Cultural

Conversación con Ángela Delgado a propósito del Hay Festival: La cultura no debe ser elitista, debe llegar a todos

El Hay Festival cumple 10 años y comienza muy pronto, con la presencia de muchas personalidades de la cultura, el desarrollo humano, la educación, la ciencia, el arte, como era inimaginable sucediera en el Perú. Conversamos con la gestora principal, Ángela Delgado.

Por Miguel Almeyda Morales | 27 octubre, 2024

¿Quién es Ángela Delgado, hoy directora de desarrollo del Hay Festival?

Una mujer que, como dice en su Facebook, es un ser humano en proceso de aprendizaje continuo.

¿Cuál es tu historia? ¿Cómo llegaste a este momento de tu vida?

Me gradué en periodismo en la Católica Santa María y luego la vida me fue llevando por el camino de la gestión cultural. Antes trabajé como directora de Turismo de Arequipa, una experiencia bien interesante porque me puso del lado del sector público. Y en ese tiempo también tuve la oportunidad de participar en un experiencia bien interesante en Japón. Después me fui a hacer relaciones públicas al ferrocarril, cuando recién lo privatizaron y de ahí a partir del año 2001 empecé con la gestión cultural hasta ahora  y espero que por largo tiempo. Es que la vida me llevó un poco a eso y creo que uno tiene que estar abierto a los sonidos de lo que te dice el mundo también.

¿Y cómo es hacer gestión cultural en un país tan complicado como el nuestro?

Es difícil, tú lo sabes, desde cualquier punto de vista, creo que no es fácil. En todo caso, puede ser muy entretenida, puede tener muchísimas anécdotas que te llevan a pensar que puedes producir y dejar algo distinto. Es difícil, divertido, pero es también interesante, atractivo y retador.

¿Por qué hay que convencer a la gente para que invierta en cultura?

Más allá de convencer, es poner un granito de arena en el sentido de ir haciendo que la gente advierta que lo que llamamos cultura, no tiene por qué ser elitista o algo exclusivo de un segmento de la sociedad. Llega a todo el mundo y se usa básicamente de herramienta de comunicación.

El Hay Festival cumple 10 años en Arequipa, mucha gente no sabe cómo llego hasta aquí. Cuéntanos un poco de su historia.

Por esas casualidades que se producen cuando creo que se juntan las estrellas, los planetas y todo lo demás. Yo trabajaba para un centro cultural en Arequipa y un buen día me llamó una persona que conocía de un tiempo atrás. Me preguntó algo que me dejó sorprendida, porque además era un momento de transición en mi vida profesional. Me dijo si conocía el HAY Festival, del que jamás había oído hablar y me explicó brevemente que se trataba de un festival básicamente literario, con diversos matices. Entonces me dijo: por qué no vas a verlo y checas. Averiguas y ves cómo es el modus operandi porque hay interés en hacerlo en Perú y la ciudad sería Arequipa.

Y esto por recomendación, por esa intuición, ese olfato de Mario Vargas Llosa que en algún momento dijo y compartió con la organización del Hay Festival Internacional que Arequipa reunía todas las condiciones para ser una de las sedes en Latinoamérica. Fui a Colombia, regresé alucinada, porque la experiencia me dejó con la boca abierta. Conocí, escuché autores que en la vida había visto o conocido. Creo que asistí a todas las sesiones que pude durante esos cuatro días y el sabor que me dejó fue inspirador, alucinante. Con mucha ilusión, regresé a Perú y fuimos conversando con el equipo internacional, básicamente con Cristina Fuentes y aquí estamos.

¿Qué es Arequipa hoy para ti?

Es un territorio definido por ciertas fronteras que tienen el nombre Arequipa, pero es además un espíritu, una entidad, un repositorio de historias diversas. Es un pasado. Y es todo lo que lo que ha sido la ciudad hasta llegar ahora, esta amalgama tan interesante del mestizaje. Es un reto también como ciudad, como propuesta, porque creo que todavía no hemos trabajado de la mano con Arequipa, con su identidad, con su perfil, con sus posibilidades, como ciudadanos que somos. Creo que allí falta muchísimo por hacer.

Hay una diferencia muy grande y evidente con otras ciudades del país, es distinta.

No es chauvinismo, pero sí creo que es distinta y como tal también es especial y particularmente atractiva para eso que hacemos nosotros, que se llama gestión cultural. Porque es un pocito de innumerables posibilidades que tendrían que conducir a la ciudad a un mejor autoconocimiento de sus habitantes y a la vez a contribuir al conocimiento del otro para la comunidad que todavía no tenemos.

Si eso he sentido también, todavía no hay comunidad, son compartimentos.

Es una construcción de islas, a pesar de muchos intentos. También tiene algunos avances obviamente, pero está siendo conformada por islas que no se comunican aún.

