Emergencia Sanitaria y “economía de guerra”

Columnista invitado Alan Fairlie

La emergencia sanitaria ha sido declarada, lo cual nos parece bien.
Las medidas anunciadas inicialmente por el gobierno son positivas en general, pero reactivas, tardías. Independientemente se hayan previsto protocolos desde el comienzo, y la correcta coordinación con la OMS-OPS. Esto supone cancelar vuelos de los países con mayor incidencia de la pandemia, como acaba de hacer Estados Unidos, cuidar a los profesionales de la salud con todo el equipamiento necesario, ampliar los laboratorios para los análisis, cancelar eventos masivos, aplicar teletrabajo en todas las actividades posibles, no solo en el caso hayan trabajadores infectados.

Tenemos expertos de primer nivel, como los doctores Gotuzzo, Maguiña, exministros y profesionales que tienen experiencia en el manejo de epidemias (varios de ellos en actuales responsabilidades centrales). Ellos deberían ser convocados en una comisión plenipotenciaria (donde esté la ministra) que se haga cargo de la emergencia, integrado y coordinando con todo el sistema nacional de salud y las Fuerzas Armadas.

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Los recursos anunciados son claramente insuficientes, tienen que multiplicarse y poner en primera prioridad de política pública la salud, esa comisión puede convocar a quien fuera necesario. Se necesita una contratación extraordinaria de personal de salud con todas las garantías, kits de higiene que se repartan masivamente sobre todo a las poblaciones más pobres y vulnerables. Atender la emergencia, y poner en marcha las reformas estructurales que se requieren en el sector.

“Economía de guerra”

Se tienen que planificar y asignar los recursos que se requieran para atender la emergencia sanitaria y durante ese período combatir drásticamente la especulación, prohibir la salida de lo que se requiere aquí (como acaba de anunciar Ecuador).

Coordinar y contratar laboratorios nacionales en todo lo que puedan provisionar localmente. Además, proceder a las importaciones paralelas y dejar en suspenso las patentes por todo el tiempo que sea necesario para superar la emergencia.

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El sector empresarial nacional y extranjero tiene que colaborar, y acatar lo que se determine. Esto supone nombrar otra comisión que se encargue de elaborar las normativas y directivas necesarias, cálculos, simulaciones y respuesta de políticas a diferentes escenarios posibles.

Se requieren elaborar normas y leyes de emergencia, que el gobierno saque o apruebe el nuevo Congreso. Pero, en la dirección de lo que nuestros mayores expertos de las comisiones plenipotenciarias definan. Esto rebasa al gobierno, debe convocar a los mejores hombres y mujeres del Perú para que se hagan cargo de la emergencia.

El gobierno debe completar su mandato con propuestas para la gerencia del país, coordinando reformas pendientes con el nuevo Congreso; y dando las facilidades y recursos necesarios para atender la emergencia y las urgentes reformas estructurales en salud y educación. Debe actuar con desprendimiento y grandeza. Ha convocado comisiones para reforma electoral y política, y una minería responsable, con sugerencias unas más polémicas que otras.

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Ahora, llamemos a los mejores cuadros civiles y militares que sirvan a la Patria en estas horas difíciles que debemos plantearnos una «economía de guerra». Ya mismo.

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