Columnas>la Silla Prestada Archives - El Buho http://localhost:8000/elbuho/seccion/columnas/columnasla-silla-prestada/ Thu, 06 Dec 2018 00:00:00 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.0.2 http://localhost:8000/elbuho/wp-content/uploads/2022/10/favicon.png Columnas>la Silla Prestada Archives - El Buho http://localhost:8000/elbuho/seccion/columnas/columnasla-silla-prestada/ 32 32 Zúñiga y Rivera: cruce de caminos para dos libros http://localhost:8000/elbuho/2018/12/06/zuniga-y-rivera-cruce-de-caminos-para-dos-libros/ http://localhost:8000/elbuho/2018/12/06/zuniga-y-rivera-cruce-de-caminos-para-dos-libros/#respond Thu, 06 Dec 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=22869 Repaso la pila de libros que se ha formado en una esquina dela mesa de trabajo, donde han ido a dar ejemplares con anotaciones y comentarios al margen, tanto para la relectura como para el comentario, otros volúmenes de permanente consulta y otro tanto de publicaciones que han tenido que quedarse ahí mientras en los […]

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Repaso la pila de libros que se ha formado en una esquina dela mesa de trabajo, donde han ido a dar ejemplares con anotaciones y comentarios al margen, tanto para la relectura como para el comentario, otros volúmenes de permanente consulta y otro tanto de publicaciones que han tenido que quedarse ahí mientras en los estantes se les busca el espacio adecuado, yme encuentro, grato rencuentro, con dos libros, y ha sido como volver a ver alos amigos: Martín Zúñiga y Javier Rivera tienen en común la emoción de lapoesía y el paso incansable por las calles de ciudad blanca.

“No siga ese pájaro” (Paracaídas editores, 2017) de Martín Zúñiga y “Objets in mirror are closer than they appear” (Aletheya editores, 2018) de Javier Rivera, son dos colecciones de poesía que parecieran haber salido de la vorágine de la ciudad, de sus calles alborotadas e intransitables, de sus centros comerciales de plástico bulliciosos y banales, de sus plazas tomadas por el desempleo y la delincuencia, del griterío y la bulla, la velocidad y el contrasentido. No son, sin embargo, estos poemas nuevos gritos, sino reclamos, rebeliones, mano alzada contracorriente y urgente necesidad de levantar la voz como una bandera sincera en medio de la multitud.

Zúñiga (Cusco, 1982) dice por ejemplo en su poema “Brother (cruda)”: “Un hombre donde comienza el mundo./ Un hombre hueco y su oficina opaca./ Las calles filtrándosele con sus autómatas charcos./ Las calles del tres al cuarto, socarras, sórdidas, azufres./ Un hombre que a los 12 años descubrió el miedo…” Mientras que Rivera (Arequipa, 1978) pareciera añadir en su poema “Los hartos hechos”: “Y les dijimos a las diosas que sus hijos no existen./ Y les dijimos a las madres que sus hijos no existen./ Y les dijimos a las mujeres que dejaran de cantar.// Y creamos una civilización completa de cardenales, vidrio y metal.”

Se advierte cómo dos jóvenes poetas que comparten no solo el tiempo sino la calle, la ciudad, el mundo que los rodea, las cuatro paredes que los albergan, tienen una mirada tan pesimista del presente y su futuro inmediato. ¿Deberíamos preguntarnos si este es el sentimiento, o la percepción de los tiempos que nos han tocado vivir, por parte de las nuevas generaciones? ¿Es la violencia, el vacío intelectual, los objetos de fantasía, lo que nos gobierna? ¿Qué hay en las aulas universitarias, en las escuelas, los parques y las fiestas que convierten a los jóvenes en un objeto más de este atolondrado mundo?

Si bien hay motivaciones distintas en los libros de Martín y Javier, en el primero es la búsqueda de una identidad, de una actitud madura de saber elegir un camino, una ruta personal, en el segundo hay un reclamo de por medio, no sabemos si hacia algún dios o la humanidad en sí, por la absurda pérdida de una vida joven en medio del caos. Los dos poetas por caminos distintos, se encuentran de tope en una esquina que los cuestiona: “Te enseñé los pequeños secretos del mar, de las costas de la mar: entregar el corazón es recibir y es verdad. No importa dónde vayas, todo está conectado. Todo es sangre.” Dice Martín en un intenso poema sobre el conocerse a sí mismo. En la otra esquina Javier reclama: “Se puede blandir un fluorescente y gritar contra la muerte, reclamar que estamos vivos, que no nos dejen, que por lo menos, no nos olviden.”

No veo, sin embargo, un discurrir paralelo entre estos dos libros, cada uno defendiendo su calidad literaria, sino un encuentro, un cruce de líneas, secantes, que de pronto tienen un inevitable punto en común. Cuando Ernesto Sábato, el maestro argentino de la intimidad y la insensatez, manifestaba su pesimismo sobre el futuro del ser humano, dejaba en los jóvenes la responsabilidad de salvar esa humanidad; este cruce de caminos que me encuentro en el llano de mi mesa de trabajo, me devuelve la esperanza, le da la razón al autor de El Túnel: la poesía nos acerca a la realidad, nos devuelve a ella, nos cuestiona y nos da las coordenadas de la salida.

Si bien los libros de Martín Zúñiga y Javier Rivera van cargados de una emoción íntima, que refleja su experiencia respecto a casos y situaciones muy personales, no dejan de abrir sus discusiones y plantear sus controversias respecto a un espacio mayor que la ciudad: el país. Zúñiga dice en “País abierto”: “mi país es tan pequeño que si me levanto/ por el lado izquierdo de la cama/ ya soy un extranjero…” y Rivera es más dramático: “Afuera, en el Perú, siguen esperando a los bomberos, a los helicópteros (…) pero nada de eso existe para el Perú de los pobres”.

La poesía arequipeña se renueva desde sus propias pesadillas, de sus dolores, de sus partidas, de sus jóvenes envueltos en caos e ignorancia, que bailan en los mismos salones que aquellos que aún nos dan esperanza, que saben que traer un pan a casa es más urgente que aprenderse las fórmulas de la ingeniería. Pero ahí están, reflejados en los atormentados pero esperanzadores versos de poetas como Martín y Javier y muchos otros que riegan de letras las adoquinadas calles de esta ciudad ya no tan blanca.