Crees que el Hay festival colabora, genera, impulsa que esta ciudad tenga esa posibilidad de hacerse comunidad.

Estoy convencida, 10 años no han pasado en vano. Es el feeling, la percepción, la intuición, pero también es la opinión de mucha gente que participa, que vive el festival como lo que es, una propuesta para intercambiar ideas, para escuchar otras propuestas, otros puntos de vista, para abrirte al mundo porque viene gente de tantos países diferentes y con tantas experiencias distintas, que yo creo que sí ha nutrido el espíritu de esos asistentes cada vez más fieles. Es gente que se engancha y colabora ya que viene también de afuera y enriquece la interpretación del festival desde el punto de vista arequipeño. Lo hace más nutrido, más grande, más bonito, porque también lo ve desde la distancia, no como poblador o habitante de la ciudad

Hay ido creciendo y expandiéndose hacia otras partes de la ciudad.

El reto sigue siendo abrir espacios y motivos para que no sea solamente ese centro privilegiado al que acuden quienes pueden, sino también estamos tratando de sacar los contenidos del festival a distintos puntos de la periferia y ver qué bonito se puede trabajar comunicándonos en otros espacios. Las experiencias en el penal de Socabaya son muy interesantes, de verdad. Lo que estamos haciendo con el COAR, que es otro tipo de público igual o más importante para los propios autores que van a este tipo de locaciones donde vive gente como en la prisión o en el COAR donde son chicos internos con mentes brillantes. Son retos y lo que estamos queriendo hacer con el comunitario se sintió con más fuerza desde el año pasado en ese espacio de la plaza San Francisco, para que no sean solamente los niños quienes disfrutan, sino la familia como tal.

Como ese círculo, ese órgano que ya no es tan tradicional, que también tiene que ver con la movida social y las transiciones que vivimos en el mundo. Hay familias uniparentales, o son los abuelos quienes cuidan a los nietos, o los hermanos mayores. Tenemos que colaborar a esa comunidad que se pretende construir, por eso el comunitario es tan importante

El tema ha sido también cómo el festival se va involucrando en la ciudad.

Ese contagio, si lo vamos a llamar de alguna manera, creo que es evidente porque también puedes distinguir públicos diversos interesados por esa propuesta. En un auditorio puedes escuchar al empresario, al ama de casa, al jubilado, al joven universitario, al intelectual, al artista. Todos involucrados y compartiendo intereses similares. Es bien paja saber que hay un espacio que es Hay Festival importante para expresar esos asuntos que nos competen a todos. Porque trascienden esas necesidades individuales y nos llevan a pensar en lo que queremos construir como comunidad. Y a los que son padres, cuestionarse sobre qué quieren dejar a sus hijos y a los que no lo somos también. Por qué estamos aquí presentes en el mundo, y cómo quisiéramos dejarlo también. Cuál es el aporte de cada quien a esta comunidad.

Otra cosa que me llama la atención. La creación es un trabajo solitario. Se escribe un libro en soledad, se pinta un cuadro en soledad, se escribe una obra de teatro, se hace un poema y el resultado se presenta. Pero no se habla de los procesos. Y eso me gusta mucho de los encuentros con los creadores y creadoras que cuentan cómo son sus procesos.

Lo bacan es que, pasada la etapa de creación, el autor y el público pueden establecer un diálogo en torno a esa propuesta que fue generada en la mayor parte de casos en soledad. Sobre todo, en el caso de la literatura y la poesía que son ejercicios básicamente individuales.

Son como clases maestras para alguien a quien le interesa el arte y la cultura. Hice algunas entrevistas a escritores que me dieron su tiempo: Oswaldo Reynoso, Alonso Cueto, Miguel Gutiérrez. Valiosas porque los procesos son resultado de la formación, de la creencia política de la belleza que te ha dado la vida, como decía Oswaldo Reynoso.

Qué bonito lo que me cuentas, porque dejas un registro de esas charlas esos documentos que tú y otra gente también ha escrito y ha producido en torno a los contenidos del festival. Las entrevistas, las vivencias, no solamente con los autores, sino también con el público, es un proceso que puedes analizar porque está allí, como Reynoso que ya falleció y que poco a poco va cobrando importancia notable en cuanto a producción y propuesta literaria. De repente no muy reconocido en su propio tiempo o las extraordinarias vivencias y experiencias de Alonso o Miguel Gutiérrez, gente bacan que hace cosas bonitas, hablando de creatividad, de propuesta de vida. De esa forma vas creando historia, analizando.

Y eso es hermoso, las vivencias, la posibilidad de encontrarme con Fernando Savater caminando por la calle y conversar un rato con él. O tomar un café con Renato Cisneros, o una bella conversación con autoras que no conocía. Creo que todavía es un punto que la gente no comprende, esa posibilidad de compartir las mismas calles con tantos artistas que admiras.

