Durante su homilía dominical, el arzobispo de Lima, Carlos Castillo, dedicó duras palabras al accionar de las Fuerzas Armadas por lo sucedido en Colcabamba. Empatizando con el dolor de los familiares, Castillo cuestionó que no se haya verificado adecuadamente la situación antes de intervenir. Señaló que decisiones tomadas desde el prejuicio pueden tener consecuencias irreparables. “En vez de verificar, hicieron un prejuicio”, expresó, en referencia a la actuación de los militares.
El arzobispo también advirtió sobre el peligro de normalizar este tipo de intervenciones sin control, subrayando que el deber de las fuerzas del orden es proteger la vida, no ponerla en riesgo por suposiciones.
Mientras tanto, las familias de las víctimas, junto a las comunidades, insisten en que los fallecidos eran inocentes, piden justicia entre lágrimas y que no se cierre el caso sin responsabilidades claras.
Entre testimonios que se contradicen, evidencias cuestionadas y una presión social creciente, Colcabamba se ha convertido en un símbolo de una herida abierta que aún exige respuestas.

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