Las elecciones generales de Perú del 12 de abril son de las más impredecibles del mundo. Se dan con 35 candidaturas, casi todas apenas cuentan con un dígito de aprobación. A una semana de los comicios, uno de cada tres peruanos no se decide por ningún candidato o piensa votar en blanco o nulo.
El último sondeo del Instituto de Estudios Peruanos, tal vez la encuestadora menos imparcial, arroja que Keiko Fujimori aventaja con apenas un 10.00%. Le sigue el exalcalde limeño Rafael López Aliaga con 8.7%. Luego el humorista fujimorista Carlos Álvarez con 6.9%. El izquierdista Roberto Sánchez con 6.7%. El centroizquierdista Alfonso López Chau con 6.3%. El centroderechista Jorge Nieto con 5.4% y Ricardo Belmont (un exalcalde derechista de Lima que ahora se torna amigo del gobierno mexicano) con 5.2%. Cualquiera de estos siete candidatos podría pasar a la segunda vuelta debido al margen de error, a la proximidad de los resultados. A que hay un 30% de encuestados que no se deciden a votar por cualquiera de las 35 opciones. Y a que usualmente todo cambio en la semana final.
En las pasadas presidenciales del 2021 el maestro sindicalista Pedro Castillo figuraba en el séptimo lugar una semana antes de la primera vuelta. Y terminó en el primer puesto con el 19%, para después acabar venciendo en el balotaje por menos de medio punto de diferencia. Si bien Keiko dijo en el debate electoral que ella desea competir en una segunda vuelta con López Aliaga, no es seguro que ello acontezca. La diferencia que ambos tienen frente a sus seguidores es muy mínima.
Con esas declaraciones, ella confiesa que ambos diseñaron este sistema de atomización electoral para abrir las puertas a que la extrema derecha sea quien domine las dos opciones del balotaje.
Ambos tienen menores porcentajes a los que obtuvieron en la primera ronda del 2021 y sus actuales intenciones de voto están estancadas o en caída (como pasa con López Aliaga quien ya ha dejado de ser puntero). La exprimera dama de la dictadura de los noventas apenas ha reunido poca gente en sus concentraciones en el norte del país, donde está su bastión, mientras que “Porky” López Aliaga ha sido recibido con huevos y excremento en varias ciudades del sur.
Álvarez quisiera ser el Zelenski peruano: un cómico que pasa a convertirse en un presidente muy cercano a EEUU. Si él, Keiko o López polarizan la segunda vuelta, esta acabaría dividida entre dos opciones de la ultraderecha fujimorista, por lo que probablemente conllevaría a un voto blanco/nulo y ausentismo masivos.
Algo a destacar que, salvo Fuerza Popular de Keiko y Renovación Popular de Porky, todos los partidos que han codirigido este congreso, uno de los más desacreditados del planeta, están muy cerca de no pasar la valla electoral, de perder sus registros electorales y hasta de no sacar un solo congresista. Los más castigados son Alianza Para el Progreso de Cesar Acuña, Podemos Perú de Pepe Luna, Somos Perú del vacado presidente José Jerí, la alianza conservadora de Roberto Chiabra, Avanza País y, por sobre todo, Perú Libre de Vladímir Cerrón.
De los siete que podrían entrar a la segunda vuelta, cinco son fuerzas nuevas (salvo Juntos Por el Perú que representa al opositor presidente presidiario Pedro Castillo). No puede descartarse que algunos otros “outsiders” como los centristas Yohny Lescano, Poppy Olivera o Marisol Pérez Tello den una sorpresa.
No puede descartarse tampoco que en la segunda vuelta alguno de ellos califique.
Tampoco se puede descartar que quienes han estado punteros durante toda esta campaña electoral acaben fuera del balotaje, dada que cargan el peso del congreso desprestigiado y la volatilidad del electorado.
Dada la falta de claras alternativas, muchos van a verse tentados a no votar o a hacerlo en blanco o viciado. El problema con esta última opción es que dichos votos no son válidos. Y con esta actitud podrían ayudar a que fuerzas desacreditadas pasen la valla electoral o entren el congreso.
