Maria Corina Machado fue a visitar a Donald Trump para entregarle su premio Nobel de la paz. Ello demuestra cuan prostituido ha quedado tanto ella como dicho galardón. Se supone que esta distinción es personal e intransferible. No obstante, Machado y Trump tratan al Nobel como un mero intercambio comercial. Aunque el presidente de EEUU luzca el medallón de metal todos sabrán que él no fue quien lo recibió.
Por más que Trump constantemente lo pedía a cada momento, el comité del Nobel en Noruega no se lo otorgó. Y difícilmente pudiese hacerlo a alguien que antes de cumplir su primer año de su actual cuatrienio presidencial ha bombardeado Siria, Somalia, Nigeria, Irán, Irak, Yemen, aguas internacionales del Caribe y el Atlántico, y Venezuela (donde raptó a su presidente constitucional). Además, fue a Israel a reivindicar haberles proporcionado las armas más letales para destruir Gaza (a la cual buscó despoblar de todos sus dos millones de habitantes, aunque hoy busca gobernar directamente). Ahora amenaza con acciones militares contra Colombia, México y Cuba (sugiriendo que su Secretario de estado Marco Rubio sea su próximo presidente). Y anexarse Groenlandia, aunque poco después de llegar a La Casa Blanca sostuvo que ansiaba recuperar el canal de Panamá.
Todos los premios Nobel que se han otorgado a latinoamericanos han sido entregados a quienes han parado conflictos externos (como el argentino Carlos Saavedra Lamas quien en 1936 detuvo la guerra del Chaco boliviano—paraguaya) o internos (como Óscar Arias Sánchez, el costarricense quien en 1987 ayudó a poner fin a los conflictos armados en Nicaragua, El Salvador y Guatemala), así como a personalidades distinguidas por su defensa de los derechos humanos (el argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien en 1980 personificaba la lucha no violenta de los derechos humanos frente a las dictaduras militares en América Latina) y Rigoberta Menchú (quien en 1992, trabajaba por la defensa de los pueblos indígenas y la reconciliación nacional tras la guerra civil guatemalteca.).
Machado, en cambio, lejos de ser una abanderada de la paz interna o de los derechos humanos, ha sido promotora de bandas violentas, golpes e intervenciones militares externas contra su país. Tras que en el primer periodo de Trump le pidió a EEUU para que invada Venezuela y apoyo la requisición de empresas y fondos estatales en el extranjero, ahora apuntala la intervención militar norteamericana y el secuestro del mandatario constitucional. Jamás ha defendido a las decenas de manifestantes peruanos asesinados por Dina Boluarte ni a los 70,000 muertos en Gaza. Más bien, el partido de Machado (Vente) es socio del de benjamín Netanyahu (Likud), a quien apoya y llama a que Caracas mueva su embajada a Jerusalén, con lo cual se imposibilita cualquier Estado palestino.
En la ceremonia de premiaciones en Oslo, así como en muchas otras ocasiones, los seguidores de Machado reclaman que ellos ganaron las elecciones venezolanas con el 70%. Sin embargo, expropió Trump sostuvo que no estaba interesado en traspasarle el poder a ella debido a su poca influencia en su propio país. Con ello, el mismo desmentía dicha pretensión.
Trump no está interesado en traer democracia a Venezuela, Groenlandia, palestina o Irán. Sus cálculos son esencialmente geopolíticos y bajo el interés de capturar recursos naturales. Tampoco quiere combatir los narcos. . Poco antes de capturar a Maduro, Trump excarceló a Juan Orlando Hernández, el único expresidente latinoamericano trasladado y juzgado en EEUU. Fue por contrabandear 400 toneladas de drogas, mientras hizo todo lo posible para lograr que su Partido Nacional vuelva al poder en Honduras. Apenas Maduro resultó apresado tuvieron que reconocer que no existe el mentado “cartel de los soles”.
El mote de “narco-terrorismo” cae por su propio peso. No hay pruebas que indiquen que el presidente venezolano transporte droga y menos aún que promueve actos de terrorismo internacional. Por quien antes Washington ofrecía una recompensa por ser líder de Al Qaeda y del estado Islámico de Irak y Siria, Al-Julani, recientemente, Trump lo recibió en La Casa Blanca. Y habló muy bien de él.
Machado le ofrece entregar toda la economía y las empresas estatales a las transnacionales norteamericanas. Trump quiere utilizar a Machado como una forma de presión o una carta bajo la manga. Su objetivo actual es chantajear a Venezuela colocando la cuarta parte de su flota naval en sus costas para intentar monopolizar su petróleo. Algo que tanto necesita para reactivar su propia economía.

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