Ya se sabía que, tarde o temprano, las declaraciones de José Balcázar iban a meter al país en problemas. Antes lo intentó como congresista, cuando quiso normalizar el matrimonio con menores de edad. Ahora lo hace como presidente… porque claramente el ascenso no vino con filtro incluido.
En una actividad oficial, Balcázar terminó responsabilizando “en parte” a la comunidad judía de haber empujado a Alemania a la guerra, mencionando su influencia en el comercio, la banca y la usura.
La reacción fue inmediata. La Asociación Judía del Perú exigió una rectificación pública, mientras que las embajadas de Israel y Alemania rechazaron tajantemente las declaraciones. Porque, sorpresa, culpar a una comunidad entera por una guerra mundial no suele caer bien en ningún lado.
Desde la Presidencia del Perú intentaron apagar el incendio con un comunicado: aseguraron que Balcázar no hablaba a título personal, sino que citaba el libro Los enemigos del comercio de Antonio Escohotado. Y de paso, pidieron disculpas por la “percepción equivocada” generada en el pueblo judío.
Es decir, no fue lo que dijo… sino cómo se entendió.
El propio Balcázar cerró su mensaje repudiando el genocidio ocurrido durante la guerra y solidarizándose con las víctimas del Holocausto. La lista de polémicas sigue creciendo.
Y a este ritmo, Balcázar parece empeñado en convertirse en argumento recurrente para quienes buscan censurarlo antes de la segunda vuelta.

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