El país está en modo experimento. En cuestión de horas, la “institucionalidad” pasó a ser un concepto etéreo: primero, la renuncia exprés del jefe de la ONPE, aunque el cargo era irrenunciable, y ahora el JNE evaluando si anula las elecciones parciales o, mejor aún, anularlas por completo y que el presidente se queda un añito más para “arreglar” el desastre.
Aunque el jefe interino de la ONPE asegura que la segunda vuelta sigue firme… pese a que falten actas por contar, haya decenas de impugnaciones y medio país esté dudando del proceso.
En el Ejecutivo, la cosa tampoco pinta mejor. La renuncia de dos ministros de Balcázar, tras el intento de frenar la compra de los famosos aviones de caza que Estados Unidos llama “inversión”, añade más leña al fuego. El MEF ya desembolsó el primer pago, contradiciendo lo dicho por el presidente horas antes en un mensaje a la Nación. Para muchos, esto representa un golpe de Estado directo.
Y como en toda crisis peruana que se respeta, el Congreso es el real protagonista. Fernando Rospigliosi ya había adelantado que el pago por los aviones se haría sí o sí, sin importar lo que dijera el presidente. Y así fue. Además, anunció que impulsará una moción de censura en su contra, porque cuando hay caos, siempre se puede agregar un poco más.
Por su lado, Jorge Montoya presentó una iniciativa para “reestructurar” todo el sistema electoral antes de la segunda vuelta, aunque sea con medidas “temporales”. Temporales, claro… como tantas cosas en la política peruana que duran años. Ciudadno, que el malestar crece, especialmente entre los jóvenes. ¿Ahora quién podrá ayudarnos?

Si valoras nuestro contenido, hazte miembro de la #BúhoComunidad. Así podremos seguir haciendo periodismo.