Lecciones de la pandemia: lo que no debemos repetir en la segunda ola de covid_19

Más que una ola, fue un tsunami que golpeó a la región. El esfuerzo por detener la expansión del coronavirus fue una tarea titánica que no logró evitar el dolor a miles de familias. A través de los aciertos y errores, tratamos de construir la narrativa de lo que fue esta pandemia que amenaza con una segunda ola, igual de letal.

Reportaje El Búho
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El Perú se prepara para enfrentar una segunda ola del coronavirus. Si las previsiones se cumplen, ésta tendrá un efecto menor a lo registrado durante la primera batalla contra la pandemia. Aunque el riesgo de que pueda ocurrir un repunte mayor no se desestima completamente, ya que todavía no se ha superado la primera oleada.

La explosión de personas movilizándose en las calles causa preocupación en las autoridades sanitarias. Los hospitales comenzaron nuevamente a aumentar su actividad, aunque con la tranquilidad de que hay una mayor cantidad de camas disponibles. Por ello, el mensaje de no bajar la guardia se ha reiterado con más ahínco a la población.

“La ciudadanía tiene que mantener las medidas de prevención. Tenemos que cuidarnos y proteger a nuestros adultos mayores. Que en nuestras decisiones prime la conservación de la salud”. Así habló la ministra de Salud, Pilar Mazetti, tras anunciar que el sector analizará las implicancias de la mutación del virus en Europa, el cual se presenta en un momento cercano a la Navidad y Año Nuevo. Sin duda, la pandemia deja grandes lecciones al país en estos 10 meses y merecen ser reflexionadas para evitar escenarios de tragedia.

La crisis del virus

Las alarmas se encendieron en el sistema de salud cuando se tomó conocimiento de los primeros casos sospechosos de coronavirus en el Perú, a mediados de enero. Tres ciudadanos chinos que partieron de Wuhan y una peruana se sometían a pruebas de análisis molecular. Los resultados habían arrojado negativo y los pacientes fueron dados de alta después de permanecer en cuarentena.

El primer caso se reportó el 6 de marzo, en Lima; al día siguiente la enfermedad ya se había expandido fuera de la capital, detectándose a un joven infectado en Arequipa. Los sistemas de salud intentaron contrarrestar el virus, pero no lo consiguieron y la enfermedad siguió expandiéndose. A la semana siguiente, el 15 de marzo, el gobierno decretó el inicio del confinamiento y estado de emergencia, el cual se prolongó por más de seis meses en algunas regiones. Si se aplicaron medidas rigurosas ¿cómo se explica que la pandemia creciera hasta alcanzar esa magnitud?

“El primer caso peruano es del 6 de marzo, pero si uno mira a detalle la información de fallecimientos en domicilio, ya había un exceso respecto del año 2019, desde la última semana de febrero. Si este exceso se desagrega por grupos de edad, no son pocos fallecidos”, explicó el médico especialista en Salud Pública, Luis Cordero, durante una ponencia del Consorcio de Investigación Económica y Social, en la que analizó las lecciones que dejó la pandemia en el país.

Para la segunda semana de febrero se espera unos 20 fallecimientos, pero se habían presentado 40. A la semana siguiente se registran 80 y a la otra 100. “Había una tendencia franca de rápido crecimiento en personas mayores (…) lo llamativo era de que todas estas muertes eran domiciliarias. Entonces, uno sospecha que tal vez, posiblemente, antes del 6 de marzo ya tendríamos muertes que podrían atribuirse al covid por este comportamiento”. Aunque, su análisis no es concluyente ya que aún faltan datos, él señala que una de las primeras lecciones que dejó la pandemia ha sido la necesidad de reforzar el sistema de vigilancia epidemiológica y transitar a una de salud pública, optimizando la recopilación de información, utilizando la vigilancia digital, y sofisticar los datos de la enfermedad para su análisis y toma de decisiones.

Otro aspecto que llamó a reflexión fue la oportunidad de las medidas de restricción para evitar la transmisión del virus. “Se tomaron las medidas más duras de restricción, pero tal vez no en la oportunidad debida”, agregó Cordero. Asimismo, dijo que estas acciones debieron ser implementadas tomando criterios propios de cada región, sustentados en información, para saber qué actividades podían cerrar minimizando así los daños y pérdidas económicas, lo cual no pudo lograrse.

