En primera línea: cuatro testimonios de arequipeños que enfrentan la pandemia día a día

A través de sus propias voces, conoceremos la batalla que libran a diario aquellas personas que les ha tocado estar en la primera línea de defensa para salvar la vida del resto.

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Estas son las historias de cuatro trabajadores cuyas labores se reafirmaron como esenciales en el contexto de pandemia. Por eso, ellos se enfrentan al coronavirus, exponiendo cotidianamente sus vidas para salvar las nuestras. Con sus propias voces, nos cuentan cómo la enfermedad ha modificado su rutina diaria y los sentimientos que les genera estar en la primera línea de esta batalla, dando cara al enemigo.

En primera línea: trabajadores que enfrentan la pandemia día a día

El agente Germán: «es un dilema combatir el coronavirus»

Como a muchos policías, a Germán le tocó prestar servicio en las calles controlando que el resto de ciudadanos acate la cuarentena. Iba a los puntos calientes, como son considerados los mercados, también patrullaba las calles y participaba de operativos con los militares.

German es un sobrenombre. Por razones institucionales, pidió reservar su identidad. Es un joven policía arequipeño que presta servicio en la región más afectada por la pandemia: Lima, donde el virus ha infectado a más de 116 mil casos y ha matado a más de 2 mil personas. Llegó hace casi un año para prestar apoyo en los Juegos Panamericanos que se desarrollaron entre julio y agosto. Antes de que pudiera retornar a la casa de sus padres, el Gobierno impuso la cuarentena y, sin más opción, permaneció sirviendo a su patria.

“Al principio salíamos cada uno en distintos puestos, en apoyo a La Marina. Yo tengo sistema para ver si estaba una persona autorizada para transitar, si tenía requisitoria o no. A muchos militares les mostraban cualquier papel impreso y les dejaba pasar, pero cuando me tocaba yo constataba en el sistema si tal vehículo tenía autorización. En efecto, se constató que muchos vehículos no tenían autorizaciones o las personas no cumplían con las excepciones. Estaban sin mascarillas, sin DNI, sin pase de tránsito, ya pe’ caballeros, tenía que llevarlo a la comisaria, para que le den su papeleta, eso es lo que hacíamos”.

El trabajo de Germán no era fácil, había ocasiones en que la realidad lo impactaba. Cuando salía de noche, se topaba con una que otra persona en la calle. “Cuando hacía patrullaje a las 10 de la noche y se supone nadie debería estar en la calle, veíamos a personas que salían de los hospitales. Eran familiares de algún enfermo de coronavirus que salía a buscar a las calles las medicinas, veíamos a personas llorando, pidiéndonos ayuda para encontrar las medicinas, los subíamos a la camioneta y lo llevábamos a recorrer las farmacias”.

Cuando se decretó la cuarentena, se esperaba que la población permaneciera en sus casas para detener los contagios. Sin embargo, muchos salían de casa para subsistir ya que vivían del día a día. Aunque, otro número lo hacía sin ninguna justificación razonable. A Germán le frustraba ver a jóvenes que merodeaban en las calles o adultos mayores que salían a sus puertas sin mascarillas y se ponían a conversar. “Es un dilema aquí combatir el coronavirus”, se resigna a decir.

Policias que luchan a diario en medio de la pandemia
Foto Referencial

Conforme las semanas pasaban, la población policial también se contagiaba de la covid.19. En la comisaría de Breña, donde fue destacado, cuatro policías fueron detectados con el virus, entre ellos un general. Él se preocupó, pero aún más su familia que constantemente lo llamaba preguntando por su salud. Espera reunirse con ellos pronto una vez que se levanten las restricciones.

Convivir con esta nueva normalidad ha sido para Germán todo un aprendizaje. Reconoce el ingenio que tienen muchos peruanos para adaptarse a las adversidades. Cuando sale a patrullar, ve a personas vendiendo las mascarillas que ellos mismos confeccionan, negocios que han cambiado de rubro para afrontar la crisis. “El que no corre, vuela. Eso es lo bueno del peruano”, acota.

Laiza Mercado, médico intensivista: «afrontamos la dificultad de dar malas noticias»

La historia de Laiza Mercado, médico intensivista en el hospital Covid Honorio Delgado fue recabada antes de que la UCI comenzara a saturarse de pacientes. Ella tomó una pausa en sus actividades para conversar con El Búho y contarnos cómo la enfermedad ha impactado en estos servicios médicos.

Lleva más de 2 años como médico intensivista asistente en UCI y 5 años como residente. Es la primera vez que se enfrenta, en primera línea, a un virus tan severo y contagioso como el coronavirus. Según sus colegas de mayor experiencia, cuando se presentaron casos de H1N1, en el 2000, la situación no puede compararse con la actual.