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Ingeniería de tejidos dentales, ciencia ficción en odontología http://localhost:8000/elbuho/2018/11/17/ingenieria-de-tejidos-dentales-ciencia-ficcion-en-odontologia/ http://localhost:8000/elbuho/2018/11/17/ingenieria-de-tejidos-dentales-ciencia-ficcion-en-odontologia/#respond Sat, 17 Nov 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=22728 Cierto es que la tecnología ha alcanzado niveles de desarrollo en casi todas las áreas del conocimiento humano y ayuda en gran medida a resolver problemas tan complejos que hace solo unos años eran difíciles de superar. La ciencia médica es una de esas áreas del conocimiento que se ha beneficiado con las nuevas tecnologías, […]

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Cierto es que la tecnología ha alcanzado niveles de desarrollo en casi todas las áreas del conocimiento humano y ayuda en gran medida a resolver problemas tan complejos que hace solo unos años eran difíciles de superar. La ciencia médica es una de esas áreas del conocimiento que se ha beneficiado con las nuevas tecnologías, y nos sorprendemos ahora con un nuevo adelanto, que se refiere al uso de regeneración de tejidos dentales como encías, hueso, relleno facial, usando la propia sangre del paciente para su tratamiento.

El profesor Freddy Dávila, odontólogo, especialista y master en ortodoncia, post graduado en implantes dentales, cirugía de encías, armonización orofacial, entre otras técnicas, ha estudiado y se ha especializado en Brasil, donde radica hace ya  25 año, y esta semana está invitado en Arequipa, su ciudad natal, aplicando, enseñando y difundiendo uno de esos avances tecnológicos que ha beneficiado a miles de pacientes con problemas de regeneración ósea o a quienes se les haya aplicado cirugías odontológicas, que necesitan de mayor tamaño de estructura ósea dental para colocación de implantes con la  finalidad de restaurar la función masticatoria, utilizando centrifugados de la propria sangre del paciente, teniendo como benéfico cirugías menos traumáticas, reducción de costos operacionales, de materiales artificiales y reducción de tiempos de recuperación, con menos uso de bioquímicos externos en el organismo.

Dávila, explica que el sistema es relativamente simple, pero parece salido de una película de ciencia ficción, pues se trata de un proceso en el que se usa sangre venosa del mismo paciente y luego pasa por una acción de centrifugado para obtener un producto final (PRF) plasma rico en fibrinas, funciona como una estructura biodegradable que favorece el desarrollo de una microvascularización y tiene la capacidad de guiar la migración de células epiteliales hacia su superficie. En otras palabras, ayuda a regenerar los tejidos con mayor velocidad y así lograr restituir tejidos afectados o lograr rápidas cicatrizaciones.

El profesional arequipeño reconoce que los procesos de investigación y pruebas no han sido fáciles, como cualquier adelanto científico, pero Brasil ha logrado alcanzar estos niveles gracias al aporte de universidades, centros de investigación,  empresas y práctica privada, lo que debería ser imitado en países como el nuestro, donde los procesos de tratamiento de salud que afecta a miles de personas requieren de actualización, mejora de calidad y abaratamiento de los tratamientos.

Lo que se denomina “ingeniería de los tejidos dentales” es una propuesta que debe ser más difundida, y es también una de las razones por las que la estancia de Dávila en Arequipa es interesante, pues se viene reuniendo con diversos profesionales del área para intercambiar no solo información sino también demostrar los beneficios de estos avances científicos y enseñar a los profesionales arequipeños cómo acceder a esta tecnología. Dávila también visitará otras ciudades, para difundir las nuevas tendencias de tratamiento.

Dávila ha explicado que los beneficios en los pacientes también se extiende a otras áreas como ortodoncia, implantes, la cirugía estética de encías, armonización orofacial, ya que se habla asimismo de las variaciones de protocolos de  centrifugación y obtención de concentrados de fibrina que puede ser usado para relleno de los defectos del tejido orofacial (en estética facial) disminuyendo exitosamente lo que se conoce como “bigote chino”, las arrugas de marioneta y los efectos del paso del tiempo en el rostro, devolviendo a las personas una faz de juventud y belleza.

El odontólogo arequipeño viene disertando también sobre los nuevos tiempos de una odontología digital donde progresivamente se va sustituyendo los modelos de yeso y registros manuales por registros digitales para la producción y reproducción de incrustaciones o restauraciones dentales, mostrando así la consolidación de los adelantos tecnológicos a favor de la salud de miles de pacientes.

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Mantener viva nuestra memoria colectiva http://localhost:8000/elbuho/2018/10/21/mantener-viva-nuestra-memoria-colectiva/ http://localhost:8000/elbuho/2018/10/21/mantener-viva-nuestra-memoria-colectiva/#respond Sun, 21 Oct 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=22430 Desde hace unas semanas circula en los ambientes culturales de nuestra ciudad un interesante libro, “La memoria y la vida, discursos” (Quimera editores, 2018), que contiene textos de 44 autores sobre diversos temas, la mayoría de ellos, como anuncia el título, son discursos pronunciados en diferentes actos públicos. Los artículos, ponencias o presentaciones, han sido […]

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Desde hace unas semanas circula en los ambientes culturales de nuestra ciudad un interesante libro, “La memoria y la vida, discursos” (Quimera editores, 2018), que contiene textos de 44 autores sobre diversos temas, la mayoría de ellos, como anuncia el título, son discursos pronunciados en diferentes actos públicos. Los artículos, ponencias o presentaciones, han sido recopilados por el periodista y editor Carlos Rivera, quien de esta manera concreta un importante aporte a la cultura regional: la conservación de la memoria a través de la literatura.

Se ha comprobado, y se insiste aunque algunos persisten en hacer exactamente lo contrario, que mantener viva la memoria de una sociedad evitará no solo que se repitan errores del pasado sino que los miembros de esa sociedad maduren, analicen mejor su realidad y planteen acciones destinadas a superar las consecuencias de aquellos errores cometidos. Las sociedades que han intentado borrar o eliminar vestigios de su memoria son las que a la postre han generado situaciones de extrema violencia, cometido actos dramáticos en contra de otras sociedades o llevado la condición humana a situaciones extremas muy negativas.

