Mientras en el Congreso se aprueban leyes que benefician ampliamente a la Policía Nacional del Perú como una de las principales soluciones frente a la inseguridad ciudadana, la institución poco o nada hace para expulsar a los malos elementos de sus filas.
El mayor PNP Martín Mariñas Oviedo, quien ya había sido denunciado en 2024 por asistir a discotecas en pleno horario laboral, fue captado manteniendo relaciones íntimas con una suboficial dentro de las instalaciones de la Policía Montada.
En la misma semana, otro hecho generó polémica: una mujer grabó un video en el que encara a una agente policial en su centro de trabajo, acusándola de ser la “amante” de su esposo y de mantener una relación con él incluso durante horas de servicio. El video se viralizó rápidamente en redes sociales, ya que la policía se encontraba con uniforme y, en medio del altercado, pidió ayuda por teléfono a quien sería su pareja.
Ambos casos provocaron una fuerte indignación en la ciudadanía, que cuestiona la conducta de algunos miembros de la institución en un contexto marcado por la creciente inseguridad. Estos hechos se producen mientras el país enfrenta una situación crítica en materia de criminalidad, lo que ha incrementado la desconfianza hacia la Policía Nacional, alimentada por este tipo de incidentes.

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