Por: Jaime Antezana Rivera
Ocurrió en la primera ronda del debate presidencial, realizada el pasado lunes 23 de marzo, ha -sin temor a equívocos- remecido la recta final de la primera vuelta de campaña electoral. Dicho remezón del catarro electoral, sin embargo, pese a la querella por difamación que le interpuso el capitoste de APP, las amenazas de muerte que ha recibido y el seguimiento policial que es víctima, ha sido omitido o subvalorado por la mayor parte de analistas y medios de comunicación. La excepción han sido los podcasts (v.g. Brutalidad Política)
¿Cuales son las razones por la que su intervención en el debate ha remecido en los electores que sufragará el próximo 12 de abril? Esas están en sus afirmaciones en la cara del patrón de APP: «Señor Acuña, usted lidera una organización criminal que se llama Alianza para el Progreso y tiene esa formación desde tempranamente vincularse a los narcotraficantes, los Sánchez Paredes, de los cuales usted es acusado de testaferro y a partir de ahí utilizar la universidad como lavandería».
Y, sin ninguna pausa, prosiguió con otra afirmación: «Usted actualmente ejerce la extorsión con sus estudiantes (de la universidad César Vallejo), a quienes obliga a ir a sus mítines, con sus trabajadores bajo amenazas de ser despedidos si es que no concurren a sus mítines», indicó mirándole la cara pelada al patrón de uno de los carteles de narco-universidades.
Esas afirmaciones fueron un acto de ruptura, en la línea del vigente discurso de Manuel González Prada (1888), con el «pacto infame y tácito de hablar a media voz» de la mayoría de sectores sociales del país sobre un asunto crucial: cómo el narcotrafico ha logrado tener representación política propia en APP (hay que agregar, también en otros partidos) y que, desde el año 2011, buscó tener una bancada multipartidaria mayoritaria y ganar la presidencia vía las elecciones generales.
Asimismo, sin tapujos ni ambigüedades, dió cuenta como el narcotráfico o, simplemente, el tráfico de de pasta y cocaína, en su caso como «testaferro» de la familia Sánchez Paredes, ha creado universidades como lavandería de las drogas. A esas corporaciones de universidades, las llamamos narco-universidades.
Obviamente, el narcotráfico no es un industria criminal que se constriñe a la producción y tráfico ilícito de drogas. Jamás ha sido una economía criminal que se presenta en puridad. No sólo ha tenido y tiene una enorme capacidad corruptora de políticos, gobiernos, fiscales, jueces y policías, sino que -a inicios de este siglo- al llegar a los gobiernos subnacionales (municipalidades distritales y provinciales y gobiernos regionales) ha exacerbado la corrupción estructural. El narcoestado fujimontesinista, un tipo de narcoestado, de 1990-2000 es un ejemplo de lo señalado. También se asocia con la extorsión, el oro ilegal y la trata de personas.
Ahí no quedó todo. Las afirmaciones de Olivera fueron también un acto y proceso de liberación de la subjetividad de millones de peruanos: es algo que era vox populi atrapado y reprimido por múltiples miedo y que, a través de Fernando Olivera, ha sido defogado y liberado. El ha sido el heraldo de millones de peruanos. En ese sentido, al mencionar que APP está vinculado al narcotrafico en la cara del patrón del mal, Olivera ha movido y/o removido fibras muy sensibles del ser nacional. Por eso, ratificamos lo antes mencionado, ha remecido de tal manera la campaña electoral.
Por otro lado, en su intervención contra Wolfgang Grozo, le va a enjuiciar frontalmente aspectos relacionados al comportamiento del mencionado candidato y vincular su ex labor en la FAP con problemas sensibles que caracterizan al país. Trascribimos textualmente lo que le dijo:;»Usted es un experto en mentir. Mintió sobre Villaverde, un asaltante armado con el que usted se ha reunido. Y dijo ‘nunca’. Siete veces se ha reunido. Y, además, para buscar contactos que le nombren en el gobierno de Pedro Castillo, reuniéndose con Bruno Pacheco, el de los 20 mil dólares en el wáter. Que cara, señor».
Siguiendo su breve alocución, prosiguió: «Yo quisiera que usted, que dice que es de inteligencia pero después no sabe nada, me diga durante su gestión, ¿cuántas avionetas del narcotrafico fueron derribadas? ¿O es que usted es el candidato del narcotrafico, que ha hecho del Estado peruano un narco-estado?». Aquí, Olivera acabó de pulverizar a Wolfgang Grozo y las mentiras sobre sus vínculos con Zamir Villaverde. Además, desenmascarar su actitud oportunista de apuntar a tener cargos en el gobierno de Pedro Castillo.
Pero es en cuestionamiento a su función como general en la Dirección de Inteligencia de la FAP, en la que le increpa sobre cuántas narcoavionetas del narcotráfico ha derribado. Al respecto, tenemos que fortalecer ese cuestionamiento: la FAP ha sido -y sigue siendo- responsable de la interdicción aérea de las narcoavionetas y la desarticulación del puente aéreo Perú-Bolivia- Paraguay. ¿Cuál es el balance? No hay interdicción aérea de las narcoavionetas en nuestro espacio aéreo. Las narcoavionetas son halladas en las pistas de aterrizaje o cerca de estás por desperfecto técnico o despiste.
El exdirector de Inteligencia de la FAP Wolfgang Grozo no puede, pues, hacerse el sorprendido o que no tenía nada que hacer en la lucha contra el narcotrafico. A partir de ese cuestionamiento, Olivera llega a realizar una afirmación que es casi una herejía para el pacto infame y tácito de hablar a media voz: el narcotrafico ha «hecho del Estado peruano un narco-estado». Esa conclusión, ¡qué duda cabe!, es la que, junto a la endilgación de «testaferro» de la familia Sánchez Paredes a Acuña, la que remató el acto y proceso de liberación de la subjetividad de millones de peruanos.
Así, al visibilizar al narcotrafico de su entronque con las demás economias del crimen organizado (corrupción, extorsión, minería ilegal del oro, trata de personas, etc) en la economía y política, Olivera ha ido más allá de la narrativa del pacto mafioso, de la impunidad o de la corrupcion que es asumido por los candidatos contra la coalición narcocriminal que se ha apoderado del país y, en efecto, lo ha convertido en un narco-estado.
Es más, ha trazado una demarcatoria con el principal enemigo del pacto mafioso: el narcotráfico y el narcoestado o, como también, con la tipificación de Estado narco-mafioso, caracterización que integra el complejo abanico de modalidades del crimen organizado más articulado y sofisticado que ha producido los más de 200 años de República.
En suma, ese abordaje que deja atrás las miradas hipócritas, evasivas y ambiguas han convertido a Popy Olivera en el insider disruptivo contra la narco-mafia política en el país. Sin duda, eso lo ha convertido en un fenómeno electoral y puede irrumpir las estadísticas de las encuestas.
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