Pensadores de una y otra ideología, corriente filosófica o planteamiento político, coinciden en que si una sociedad construye mecanismos que permitan a sus ciudadanos acceder a la memoria de manera coherente, oportuna e inteligente, se podrá garantizar una convivencia pacífica, respetuosa de las diferencias e inclusiva, y solo así construir una sociedad que en el futuro demuestre haber superado aquellas condiciones que generaron violencia o decadencia social.

Esto que pareciera una enredada perorata filosófica, es una de las claves para entender la situación social actual, capitalizar la fortaleza de la sociedad si se dejan de lado las amenazas internas, producto de acciones y decisiones apresuradas y negligentes, y se asume la perspectiva de una sociedad en constante evolución y no expuesta a volver a resolver problemas que debieron superarse en su momento.

La situación de violencia social, inseguridad ciudadana y corrupción institucionalizada que vive nuestro país, por ejemplo, debería explicarse repasando la experiencia de los últimos veinte o treinta años, que es el lapso en que una generación asume las riendas de gobierno de su comunicad o sociedad. La solución que los problemas que nos afectan como sociedad no se resolverán, por ejemplo, con cámaras de seguridad, leyes drásticas o sanciones ejemplares, sino superando aquellos problemas sociales que generaron la violencia e inseguridad de hace una o dos generaciones, como la pobreza extrema, la mala calidad de la educación, el difícil acceso a la justicia.

I

El libro de Carlos Rivera logra reunir una serie de textos en los que se analizan estos temas desde diversos ángulos y perspectivas profesionales. La diversidad que se manifiesta en este volumen de más de 400 páginas es uno de los principales aciertos de la compilación, pues encontramos el análisis de historiadores tan influyentes y experimentados como Juan Guillermo Carpio Muñoz y Eusebio Quiroz Paz Soldán, así como de jóvenes e inteligentes como Helard Fuentes Pastor, por citar solo un ejemplo. La lista de autores que Rivera ha considerado para este primer volumen de discursos no solo es amplia, sino, como hemos anotado, diversa, y cada uno es más famoso, influyente o importante que el otro.

Con el riesgo de afectar sensibilidades, vale la pena mencionar nombres tan interesantes y respetados como Patricia Salas O´brien, Juan Carlos Valdivia Cano, Teresa Arrieta, Tito Cáceres o José Gabriel Valdivia. Es interesante la lista de periodistas participantes, en la que destacan Mabel Cáceres, Federico Rosado o Luis Eduardo Podestá. El libro está dividido en cinco apartados: discursos institucionales, de homenajes, culturales, de debate y sobre periodismo, lo que permite tener un amplio panorama de la actualidad cultural, social y política de una Arequipa contemporánea que pareciera haber dejado atrás, o por lo menos dormida, su tradición cuestionadora, argumentativa y propositiva.

Entre otros nombres que es oportuno destacar en este importante libro, es bueno anotar el de la escritora y músico Zoila Vega Salvatierra, Jorge Monteza, Willard Díaz, Jaime Coaguila Valdivia, José Luis Vargas Gutiérrez, Héctor Ballón Lozada, Oswaldo Chanove, Enrique Soto León Velarde, Juan Alberto Osorio; todos ellos no solo destacados profesionales en sus respectivas áreas profesionales y especialidades, sino también agudos críticos y analistas de la realidad local y nacional. Es bueno también destacar los textos de homenaje a personajes como Mario Vargas Llosa y José Ruiz Rosas, los análisis sobre el papel de la historia o el periodismo para comprender la realidad actual, o el agudo texto de Jaime Coaguila sobre el rol de la administración de justicia en la sociedad.

Interesante libro el de Carlos Rivera, que le da a Arequipa una interesante oportunidad para analizar su presente a la luz de su experiencia y en voz de sus principales intelectuales, pero sobre todo nos da la oportunidad, como sociedad, de mantener viva una memoria que, dejando de lado enconos o enfrentamientos, nos debe conducir a una madurez intelectual que solo con el libro se puede mantener. Muy recomendable lectura para maestros universitarios, políticos y estudiantes preocupados en su realidad.

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Elecciones de octubre: a barrer la casa http://localhost:8000/elbuho/2018/10/01/elecciones-de-octubre-a-barrer-la-casa/ http://localhost:8000/elbuho/2018/10/01/elecciones-de-octubre-a-barrer-la-casa/#respond Mon, 01 Oct 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=22230 Las elecciones regionales y municipales del domingo 7 de octubre son una gran oportunidad para que la población peruana de, por fin, una gran lección contra la corrupción. Sin que se trate de una consigna, sino más bien de una alternativa con muchos mensajes, la actitud de la ciudadanía debería ser la de no votar […]

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Las elecciones regionales y municipales del domingo 7 de octubre son una gran oportunidad para que la población peruana de, por fin, una gran lección contra la corrupción. Sin que se trate de una consigna, sino más bien de una alternativa con muchos mensajes, la actitud de la ciudadanía debería ser la de no votar por ningún candidato que ya haya ejercido una función pública producto del voto popular.

Tampoco es una postura contra la relección, que finalmente puede ser un acto democrático positivo, sino que ahora el país tiene la gran oportunidad de decirle a todos quienes ya ejercieron de alcaldes, gobernadores regionales, regidores, consejeros o congresistas, que tuvieron su oportunidad, que ahora queremos la casa limpia para renovar no solo de autoridad, sino de espíritu, de identidad comunitaria que le dice no al continuismo y la corrupción.

Valga la comparación. Cuando limpiamos la casa no faltan los objetos que aparecen en rendijas o cajones que hace tiempo no revisamos y decimos, con un aire de nostalgia prematura, que “esos zapatos aún sirven”, o “esa cajita la necesitaré en cualquier momento”, y volvemos a guardar aquello que habíamos dado por perdido o inservible hace tiempo. Pero llega un momento en que hay que sacrificar esos objetos, aunque nos “duela”, porque es mejor tener la casa totalmente limpia y, como si iniciáramos una nueva etapa en nuestra vida, nos decidimos a renovarlo todo.

