Entre el fraudismo y el pacto, la situación de nuestro país no deja de empeorar. Pero en medio de toda la crisis, no faltan los carroñeros ansiosos por roer hasta el último hueso. Nuestros venerables congresistas ya afilan sus cuchillos para quitar de Palacio de Gobierno al presidente José María Balcázar. La excusa para esta movida es la crisis alrededor de los aviones estadounidenses, que la mañana del miércoles provocó que las renuncias de los entonces ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores. Los salientes Hugo de Zela y Carlos Díaz salieron criticando al mandatario y acusándolo de mentir sobre su decisión de no firmar el acuerdo con los Estados Unidos.
Ni cortos ni perezosos, los otorongos de las bancadas que no consiguieron pasar la valla o reelegirse en estas elecciones comenzaron a hablar de censura en contra de Balcázar. El acciopopulista Ilich López comenzó a mover la moción de censura en contra del octogenario que ocupa palacio. Mientras que el almirante de pileta, Jorge Montoya, no descartó que vayan a sacar al tío.
Todo esto mientras aumentan los rumores de más renuncias de ministros. Con la salida de Balcázar, las bancadas que van de salida buscarían reemplazarlo y repartirse los ministerios con más presupuesto para asegurar sus faenones y llenar sus reservas para el tiempo de vacas flacas que les espera hasta el 2031. Todo esto con la excusa de la gobernabilidad y la democracia.
Compararlos con buitres ya es quedarse corto.
Transparencia exige al JNE y ONPE concluir conteo de votos para no entorpecer aún más el proceso electoral
La Asociación Civil Transparencia, en su papel de conciencia electoral del país, salió al quite con un comunicado casi de urgencia: pidió al JNE y a la ONPE (ahora con nuevas autoridades, porque Piero Corvetto dijo ‘chau, no me funen más’) que el proceso siga su curso legal y transparente, ya que cambiar las reglas a medio partido sería como intentar modificar las reglas del Monopolio cuando alguien ya está por ganar.
La entidad exige que terminen de contar los votos de aquel caótico 12 de abril, donde más de 50 mil peruanos votaron con más paciencia que deportista olímpico, y que respeten el cronograma para la segunda vuelta, porque cualquier desviación, según advierten, pone en riesgo la “legitimidad” del proceso. Mientras tanto,
Bernardo Pachas, el nuevo jefe interino que subió de escalón como quien hereda un rompecabezas incompleto, promete tomar medidas correctivas para que la segunda vuelta no sea otro capítulo de “Elecciones: la saga del desorden”.
Crisis en Perú se agrava: crecen pedidos para censurar al presidente y anular las elecciones
El país está en modo experimento. En cuestión de horas, la “institucionalidad” pasó a ser un concepto etéreo: primero, la renuncia exprés del jefe de la ONPE —aunque el cargo era irrenunciable— y ahora el JNE evaluando si anula las elecciones parciales o, mejor aún, anularlas por completo y que el presidente se queda un añito más para “arreglar” el desastre.
Aunque el jefe interino de la ONPE asegura que la segunda vuelta sigue firme… pese a que falten actas por contar, haya decenas de impugnaciones y medio país esté dudando del proceso.
En el Ejecutivo, la cosa tampoco pinta mejor. La renuncia de dos ministros de Balcázar, tras el intento de frenar la compra de los famosos aviones de caza que Estados Unidos llama “inversión”, añade más leña al fuego. El MEF ya desembolsó el primer pago, contradiciendo lo dicho por el presidente horas antes en un mensaje a la Nación. Para muchos, esto representa un golpe de Estado directo.
Y como en toda crisis peruana que se respeta, el Congreso es el real protagonista. Fernando Rospigliosi ya había adelantado que el pago por los aviones se haría sí o sí, sin importar lo que dijera el presidente. Y así fue. Además, anunció que impulsará una moción de censura en su contra, porque cuando hay caos, siempre se puede agregar un poco más.
Por su lado, Jorge Montoya presentó una iniciativa para “reestructurar” todo el sistema electoral antes de la segunda vuelta, aunque sea con medidas “temporales”. Temporales, claro… como tantas cosas en la política peruana que duran años. Ciudadno, que el malestar crece, especialmente entre los jóvenes. ¿Ahora quién podrá ayudarnos?