Desde que la pandemia se instaló en los hospitales, el personal médico tuvo que adecuar su estilo de vida y adoptar mejores medidas de protección. “El equipo de protección es bastante molestoso, más para enfermería. Cada cierto tiempo te empieza a doler la nariz, la cara, no sientes la vista, te molestan los lentes”, nos cuenta.  Aunque, el temor es una variable constante, los médicos tratan de apaciguarlo de diferentes formas, cuenta Laiza. Para controlar el estrés y el temor, los médicos y el resto del personal se dan ánimos mutuamente y de diferentes maneras, como por ejemplo ver videos entre colegas.

Los pacientes que son atendidos en UCI son en su mayoría personas adultas que llegan con dificultades para respirar o tienen ya afectado un órgano. Las probabilidades de supervivencia se reducen si no reaccionan positivamente al tratamiento. A veces, llega a suceder lo peor y, entonces, la mayor dificultad que atraviesa un médico es dar la mala noticia a los familiares, dice Laiza.

“Nos preocupamos cuando un paciente fallece y afrontamos esa dificultad de dar las malas noticias a los familiares. Pero nos emocionamos cuando un paciente sale, nos alegramos porque sabemos que ha sobrevivido, a pesar que tenía el 90% de probabilidades de fallecer”, señala.

La médico Laiza Mercado presta servicio en el área UCI Covid del hospital Honorio Delgado: Foto: El Búho

En medio de esta pandemia, le causa asombro el esfuerzo de muchos familiares que hacen hasta lo imposible por conseguir los insumos, que a veces el hospital no puede ofrecer.

“Sabemos que hay insumos que no hay en farmacia y sabemos que ellos, a pesar de las limitaciones, a pesar de tener escasos recursos, se esfuerzan por conseguirlo. Se preocupan por conseguir esas recetas, pagar los exámenes que el hospital no hace, entonces se entiende esa situación que no es fácil. Ellos han dejado de trabajar, no tienen ingresos, pero a pesar de eso no pierden las esperanzas”.

Según estadísticas nacionales, el 50% de los pacientes que ingresa a UCI llega a sobrevivir. La mortalidad en estos servicios siempre fue alta y en esta situación, los resultados no hacen mucha diferencia. Laiza Mercado señala que antes de la pandemia, el hospital siempre tuvo un déficit de camas UCI, por lo que los médicos se veían obligados a tomar la difícil decisión de elegir cuál paciente tenía más probabilidades de sobrevivir. “En este hospital siempre ha habido pocas camas para pacientes UCI y siempre se ha tomado ese tipo de decisiones”, agrega.

Su familia ha sido su mayor apoyo, dice Laiza. Ellos se preocupan por su bienestar y el de su hermano que también es médico en el mismo hospital, pero trabaja en otra área diferente. Sus amigos también le han expresado su afecto y le dan mucho ánimo. Ella espera que una vez acabe la emergencia por la pandemia, puedan reunirse nuevamente y compartir juntos. “Yo sé, me falta mucho por aprender, pero doy todo de mí. Mi mamá dice que todos nosotros somos instrumentos y la última palabra lo tiene siempre el de arriba, él decide”, acota.

Gloria, comerciante: «Queremos que mejore esta situación»

Salir a trabajar en plena cuarentena, le costó al principio a Gloria Cruz. Pero las deudas del banco y la necesidad de alimentar a su familia la convencieron de no cerrar su puesto y continuar con su trabajo como vendedora de pollo. En el mercado de 15 de Agosto, en Paucarpata, atiende a sus clientes desde las 7 de la mañana hasta pasado el mediodía.

Cuando el Gobierno autorizó que los mercados y otras actividades sigan funcionando mientras el resto de negocios debía cerrar, ella no se alegró. Tenía temor de contagiarse o de infectar a sus hijos. Sin embargo, poco a poco, lo fue asimilando y adoptó algunas medidas para su cuidado.

“No salgo del puesto para nada. Cuando llego a mi casa, me saco toda la ropa, me desinfecto y recién ingreso”, nos relata.

La comerciante Gloria Cruz no ha dejado de laborar en plena pandemia. Foto: El Búho

Asimismo, el mercado donde labora también se adecuó a la emergencia sanitaria y entre los vendedores se organizaron para comprar una ducha desinfectante, colocar alcohol en gel y un lavatorio para las manos. Compraron litros de lejía para hacer la limpieza continua de sus puestos y habilitaron una puerta de ingreso y una de salida para evitar aglomeraciones. “En la posta se ha visto a muchas personas, pero no se puede dar información, no se sabe quién es y de dónde es, pero sí dice que hay varios (contagiados)”, afirma.