De la misma manera, hay que ver a la ciudad como nuestra casa, y las elecciones como la gran oportunidad de limpiarla, de deshacernos de todo aquello que ya no nos sirve, o que ya cumplió su función, y renovarla. Una actitud de este tipo significará que frente a los dramáticos acontecimientos de corrupción institucionalizada la población puede poner un freno a la presencia de aquellos que ven en los cargos públicos una fuente de enriquecimiento, un alto a quienes creen que el servicio público es un negocio, un fin a quienes consideran que el engaño y la traición son los nuevos valores ciudadanos.

Mucha gente cree en aquellos viejos decires que limitan nuestra actividad crítica. Quienes piensan que más vale lo viejo conocido que lo nuevo por conocer, o qué va a hacer si no tiene experiencia, están al mismo nivel de quienes dicen no importa que robe pero que haga obra; pero cuando se trata de cortar por lo sano, antes de que la enfermedad nos ponga al límite de la vida, es mejor una buena incisión dolorosa, y a recuperarnos.

Hecha está la propuesta: limpiar la casa, barrer todos los rincones, botar a conciencia todo lo que ya cumplió con su función y objetivo, hay que baldear la entrada y desinfectar los baños. No contratemos a aquel empleado que no hizo lo que le correspondió cuando tuvo la oportunidad, nosotros pagamos a quienes deben mantener nuestra ciudad libre y limpia. Es, pues, nuestra oportunidad.

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La honestidad no es noticia http://localhost:8000/elbuho/2018/08/27/la-honestidad-no-es-noticia/ http://localhost:8000/elbuho/2018/08/27/la-honestidad-no-es-noticia/#respond Mon, 27 Aug 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=21951 Hace unos días un canal de televisión de Lima propaló la noticia de una trabajadora de limpieza pública que había encontrado y devuelto una bolsa con dinero. No era poca cantidad y de seguro podría haber resuelto los problemas económicos más urgentes de esta mujer que prefirió no hacerse de un dinero que no le […]

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Hace unos días un canal de televisión de Lima propaló la noticia de una trabajadora de limpieza pública que había encontrado y devuelto una bolsa con dinero. No era poca cantidad y de seguro podría haber resuelto los problemas económicos más urgentes de esta mujer que prefirió no hacerse de un dinero que no le pertenecía. Asumió la honestidad antes de ampararse en el vago concepto de la suerte para actuar como dictaba su consciencia, o su cultura.

La nota, por demás interesante porque indagó un poco en la condición familiar de la mujer y en el concepto que su menor hijo tenía de su madre, dejó un grato sabor a esperanza y respeto. Los conductores del programa coincidieron que noticias como esta debieran mostrarse más a menudo, ese comentario final fue por el contrario la primera muestra de que nuestros medios de comunicación, nuestros periodistas y especialmente los ciudadanos, no estamos acostumbrados a hacer del bien una noticia.

Hace mucho que la honestidad, el respeto, la limpieza, y una larga lista de valores y virtudes han dejado de ser noticia. Una muestra de ello es que, revisando otros canales de televisión, periódicos o páginas de internet, tanto ese día como en los siguientes, no se ha podido ver la noticia de la trabajadora honesta. Lo más probable es que alguna referencia pueda encontrarse en la sección de curiosidades.

Pero la reflexión sobre este caso sencillo no va en el sentido de que si los medios de comunicación valoran o no estos hechos, pues sabido es también que es “más noticia” un accidente, muertos, robos, asaltos, peleas callejeras o actos de corrupción, sino cuánto ha cambiado en la consciencia ciudadana el imaginario de lo que es bueno o malo. Y esto explicaría, en gran medida, la actitud social al momento de tomar decisiones en conjunto, como los procesos electorales que se nos avecinan o los sucesos que nos afectan, como la migración de ciudadanos venezolanos a nuestro país.

Cuando una sociedad tiene como valores morales la deconstrucción de los principios sobre los que levantó su espíritu e identidad, termina por actuar exactamente como no debió hacerlo nunca; así, lo que fue un proyecto de honestidad, por ejemplo, será una realidad de corrupción, inmoralidad, deslealtad y desvergüenza. Si cada individuo no sabe demostrar y sancionar que el robo del bien público es un delito, elegirá a una persona que evidentemente se aprovecha del bien público.

Es entonces que también se construyen otros discursos complementarios como “que haga obra aunque robe”, “me retiro orgulloso con todos estos juicios porque significa que he trabajado”, “a nadie le gusta que uno trabaje porque todos quieren robar”, “me voy sin llevarme un alfiler y me defenderé de las acusaciones de robo”, “voy a trabajar, no a robar”. La ciudadanía hace suyas estas frases e ideas y “comprende” a su autoridad, y entiende que así funciona el sistema.

Hemos completado el ciclo del antivalor, aquello que considerábamos malo ahora es normal y hasta bueno, “porque así son las cosas”, y quienes devuelven dinero, como la empleada honesta, se convierten en lo extraño, lo inusual, lo malo de la sociedad. Vale la pena repasar estos hechos sencillos, sin trascendencia, para redescubrir nuestra esencia ciudadana, nuestra identidad como sociedad y respetarnos como personas y como sociedad. Hay que hacer de la honestidad la noticia del día.

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Verástegui http://localhost:8000/elbuho/2018/08/05/verastegui/ http://localhost:8000/elbuho/2018/08/05/verastegui/#respond Sun, 05 Aug 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=21738 Contaba la escritora arequipeña Rosa Elena Maldonado que una mañana llamaron a su puerta, y cuando abrió se encontró con un joven alto, delgado, en camisa suelta y casaca desteñida, con una mirada tierna y vivaracha detrás de gruesos lentes y con una melena tipo áfrica look tan esponjosa que parecía no pasar por el […]

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Contaba la escritora arequipeña Rosa Elena Maldonado que una mañana llamaron a su puerta, y cuando abrió se encontró con un joven alto, delgado, en camisa suelta y casaca desteñida, con una mirada tierna y vivaracha detrás de gruesos lentes y con una melena tipo áfrica look tan esponjosa que parecía no pasar por el ancho de la puerta; era el joven Enrique Verástegui y eran fines de los años setenta del siglo pasado, cuando el moreno ya gozaba de una inusual fama en el campo de la literatura peruana.

