Un grave choque frontal entre dos trenes en el kilómetro 98, sector Pampacahua, en el tramo Machu Picchu-Ollantaytambo dejó un fallecido y decenas de heridos. Pero detrás de las cifras oficiales emerge un relato de caos, negligencia y trato desigual hacia los viajeros. Una pasajera afectada narró a este medio la experiencia de desamparo y desorganización vivida durante horas.
La pasajera, quien viajaba en un tren de PeruRail desde Ollantaytambo, detalló que la colisión involucró a convoyes de PeruRail e IncaRail en un punto de cambio de vías. “Felipe Portocarrero, representante de Perú Rail, nos dijo que fue un ‘accidente’, pero la realidad es que ha sido una negligencia”. El sistema de comunicación dependería únicamente de radios entre las empresas, y que falló con consecuencias fatales, narra la afectada.
“Nos han tenido 5 horas con hambre, a punta de agua y una barrita de cereal”, relató, explicando que muchos pasajeros tenían planes y reservas de almuerzo en Aguas Calientes que perdieron. La evacuación también generó malestar: “Para poder llevar a los heridos hicieron bajar al vagón de los peruanos y a los turistas ni los tocaron”, indicando una presunta discriminación en la atención.
Contexto de una tragedia en Cusco
El accidente ocurrió cerca de la 1:20 p.m. en el kilómetro 98, sector Pampacahua. El maquinista fallecido fue identificado como Roberto Cárdenas, de Inca Rail. Más de 30 personas, entre nacionales y extranjeros, resultaron heridas y fueron trasladadas a centros médicos. La vía única, donde circulan trenes en ambos sentidos, queda bajo escrutinio.
Las empresas concesionarias movilizaron personal y vagones vacíos para evacuar a los afectados, mientras que el Gobierno Regional del Cusco activó protocolos de emergencia. Sin embargo, el testimonio de la pasajera pinta un panorama de descoordinación postaccidente. Ella también destacó la escasez de pasajes en la clase económica: “Es medio a la suerte si te toca pasaje en el de Peru… no hay chances de planificar nada”.
La distribución de comida fue irregular: solo a su vagón llegaron hamburguesas y snacks luego de quejas firmes, mientras otros quedaron desatendidos.
Al día siguiente, la desorganización continuó. “Vinimos a las 6 a.m. a la estación para que nos den la ‘prioridad’ de uso del tren», expresó, mencionando que su sobrino menor de edad sufrió un ataque de pánico ante la situación. Entre los afectados se encuentran turistas nacionales, y viajeros internacionales, cuyas itinerarios quedaron completamente estropeados.
El incidente no solo revela fallas técnicas en un corredor turístico vital, sino profundas grietas en la logística de respuesta, la comunicación interempresarial y la protección al usuario.

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