegue de la libertad
No porque es mi madre, entonces tiene razón. El principio de autoridad, si cabe, está debajo del principio de razón y libertad, aunque usted no lo crea. No porque es mi madre debo aceptar obligadamente sus ideas e imposiciones. Esto es inseparable de otro valor moderno: la independencia mental. La ilustración y la emancipación del alma que promueve la renovación existencial en base a tal libertad. Por eso, no solo la educación sino toda la sociedad peruana debería pasar de una “etapa Keiko” a una “etapa Kiara”.
Si vamos a repetir en vez de renovar los paradigmas, los valores, la educación, etc, de nuestros padres, en dos generaciones estaremos más estancados de lo que andábamos normalmente desde siempre. En el Perú es más grave porque parece que retrocedemos, que involucionamos. Lo cierto es que si no “mata al padre” no va a dejar de ser nunca hijo, o discípulo, hasta el fin de tu vida. Ni creador ni constructor sino repetidor, imitador, copia. Ni puede ser verdadero padre, porque no dejó de ser hijo.
“Matar al padre” quiere decir negarlo para afirmarlo después : rebelión y recreación de lo negado, o sea su final afirmación plena. Por eso después que la horda primitiva mata efectiva y no solo simbólicamente al abusivo y acaparador jefe, lo convierten en una suculenta cena, que luego será adecuadamente sacralizada y ritualizada: la misa. En el transcurrir de los siglos, el sentimiento de culpa comunitario por la comisión de semejante atrocidad, tal vez hace que se mantenga el rito, devenido costumbre.
Unos signos y símbolos para re-presentar ese hecho terrible del parricidio original y sublimar la pena (la culpa) volviendo a cometerlo simbólicamente en el sacrificio de la misa, para alivio sicológico de los oferentes. Este es mi cuerpo y esta es mi sangre. La principal lección es que hay que atreverse al parricidio, para tener el derecho a ser padre, jefe, auctoritas, o un ser autónomo y libre en una comunidad sana y organizada.

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