Esa fue la primera de dos visitas que hizo el joven poeta de entonces a Arequipa, de la mano de un grupo de escritores locales que intentaba sumarse al paso de la renovación de la poesía peruana. La segunda vez fue luego de casi cuatro décadas, invitado a una feria de libro en la que presentó sus últimos textos, uno de los cuales reúne crónicas de  aquella su primera visita a la Ciudad Blanca. Fue entonces que algunos de sus amigos y otros jóvenes que veían en él una suerte de mito literario, lo vieron por última vez.

La salud de Enrique Verástegui ya estaba resquebrajada, se quedaba largas temporadas en su casa de Cañete, al sur de Lima, y hacía breves viajes siempre acompañado de una persona de su confianza. Estuvo, por ejemplo, en el festival de poesía Enero en la Palabra, que se realiza cada inicio de año en Cusco, pero ya no era el conversador vital y caminante de calles y plazas como antaño. Tenía 68 años, recibía constantes visitas de amigos y admiradores, se tomaba fotos con todo el mundo y acudía a homenajes, sencillos y discretos; un día antes de morir, había participado de una lectura de poemas en Lima, con otros compañeros de su generación, una tarde en la que nadie habría presagiado su partida.

Cuando se supo de su muerte, el mundo intelectual peruano no se había recuperado de la conmoción que significó el fallecimiento de Marco Aurelio Denegri, aquel viejo cascarrabias que aparecía en la televisión hablando de cultura, literatura, sexo y gallos de pelea, que le enmendaba a plana nada menos que al premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y parecía saber el significado de todas las palabras. Y mientras esta nota se escribía, el internet anunciaba el fallecimiento de otro notable escritor peruano, Abelardo Oquendo, quien precisamente por los años setenta, fue el primero en destacar la importancia y trascendencia de los iniciales libros de Enrique Verástegui. Así, en medio de unas fiestas patrias empañadas por los destapes de las redes de corrupción en los nidos del Poder Judicial, la cultura peruana se vestía de luto.

Pero es muy probable que pocas personas sepan de la existencia de Enrique Verástegui, aunque en el ámbito de las letras y los corrillos culturales de nuestro país, era más leído que Denegri y más admirando que Oquendo. Cuando Verástegui apareció en el espacio literario, publicando en 1971 su primer libro, “En los extramuros del mundo”, tenía 21 años y varios poetas ya habían emprendido una nueva forma de escribir poesía, rompiendo los moldes tradicionales de la estructura de los poemas, usando un lenguaje coloquial e irreverente, y poniendo como temas literarios la cotidianidad de la calle; pero ese su primer libro tenía algo distinto: tal vez una frescura en sus palabras que denotaba inteligencia, un amplio bagaje cultural y una particular manera de cuestionar su realidad.

Entonces el moreno se convirtió en abanderado de una generación que dejaba atrás el dramatismo vallejiano, el surrealismo y la poesía pura de los años cincuenta y el formalismo europeo de los poetas de los sesenta, tratando de imponer una velocidad callejera al ritmo de sus poemas, un lenguaje popular a sus versos sin abandonar el análisis serio, filosófico y racional sobre lo que sucedía en su entorno. En los poemas de Verástegui se combinan en  misteriosa armonía referentes tan delicados como la música clásica, los detalles de la naturaleza, con elementos racionales como el análisis filosófico y la crítica literaria, así como con referentes a la realidad peruana como la crisis política y la violencia terrorista. Una forma de hacer poesía que no habían ensayado los poetas del sesenta, superaba a los de su generación setentera y fue una gran lección para los escritores de la posterior generación del ochenta.

Verástegui ha publicado más de veinte libros, entre poesía, novela y ensayo. Tiene títulos tan extraños como “Monte de goce”, en el que explora el erotismo con una finura sin precedentes; “El motor del deseo”, en el que combina poesía, filosofía y crítica literaria; “Curso de matemáticas para ciberpunks” o “Teorema de Yu”, en el que indaga sobre sus preocupaciones y conocimientos de la matemática y las culturas orientales. Reconocido como uno de los más importantes poetas de Hispanoamérica, estudió economía en San Marcos y ha ganado la prestigiosa beca Guggenheim; en el imaginario literario peruano, no hay como desasociar su nombre a su imagen de intelectual desgarbado, una mezcla de futbolista a lo José Velásquez y roquero a lo Jimy Hendrix.

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Celebración de la soledad http://localhost:8000/elbuho/2018/07/07/celebracion-de-la-soledad/ http://localhost:8000/elbuho/2018/07/07/celebracion-de-la-soledad/#respond Sat, 07 Jul 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=21484 A propósito de un libro de Porfirio Mamani* Estoy cada vez más convencido de que las presentaciones de libros se organizan en realidad para asegurarnos el rencuentro con los amigos, y de paso hablar de nuestros últimos libros, como quien habla de nuestros últimos viajes, de las películas que hemos visto o de nuestras tribulaciones, […]

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A propósito de un libro de Porfirio Mamani*

Estoy cada vez más convencido de que las presentaciones de libros se organizan en realidad para asegurarnos el rencuentro con los amigos, y de paso hablar de nuestros últimos libros, como quien habla de nuestros últimos viajes, de las películas que hemos visto o de nuestras tribulaciones, a estas alturas, pesadumbres propias de quienes tienen, además del tormento de la poesía, otras preocupaciones más mortales, peregrinas o domésticas como asegurarse un trabajo, por ejemplo. O qué regalarle a un amigo en su cumpleaños.

Todos sabemos lo que es un encuentro entre amigos, siempre hay algo para celebrar, y si no recordamos un viejo éxito, un amor extraviado o un gol perdido, o no tenemos tema para hablar, nos inventamos uno, y no falta quien de debajo del brazo saque, como un acto de magia, una botella y nos ilumine con alguna bebida espirituosa o algún otro estimulante; esta vez, Porfirio Mamani nos ha puesto en la mesa dos libros de poesía, motivo suficiente para iniciar la celebración. A mí me ha tocado, como si fuese un sutil paquete de contenido misterioso, el de tapa blanca, espero que no sea una indirecta, un recuerdo confuso o un antojo nostálgico. Tal vez alguien le ha dicho a Porfirio que Alfredo tiene pasta para las presentaciones.