Es que el esquema del festival es totalmente distinto a una feria de libro, y creo que poco a poco viene involucrando a todos en esta fiesta, esta celebración de la palabra. Ver a los escritores caminado por tu ciudad, por tus espacios, compartiendo, comiendo de repente, degustando cosas que a ti te gustan, apreciando la arquitectura de tu lugar de origen, de tu habitat. Eso también es bonito. Es un vínculo y para los que no viven acá igual resulta interesante conocer a esa gente y ver que, luego, eso también es trascendente y es importante. Ver cómo Arequipa está en los ojos de todos esos invitados estupendos, geniales, que regresan a sus puntos de origen y de repente hacen que un montón de gente escuche la palabra Arequipa o la palabra Perú por primera vez en su vida.

El potencial del festival para hacerle bien a la imagen del país, de la región y de las ciudades donde se desarrolla, eso, te digo que es incalculable y creo que la gente no lo dimensiona de esa manera. No es lo mismo que el señor Pedro Pérez vaya y hable de Arequipa después de sus vacaciones a que la señora Irene Vallejo cuente su experiencia en el festival. Pienso en eso y me lleva a un cuestionamiento a quienes tienen a su cargo la dirección del país en el sentido de que hay que apoyar cosas como ésta, que dejan un cúmulo de cosas positivas para la región donde se hace.

Claro y hablemos del hecho de que el festival tiene un momento físico real, pero hay la reproducción en internet que es otro festival y las trasmisiones en directo que son un tercer festival. Y tampoco aún se entiende este fenómeno.

Lo estás leyendo total. Cuando hicimos el festival en línea, generamos también un público no solamente peruano sino también extranjero. Sobre todo de países donde el festival tiene sedes, que está siguiendo las sesiones que nosotros hacemos en streaming en tiempo real.

En el teatro municipal, en la casa Tristán del Pozo, la persona que nos quiere escuchar y ver lo puede hacer desde Segovia o México. Y eso va generando ese público en la modalidad virtual que también sirve para hablar, para comentar, para hacer eco de estos nombres de ciudades. Y este nombre del país que merece estar en realidad en el epicentro cultural a nivel latinoamericano y mundial. Siento que desaprovechamos un millón de oportunidades para posicionar Arequipa, a Moquegua y al país en general. Para para que la gente lo viva y lo conozca como debe ser.

Y ahora trabajando con los niños y las niñas.

Es una tarea fundamental y prioritaria para el festival, la construcción de públicos. Porque esos niños que hoy tienen de repente 7 años, dentro de diez tendrán 17 y en veinte 27. Es el fenómeno que también ya se puede evidenciar con mayor claridad en Colombia, por ejemplo, donde el festival cumple 20 años el próximo año. Ahí tienes a niños que empezaron de cinco y te pueden dar un testimonio alucinante de lo que significó o significa el festival para ellos.

Tuve la oportunidad de escuchar unos registros, en Colombia, Cartagena, en una comunidad donde se hacían actividades audiovisuales para los niños. Allí contaban su interés por la cámara, por la imagen, por la comunicación de contenidos audiovisuales, que aprendió mucho. Escuchar eso es bonito, sabes que lo que haces, la selección del personaje, el tema, el llevarlo a x lugar impacta en alguien. Y así sea una persona, sí creo en la importancia de esa única persona, porque se multiplica, necesariamente se multiplica. El niño va a comentarlo con su mamá, su papá, sus tíos, su amigo y allí va creciendo la ola.

Y un día aparece como cineasta a participar del Hay festival en su comunidad.

Exactamente. En la mañana, por ejemplo, fuimos a hacer unas gestiones en la municipalidad y gratamente me sorprendió un regidor. Me dijo que iba al festival y me sacó referencias de los personajes. Esto ya es motivador. Para mí ya me hizo parte de la mañana, saber que hay gente dentro de la administración pública que puede leer esto como bendición. Y va a significar más cuando asistan, porque hay personas que nunca han ido y dan su opinión y eso no lo entiendo, porque no se puede hablar sobre lo desconocido.

Hay una corriente fuerte sobre el trabajo con niños y niñas entre los 4 y los 12 años, porque tenemos la tarea de construir nuevos ciudadanos y ciudadanas que cambien este complicado país, con teatro, danza, música, pintura, gastronomía, literatura, todo lo que ayude al desarrollo de sentido crítico.

Claro, es el momento en que puede procesar, puede recordar, emociones, contenidos, imágenes, sentidos, imaginaciones. Ojalá que esto sirva para eso básicamente. Soy totalmente consiente que no será una cosa milagrosa ni masiva. Es un trabajo que tenemos que hacer todos los que estamos en lo que llamamos cultura para que funcione.

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