Las reacciones ante la pandemia

En Arequipa, la pandemia se presentó el 7 de marzo. Un joven de 29 años que estuvo en Reino Unido había dado positivo a la prueba. El sistema de salud no se encontraba preparado en ese momento y las autoridades se confiaron y tardaron en tomar decisiones.

“Las autoridades de la gestión no tuvieron las competencias para enfrentar la pandemia que en la práctica nos dio dos meses de tregua, porque ya se veía lo que pasaba en Europa, luego en Iquitos y en el norte (del país). Las diferentes instituciones, no solo el Colegio Médico, sino la Defensoría del Pueblo, entre otros, exigían un cambio, alguna modificación. Al final se tradujo en una intervención del Ministerio de Salud, se puso el orden que se necesitaba”, señaló a El Búho el decano del Colegio Médico en Arequipa, Javier Gutiérrez.

La pandemia se enfrentó sin un liderazgo claro de parte de sus autoridades. La conformación de un Comando Operativo Covid que se encargue de impulsar las coordinaciones y el diálogo entre las diferentes entidades permitió definir lo esencial, que era contar con un plan de acción conjunto contra el covid-19. Pese a contar con el documento, sin embargo, no se logró implementar lo que se plasmaba en los planes.

Si bien la población acató los primeros meses la orden de inmovilización, la precariedad del empleo sumado a la necesidad de las familias de subsistir, empujó a las personas a dejar el confinamiento. Para fines de mayo y principios de junio los hospitales habían colapsado de enfermos. Y para julio y agosto habían perdido la vida mil 373 personas, llegando incluso a rozar los 40 fallecimientos diarios. El pánico se hizo mayor con la carencia de oxígeno provocando que los enfermos fallezcan solo por la falta de este elemento.

Cordero indicó que no se trató solo de un asunto logístico. Faltó la autoregulación del mercado, los proveedores se habían repartido el oxígeno y se había generado dificultades en el abastecimiento.  Asimismo, la logística del Estado, la necesidad rápida de incrementar el personal, no iba con esa agilidad que se requería. Se presentaron dificultades para trasladar personal del sur al norte en días, entregar las compensaciones y bonos y la competencia que se generó entre instituciones que ofrecían más pago que otras.

En este aspecto, la región Arequipa afrontaba un déficit de personal de 2 mil 500 profesionales en el sector salud, según reveló el propio gerente de salud de ese entonces, Leonardo Chirinos. La falta de especialistas para las áreas de cuidados intensivos sacaba a relucir esas grandes debilidades: se tenía registrado apenas 36 médicos intensivistas, tanto en el Minsa como Essalud. Se suplieron las deficiencias con especialistas de otras ramas. El decano del Colegio Médico ha señalado que la pandemia ha dejado una gran lección sobre la necesidad del recurso humano y que ahora se pretende desaprovechar al despedir a los profesionales que se contrataron con mucho esfuerzo.

Además, la capacidad ejecutora de la gestión también fue insuficiente. El Gobierno Regional de Arequipa había tenido dificultades para contratar bienes y servicios. Asimismo, durante la emergencia se requería aumentar la velocidad de los trámites, pero el propio sistema de gestión no estaba diseñado para eso, ha expresado Cordero.  “Hemos tenido serias dificultades como para articular una respuesta del Estado y de la sociedad común ante este desastre”.

Darle la vuelta

Ante el aumento leve de casos y la posible presencia de una segunda ola; ha sido positivo que se tenga elaborado un plan de respuesta ha señalado Gutiérrez. De esta manera se planea dar vuelta a la tortilla. Pero lo más importante es que el diseño de las acciones pueda finalmente aterrizar en la realidad y reforzar lo que ya venido funcionando.

Sin embargo, la presencia de algunas voces que no van en sintonía con lo que acuerda la mayoría podrían llevarnos nuevamente a atravesar otro proceso doloroso sin haber aprendido nada. El verano será uno de los mayores retos que se enfrente este próximo año en esta lucha contra el coronavirus. La pandemia le costó la vida a más de 2 mil 300 personas en Arequipa y más de 37 mil 200 en todo el país; ha destruido familias y ha golpeado duramente al país.

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Centrarse en la esperanza de una vacuna que aún no se define cuándo llegará, no resulta lo más aconsejable. Las autoridades insisten en que la mejor defensa con la que se cuenta ahora es la prevención; para superar esta enorme piedra que se ha puesto en el camino.

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