La Universidad Nacional de San Agustín (UNSA) de Arequipa atraviesa una compleja paradoja en su 197 aniversario. Mientras las autoridades celebraban con orgullo los avances en investigación, modernización y la búsqueda de la acreditación internacional, los campus amanecieron cerrados. Una huelga nacional indefinida, acatada por el sindicato docente, ensombreció los festejos este 10 de noviembre, instalando la incertidumbre sobre la culminación del semestre académico. La casa agustina vive así un aniversario agridulce, dividido entre la celebración de sus logros y la parálisis de sus actividades esenciales.
La sesión solemne en el Aula Magna Simón Bolívar fue el escenario donde las autoridades destacaron la ruta hacia la excelencia. El rector, Hugo Rojas Flores, enfatizó el compromiso institucional de brindar una formación de calidad y asegurar que el derecho a una buena educación sea una realidad. Este compromiso se materializa en el proceso de acreditación internacional que evalúa actualmente la agencia IAC-CINDA. La universidad ya cuenta con 38 programas de estudio acreditados, tanto nacional como internacionalmente, incluyendo certificaciones recientes para carreras clave como Medicina, Psicología y Ciencias de la Comunicación por parte de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior de México. El vicerrector de Investigación, Henry Polanco Cornejo, complementó esta visión al informar sobre los más de 2,100 proyectos científicos financiados con fondos propios, canon minero y fuentes externas, además de los más de 130 docentes que integran el Registro Nacional de Ciencia y Tecnología.
Los logros no son solo académicos. El IV Informe Bienal de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (SUNEDU) posiciona a la UNSA como la segunda mejor universidad pública del país y la primera fuera de Lima. Este liderazgo busca consolidarse con obras emblemáticas entregadas por la gestión actual, como el Centro de Investigación Aplicada y Laboratorios Especializados (CIALE) de Ingenierías y la modernizada Biblioteca de Sociales. Además, se invirtieron 18 millones de soles en nuevos laboratorios para Física y Química. Con las futuras filiales en Majes y Camaná, la universidad también fortalece la descentralización. Este impulso se vio coronado al ser sede principal del X Congreso Internacional de la Lengua Española, evento que posicionó a Arequipa como capital cultural de Hispanoamérica.
La parálisis de la huelga y la incertidumbre estudiantil
Sin embargo, este panorama de éxito choca frontalmente con la realidad de los campus. Desde el 10 de noviembre, las puertas de las tres áreas universitarias permanecen bloqueadas con pancartas. El Sindicato Unificado de Docentes de la Universidad Nacional de San Agustín (SUDUNSA) acató la huelga nacional indefinida convocada por la Federación Nacional de Docentes Universitarios del Perú (FENDUP). Esta medida de fuerza suspendió todas las labores lectivas, impidiendo el ingreso incluso a profesores contratados que no pertenecen al sindicato, según reportaron estudiantes.
Los docentes buscan presionar al Gobierno central para cumplir compromisos que, según Roger Tahua, vocero del sindicato, están en diálogo desde 2023. Las demandas son claras: exigen la instalación de la comisión de negociación para el periodo 2025-2026, un mayor presupuesto para las universidades nacionales y un incremento en sus remuneraciones. El docente César Marañón precisó la preocupación por un posible recorte presupuestal a las universidades. «Nosotros no ganamos como los congresistas», señaló Marañón, evidenciando el malestar del gremio, que también pide un régimen de pensión digna y la defensa de la autonomía universitaria.
El impacto más severo de esta parálisis recae, inevitablemente, sobre los estudiantes. La comunidad universitaria se encuentra en un estado de confusión total. David Calizaya, miembro del Frente Estudiantil de la UNSA, expresó la preocupación generalizada: «Estamos ya cerca de un mes de culminar las clases y una huelga… hace que exista el peligro de perder el año académico«. Los alumnos, que finalizaban la segunda unidad del semestre, temen que se repita el escenario de 2023, cuando una huelga similar obligó a extender las clases hasta los primeros meses del año siguiente. Esta situación afecta especialmente a los estudiantes foráneos y a quienes combinan el estudio con el trabajo.
Mientras la huelga avanza, algunos servicios esenciales como el comedor universitario y los trámites administrativos siguen operativos, según informó Marañón. No obstante, las autoridades de la universidad no han emitido un comunicado oficial sobre la reprogramación del calendario académico. La celebración de los 197 años de la casa agustina queda así opacada por un conflicto que expone la fragilidad del sistema universitario público. La visión de ser un referente en América Latina, declarada en la sesión solemne, contrasta con la incapacidad de sus estudiantes para asistir a clases, atrapados en una disputa entre el gremio docente y el Ejecutivo.

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