Aunque muchos crean que los comerciantes han resultado beneficiados por la pandemia, Gloria responde que no es así. Aseguró que la venta de su mercancía disminuyó en un 50%. Eso se debe en parte a los ambulantes que se instalaron cerca al mercado que se lleva su clientela y, además, generan focos de contagio.

“Antes vendía normalmente 25 pollos, días bajos 20 y fin de semanas vendía mucho más. Ahora, estoy trayendo 15 pollos, a veces se acaba, pero se ha bajado harto, el precio se tiró al suelo, ahora estamos con lo mínimo, ni las ganancias dejan”, se lamenta.

En casa, ella es la única que sale a trabajar. Sus hijos estudian, uno está en el colegio y otro en la universidad. Su hija mayor acabó los estudios, pero debido a la situación generada por la pandemia, no encuentra trabajo.

Ella espera que pronto pase toda esta crisis porque necesita generar más ingresos para pagar las pensiones y deudas al banco.

“Queremos que se mejore esta situación porque todos tenemos deudas, pagamos a los bancos y tenemos hijos estudiando… los colegios, las pensiones, o sea, que se mejore”.

Irenio, trabajador de limpieza: «nunca vi cosas así»

El oficio de Irenio conllevó siempre algunos riesgos. El recojo y manipulación de los desechos lo exponía a contraer infecciones de toda clase. Sin embargo, no sentía temor por hacer ese trabajo. En los años que lleva como trabajador de limpieza del distrito de Yanahuara, no se imaginó vivir esta situación.

Cuando la pandemia llegó a la región, Yanahuara fue uno de los primeros distritos que registró casos positivos. El municipio reaccionó y aplicó rápidamente la estrategia de limpieza y desinfección de calles. Para ello, Irenio sustituyó sus habituales herramientas de trabajo y se colocó un mameluco blanco, se colgó la mochila con el desinfectante, se puso su mascarilla y sus lentes y salió a fumigar las calles del distrito.

“Al principio daba un poco de miedo, pero nos pusimos al servicio de Yanahuara. Compraron una máquina de fumigación que yo mismo operaba y salíamos a fumigar. Hemos hecho como cinco fumigaciones en todo el distrito”, cuenta.

El señor Irenio tuvo que apoyar en la fumigación de calles en Yanahuara: Foto: Municipalidad de Yanahuara

Como el resto de trabajadores le costaba respirar con el barbijo puesto y comenzó a tomar el hábito de lavarse continuamente las manos. Después de cumplir con su jornada de trabajo, llegaba a su casa y se limpiaba con un vaporizador que tenía preparado en la puerta de ingreso. Rociaba en su zapato y su ropa la mezcla de agua y lejía para desinfectarse.

Irenio cuenta que lo que más le impresionó fue ver las calles vacías, sin vehículos ni personas. Aunque, también hubo una ocasión que vio entrar una ambulancia a una zona residencial y sintió pena y miedo en ese momento.

“Yo nunca había visto algo así, la policía cerraba la calle y una ambulancia se estacionaba frente a una casa. Nunca había visto eso, de todas maneras, uno se siento asombrado, sorprendido”, expresó.

Mientras cumplía su trabajo, había ocasiones que la gente salía a sus ventanas y lo aplaudía o le enviaba mensajes de apoyo a través de carteles, en ese momento se sentía más tranquilo. Pero no todos reaccionaban de buena manera. También había vecinos que rechazaban la fumigación y decían que desinfectar no servía de nada.

En casa, la bisuebuela de la familia tenía temor de contagiarse y comenzó a alejarse de su presencia. Ella creía que podía infectarse cuando Irenio se le acercaba, pero poco a poco perdió los nervios. Él vive solo, su esposa murió años atrás y sus hijos viven actualmente con sus abuelos. Pero sus hijos apoyan su labor y siempre le preguntan por su estado.

De acuerdo al último reporte del Ministerio de Salud, en la provincia de Arequipa 98 trabajadores municipales contrajeron el coronavirus. Irenio felizmente no está dentro de esta estadística, pero supo que un colega suyo enfermó. Se había contagiado durante su descanso. Afortunadamente, está mejor, refiere.

“Lo único que hay que hacer es acatar las normas del gobierno, protegernos nosotros mismos. Nadie está libre, con esta enfermedad vamos a convivir todos, así que depende de nosotros cuidarnos”, agrega. Irenio está esperanzado que la emergencia pase pronto y pueda continuar con aquellos proyectos que tenía con sus hijos antes de la pandemia.

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