Bueno, fuera de bromas, esta es una reunión seria, no hay nada más serio que hablar de los amigos, y nuestro amigo ha venido a hablar de la soledad. Y la soledad, queridos amigos, debe ser el tema más serio de la poesía; no hay que confundir con “la Sole”, que no era nada seria y tiraba al tacho nuestros versos juveniles, y en el momento de la coronación, nos dejaba más solos que nunca. Así, la experiencia de la soledad, debe ser en el hombre, en el ser humano, una extraña mezcla de abandono, indiferencia, rechazo y libertad, y todo aquello que se ha acumulado con los años y nos ha ido atormentando disimuladamente bajo el disfraz de la nostalgia.

Mi recuerdo más antiguo de soledad tiene que ver con una tarde de lluvia, allá en Puno. Mis padres debieron salir de casa y me quedé con una joven que me acompañaba, o tal vez yo la acompañaba a ella, pero lo cierto es que de lejos venía el sonido lento de una banda de músicos, tocaba una morenada, y yo miraba la ciudad difusa a través de la ventana, donde las gotas de lluvia se escurrían en el cristal inventando brevísimos recorridos, como ríos minúsculos. Tal vez lloraba, ventana y yo llorábamos en silencio. Hasta hoy, no había escrito sobre este episodio. Esta nostalgia infantil estaba viva en mi memoria pero velada para la literatura, y hoy me vuelve a sorprender cómo la soledad se filtra entre los pliegues de la remembranza y sale de nosotros en forma de palabras para convertirse en belleza. Tal vez por eso he disfrutado la lectura de este libro, donde el poeta, nuestro amigo, se hace unidad con la soledad, y de ese producto que debe ser íntimamente doloroso, han brotado palabras.

El título, “El poeta y la soledad”, entiendo no se refiere a dos sujetos que se encuentran, o a un sujeto que se encuentra en una condición humana, sino a una unidad conformada por el sujeto y él mismo, llámese autor, poeta o ser humano. Porfirio Mamani no ha necesitado de hacer alarde de un título sugestivo o ensayar un juego de palabras para nombrar su libro, es claro que aquí hay una situación humana al que el lector se va a enfrentar.

Las 34 estrofas que componen el poema son en realidad un itinerario, una ruta, un viaje que emprende el poeta ya consciente de su soledad hacia un destino indeterminado, que se develará en el último poema. En el primer verso del libro se identifica el yo poético, una voz que deja el pasado para emprender un presente, lo anuncia con el título: “La errancia”, y dice: “Como si el ayer no existiera, debo caminar en silencio”. El viaje lo llevará a través de las 34 estaciones hacia una condición tan dramática como la soledad: la pérdida de identidad, el exilio interior, la soledad que crece dentro de la soledad. El poema final que titula justamente “Soledad” dice: “¿Quién soy? Un ruido, una sombra que se dobla. ¿A quién veo? A nadie. ¿A quién busco en el fondo de mis ojos? a un espectro de perfil indefinido.”

La obra de Porfirio Mamani ha sido siempre esperanzadora, le ha cantado al hombre y a la naturaleza, ha reflejado la influencia mística, ha celebrado la familia y el erotismo, y esta vez nos lleva a un viaje interior inesperado, pero al mismo tiempo previsible, pues todos sabemos de su larga estancia en París y también sabemos que la experiencia de la migración, el desarraigo y el exilio terminan marcando profundamente a la persona, más aún si se trata de un espíritu sensible como el de Porfirio.

A lo largo del poema, donde el yo poético consolida una actitud madura para asumir la soledad, el lector va a asistir a otras situaciones igual de dramáticas en las que poeta y soledad reafirman una unidad poética. “Angosta la noche ha de pasar y yo, tiempo y polvo dispersado en este río, iré con ella”, dice por ejemplo en el apartado cuatro.  Más adelante reafirma su individualidad, no como una actitud egoísta, sino de particularidad: “No somos el silencio de nadie, tampoco el recuerdo que otros inventaron”, dice en el poema que titula “El hombre”. En el poema “La huida”,  el poeta dice: “Soy yo mismo el que de la luz sale huyendo. Herido, huérfano y abandonado dejo mi suspiro al viento.” Como ven, esta es una brevísima muestra de la profunda mirada que tiene el poeta sobre un tema como la soledad que, de una u otra manera, tarde o temprano, asalta a cualquier persona.

A veces la soledad nos espera al doblar una esquina, en la banca de un parque, o en una ventana de nuestra casa, en la página del libro que estamos leyendo, cuando saludamos a un amigo o cuando olvidamos la tonada de una canción. Porfirio Mamani nos cuenta, en realidad nos advierte, que la soledad también llega con la poesía, en palabras que usamos a diario, en frases que nos asustan o en esa mala costumbre de recordar.

De otro lado. el oficio de la poesía, la evolución literaria y la profundización del estudio del arte, se refleja también en este poemario. Hay varios ejemplos de la fineza con que Porfirio Mamani elabora sus versos, que terminan siendo bellos. “Todo perfil que no defino entre la bruma, presiento que eres tú, amiga que me buscas, perdida en esta selva oscura”, dice, por ejemplo, en el poema 23.  En otro poema dice reflexivo: “Nada en la nada se consume, todo es río y polvo que nos devuelve el tiempo, no el olvido”. También dice: “Soy en la noche una herida, una rama que sacude sin cesar el viento”.

Estamos pues frente a dos agradables presencias, la de nuestro amigo que vuelve de lejos para cobijarse entre nuestros abrazos y así paliar la soledad que lo embarga, y la de su libro “El poeta y la soledad”, en bonita edición, donde ha depositado algo de lo que profundamente escarba la soledad dentro de nosotros.

Pero esto hay que celebrarlo, para eso, creo, hemos sido convocados. Al principio decía que en las reuniones de amigos no falta quien saque, como un acto de hechicería, una gota de algo para emocionarnos, o un libro, como lo ha hecho Porfirio Mamani. Yo aportaré, sin ser mago o hechicero, chamán o brujo, pero sí encantador, con la gota necesaria y oportuna para esta ocasión.

Salud, y gracias.