Lo más probable es que Juntos Por el Perú de Roberto Sánchez siga creciendo, aunque lo haga con el sombrero prestado de Castillo. Para muchos sectores empobrecidos del campo y de la ciudad se ha cometido un atropello a su voto y a la democracia al haber vacado y encarcelado al presidente constitucional, el primero en provenir de los trabajadores rurales.
Sánchez fue el número dos de Yehude Simons, quien pasó de estar preso acusado de militar en el MRTA para convertirse en el primer ministro de Alan García corresponsable de la masacre de Bagua. Luego de sacarlo del partido prestó su sigla a un frente con partidos comunistas y socialistas postulando a Verónika Mendoza en 2021. Después fue el único ministro que Castillo tuvo en todos sus gabinetes (aunque el 7 de diciembre del 2022 cuando el congreso lo vacó, él no levantó su mano para defenderlo y se abstuvo). Sánchez carece del carisma y tradición de luchador social de Castillo. Y se ha asociado a Antauro Humala, quien combina un nacionalismo inca con racismo fascitoide.
Esta trayectoria hace que muchos izquierdistas prefieran a López Chau, aunque él haya sido aprista. Aunque fuera nombrado director del Banco Central de Reserva por su excompañero Alan García y propicie un modelo socialdemócrata neoliberal. Al llevar como número uno en su lista a diputados por Lima a Harvey Colchado, el policía que allanó la casa de Castillo cuando él era presidente ayudando a su caída, su partido Ahora Nación ha enajenado a muchos castillistas.
Las izquierdas peruanas han fallado en emular a lo que sus compañeros han hecho en Colombia, Chile o Argentina. Allí los frentes de izquierda zanjaron sus candidaturas en elecciones internas masivas donde participaron cientos de miles de adherentes o simpatizantes. Así permitieron una lista unitaria. En Perú no se juntaron todos los movimientos “progresistas” para hacer ello. Venceremos aprobó su candidatura presidencial en una asamblea de menos de 100 militantes. Una interna masiva hubiese unificado y potenciado a la izquierda habiéndola transformado en favorita electoral. Ahora, en cambio, las izquierdas se han dispersado en al menos cuatro opciones electorales (además de que otros cuadros importantes se han unido a Podemos, Primero La Gente de Marisol Pérez Tello, Obras de Belmont, Frente de la Esperanza de Poppy Olivera, entre otras fuerzas tradicionales del centro o de la derecha).
Así como se ha retirado el filo-maoísta Partido de los Trabajadores y Emprendedores, las planchas presidenciales de Venceremos o Perú Libre (que en las encuestas están debajo del 1%) debieran hacerlo para endosar sus votos a JPP, aunque pudiesen mantener sus listas congresales. No obstante, el cerronismo sigue considerando como su enemigo principal a los “caviares”, por lo que suicida presencia beneficia a la extrema derecha. Pese a todas las concesiones que Perú Libre le hizo a la ultraderecha, esta le paga con no exculparle desde el Tribunal Constitucional que controla. Al final, Cerrón, quien en 2021 pudo haber hecho un masivo partido único de izquierdas (como el PT del Brasil) ha terminado erigiendo una secta cuasi-religiosa que ha venido siendo utilizada por la ultraderecha.
El debate electoral ha mostrado gran pobreza. Sinceramente, no hay ningún candidato que valga la pena, por lo que los peruanos se han de verse obligados a votar no por quien más apoyan sino por quien podría contener a sus peores enemigos.
La crisis peruana puede no solucionarse con un nuevo gobierno debido a que el senado puede vacar al siguiente jefe de estado. Cuando el 28 de julio del 2021 Castillo llegó a la presidencia cometió el grave error de no llegar movilizando a las masas. Esto, anulando la fuji-constitución de 1993, restaurando la carta magna de 1979. Y llamando a una asamblea constituyente, algo que el Perú necesita para reorganizar y moralizar radicalmente a su sociedad.
Mientras Nieto es un exizquierdista tornado en derechista, Belmont es un exderechista que ha coqueteado con la izquierda. Esto último podría hacer que el “hermanón” pueda dar un sorpresón.
Como los peruanos deciden su voto en la recta final, es probable que buena parte del electorado que eligió a Castillo acabe votando por JPP. Una opción que recomienda desde el penal de Barbadillo el presidente Castillo.

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