 

*Texto leído en la presentación del libro “El poeta y la soledad”, el 28 de junio del 2018.

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Escritoras arequipeñas homenajeadas http://localhost:8000/elbuho/2018/06/21/escritoras-arequipenas-homenajeadas/ http://localhost:8000/elbuho/2018/06/21/escritoras-arequipenas-homenajeadas/#respond Thu, 21 Jun 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=21398 La última semana de mayo el Congreso de la República realizó una ceremonia para homenajear a ocho escritoras arequipeñas, todas pertenecientes al Centro de Escritoras Arequipa, quienes además publicaron en conjunto un interesante libro de poemas. Ada Fernández, Cecilia Medina, María Antonieta Tejada, Morayma Sánchez, Guadalupe Mansilla, Elsa Gaona, Mery Vásquez y Yeny Tejada unieron […]

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La última semana de mayo el Congreso de la República realizó una ceremonia para homenajear a ocho escritoras arequipeñas, todas pertenecientes al Centro de Escritoras Arequipa, quienes además publicaron en conjunto un interesante libro de poemas. Ada Fernández, Cecilia Medina, María Antonieta Tejada, Morayma Sánchez, Guadalupe Mansilla, Elsa Gaona, Mery Vásquez y Yeny Tejada unieron sus voces para ratificar la calidad de su poesía, de por sí ya cubierta por la experiencia y la madurez del oficio.

La literatura arequipeña se sostiene en una tradición que nace con Mariano Melgar, se consolida con autores como Mario Vargas Llosa, Oswaldo Reynoso o Edgar Guzmán y se prolonga con la obra de jóvenes que en los primeros años del siglo veintiuno han manifestado un interesante proceso de renovación literaria. Entre estos dos extremos hay una larga lista de nombres que en su oportunidad críticos y estudiosos con mayores elementos de análisis han detallado y explicado el valor de sus obras.

Me detengo brevemente para destacar que entre esos nombres hay uno que se convertiría con los años en el mayor referente de la literatura arequipeña, al margen del debate que este concepto puede generar. Se trata de María Nieves y Bustamante, novelista de la época de tránsito de los siglos diecinueve y veinte, que al publicar “Jorge o el hijo del pueblo” no solo inauguró la novela moderna en estos lares, sino que marcó una pauta que los escritores arequipeños de las siguientes generaciones no pudieron consolidar.

Herederas del legado literario y la ejemplar actitud ciudadana de María Nieves son las escritoras arequipeñas que a lo largo de la centuria pasada y hasta hoy han renovado y enriquecido la poesía arequipeña, llegando incluso a instalarse en ese escenario tan ancho y ajeno (parafraseando a Ciro Alegría) que es el canon literario nacional (otro invento del centralismo limeño que también ha hecho lo suyo para ignorar el aporte a la cultura por parte de artistas provenientes del “interior del país”).

“Sueños entrelazados” titula el libro que las mencionadas poetas arequipeñas han publicado y que de seguro servirá no solo para deleitarnos con su fina poesía sino para analizar el nivel y calidad literaria de estas escritoras que han aportado a la cultura arequipeña desde sus trincheras personales en las escuelas, el periodismo, el trabajo social y sus profesiones. Al mismo tiempo, nos da la oportunidad de darle una nueva mirada panorámica a la poesía escrita por mujeres en nuestra ciudad.

A lo largo de estas páginas el lector se internará en los versos que reflejan la ternura, la cotidianidad de una ciudad que asume los problemas del ser humano, el amor y la muerte, la ausencia y las ilusiones, temas no solo naturales de la poesía sino también recurrentes en una época afectada por la tecnología de los medios de comunicación, la deshumanización de las relaciones personales y el vértigo de un proceso de desarrollo que muchas veces no alcanzamos a descifrar.

Hay una fina y bien trabajada poesía en el libro “Sueños entrelazados” y me parece un acierto que entidades estatales puedan dedicar su tiempo a reconocer el aporte cultural de los ciudadanos a su sociedad, y en este caso a destacar la labor cultural del Centro de Escritoras de Arequipa, que tanto ha contribuido a promover la literatura en nuestro medio, y a través de este gesto a toda la poesía escrita por mujeres en esta bravía tierra.

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¡Pucha, la grúa! http://localhost:8000/elbuho/2018/04/10/pucha-la-grua/ http://localhost:8000/elbuho/2018/04/10/pucha-la-grua/#respond Tue, 10 Apr 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=20733 Cada vez son más los conductores que se quejan, especialmente a través de algunas radioemisoras, de la presencia de alguna grúa que se llevan sus autos al depósito por estar mal estacionados. Durante los últimos meses el accionar de las grúas es más intenso, parecieran estar por todas partes y a todas horas del día, […]

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Cada vez son más los conductores que se quejan, especialmente a través de algunas radioemisoras, de la presencia de alguna grúa que se llevan sus autos al depósito por estar mal estacionados. Durante los últimos meses el accionar de las grúas es más intenso, parecieran estar por todas partes y a todas horas del día, y el depósito de la avenida Independencia, donde antes se instalaban circos y juegos mecánicos, hoy están llenos de autos particulares y conductores que a rabiar tienen que pagar el costo de su descuido.

¿Pero a qué se refieren las quejas de los conductores si entendemos que las reglas dicen que si un auto está mal estacionado se lo debe llevar la grúa? Pues hay dos razones: la primera es que las grúas han aparecido en zonas donde no debiera considerarse un mal estacionamiento, como por ejemplo las zonas residenciales, y en segundo lugar por el costo que hay que pagar para poder liberar el auto del depósito.

En el primer caso, las grúas efectivamente aparecen por urbanizaciones de zonas como Umacollo, Paulo VI, La Negrita, por ejemplo, donde las veredas tienen una zona franca, como una franja tierra de nadie, en la que los propietarios estacionan sus carros en las frenteras de sus viviendas, pues a partir de ahí la línea amarilla marca la prohibición del estacionamiento y no hay letreros expresos de esta medida. Entonces, llevarse el vehículo de un lugar permitido es un delito, un abuso de autoridad.

De la misma manera e zonas alrededor de instituciones de mucha afluencia de público, como universidades, hospitales, municipalidades o centros comerciales, a pesar de que no hay señalización explícita, los vehículos son retirados. Un conductor se quejaba de que su auto fue retirado de una calle clausurada, por ejemplo. El problema es que una vez retirado el vehículo del depósito, con los ajos y cebollas hacia la policía y los conductores de las grúas, el propietario ya no se da la molestia de denunciar el abuso ante la Municipalidad, o la propia policía, pues estas dos instituciones son las que han puesto las reglas.

De otro lado, el conductor afectado debe pagar un mínimo de 250 soles para poder retirar su auto del depósito, la mitad es un pago a la Municipalidad, por el servicio de guardianía, y la otra mitad debe pagar en una oficina particular a la empresa de la grúa, por el servicio de uso de la grúa. No hay ningún pago o multa por infracción a las reglas de tránsito. ¿Tiene todo esto una lógica en el sistema de administración pública? Si un conductor comete una falta a las reglas de tránsito ¿no le corresponde una multa por infracción? ¿Por qué, entonces pagar a la municipalidad por un “servicio” que no se ha solicitado? ¿Y por qué pagar el “servicio” de grúa si en todo caso es la Municipalidad la que está gestionando ese uso y no el conductor? ¿Está todo esto debidamente normado? ¿Ha intervenido, por ejemplo, la Defensoría del Pueblo, que logró anular cobros indebidos en varias instituciones públicas, para garantizar un adecuado servicio a la ciudadanía?

De todas estas inquietudes, que deberían ser debidamente respondidas por la autoridad competente, se derivan otras dudas. ¿Cómo se ha hecho para que solo dos empresas de grúas sean las que se dediquen exclusivamente a esta función? ¿Hubo alguna licitación de por medio y ésta fue legal? ¿No será uno de los propietarios pariente cercano de un regidor? En fin. Lo cierto es que los conductores están cada vez más molestos, porque así como uno reconoce que comete una infracción, de la misma manera uno se da cuenta cuando hay un abuso de autoridad.

Tema, como muchos, que afectan a los ciudadanos sin que se pudiera hacer mucho para revertirlos, pues evidentemente hay un abuso de autoridad en la acción. Se ha visto aparecer hasta cuatro grúas juntas, por ejemplo, en la urbanización Paulo VI, y no se han llevado a los autos mal estacionados frente a las clínicas, sino a los autos estacionados al frente de sus casas, o de la misma manera aparecen en las calles circundantes a la universidad de Santa María, donde los policías permiten aglomerarse a taxistas y no permiten estacionar a los propietarios de viviendas en la zona. Vale la queja de los conductores, lo que no vale es el abuso de autoridad y el silencio de las autoridades.

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Centralismo e ¿ignorancia? http://localhost:8000/elbuho/2018/03/19/centralismo-e-ignorancia/ http://localhost:8000/elbuho/2018/03/19/centralismo-e-ignorancia/#respond Mon, 19 Mar 2018 00:00:00 +0000 la Silla Prestada]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=20593 El congresista Pedro Olaechea se fue de boca al decir que el sueldo mínimo en el interior del país es mucho, y cuando alguien se va de boca, es que realmente piensa así, o piensa así su entorno, pero no es prudente decirlo. No es novedad que en Lima, capital mundial del centralismo, se crea […]

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El congresista Pedro Olaechea se fue de boca al decir que el sueldo mínimo en el interior del país es mucho, y cuando alguien se va de boca, es que realmente piensa así, o piensa así su entorno, pero no es prudente decirlo. No es novedad que en Lima, capital mundial del centralismo, se crea que más allá del recuerdo de sus murallas, hoy avenidas interminables, “todo es distinto”, que la vida es sencilla, tranquila y bucólica, que no hay necesidades, que la gente vive de lo que tiene y no requiere de “otras cosas” para resolver su existencia.

Lo dijo durante los debates en el Congreso para determinar si se sube o no el sueldo mínimo vital, pero en lugar de debatir un tema y esgrimir argumentos técnicos y objetivos, el congresista se refirió a una “idea” de lo que se “supone” al interior del país. Llámese “interior del país” a todo lugar fuera de las fronteras de la ciudad de Lima, lo que en contraposición sería “el exterior del país”, o la “piel del país”, “el rostro del país”.

Pero más allá de lo que dijo o no el señor Olaechea, que ilustra la calidad de congresista que integran el Poder Legislativo, lo que se vuelve a manifestar es esa actitud de quienes estando en Lima se han enceguecido respecto a lo que hay en el resto del país. La miopía con que ven los asuntos nacionales es uno de los males de nuestro sistema de administración pública, y en consecuencia una de las razones por las que muchos sectores de la población se ven relegados, marginados y hasta segregados en lo que a sus derechos se refiere.

La actitud de Olaechea ilustra también la manera como las instituciones públicas asumen las políticas de desarrollo: siempre dictadas desde Lima y casi nunca consultada a sus directos beneficiarios o afectados. ¿El congresista se habrá dado el trabajo de recorrer algunas zonas del “interior del país” para determinar cuánto ganan los trabajadores, de todos los niveles, y si les alcanza o no para cubrir sus necesidades básicas? ¿Habrá realizado un estudio de campo o levantado una línea de base para sustentar su posición política y técnica respecto a un tema tan importante para la economía del país?

Parece que no es necesario imaginar mucho para intuir la respuesta. Sin embargo; también sería bueno trasladar esta mirada a nuestras autoridades locales, pues el mismo mal, la misma actitud, impide que proyectos, inversiones y programas de desarrollen tengan el éxito esperado, y en consecuencia nuestros sistemas de salud, educación, transporte urbano e interprovincial, seguridad ciudadana, agricultura o minería artesanal, nunca tienen solución, se quedan estancados en el tiempo, en el atraso.

¿Es ignorancia? ¿Es solo una consecuencia del centralismo? ¿Cuál de los dos males será más difícil de superar? Centralismo e ignorancia son dos ingredientes letales para el desarrollo de los pueblos. ¿Cómo superarlos? Pues superando la ignorancia. En el Perú 8creo haberlo dicho ya en otra oportunidad) hemos superado el analfabetismo pero no la ignorancia. Y mientras sigamos manteniendo la ignorancia en el poder, el centralismo seguirá haciendo lo suyo.

 

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