Pepe Le Pew debe reinventarse excluido

"Se ha dicho que el popular personaje de caricaturas, Pepe Le Pew, normaliza conductas de acoso y es cierto, aunque a los fans del zorrillo francés nos duela aceptarlo"

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

Se ha dicho que el popular personaje de caricaturas, Pepe Le Pew, normaliza conductas de acoso y es cierto, aunque a los fans del zorrillo francés nos duela aceptarlo. Sin embargo, el remedio no debería ser la cancelación del dibujo. La censura, como respuesta a situaciones de manejo dañino de los medios de comunicación, suele tener efectos contraproducentes. En primer lugar, quien censura se convierte en villano y aquello que se censura pasa a ocupar el lugar de víctima, debido al razonamiento maniqueo que abunda hoy en día.

Entonces, lo censurado comienza a tener defensores, en lugar de percibirse como algo negativo. En segundo lugar, se desaprovecha la oportunidad de corregir el daño provocado por aquello que se censura. En el caso específico de Pepe Le Pew, lo que hay que corregir es el mensaje que avala el acoso como forma aceptable de establecer relaciones de enamoramiento. Entonces, mejor que retirar al apestoso zorrillo de las pantallas, sería mostrar un cambio en su conducta. Pensar que el personaje perdería gracia con el cambio es tan lamentable como admitir que la única forma de ser galante es el acoso.

La cancelación de Le Pew ha motivado que se pida medidas similares para otros personajes que también refuerzan conductas negativas, como el racismo o violencia; y aunque no faltan argumentos, el asunto va tomando forma de cacería de brujas, con el patrocinio de ACME. La situación da pie a que, nuevamente, se enfilen baterías en contra del feminismo, acusándolo de intolerante, irracional y hasta pacato. Las críticas bien podrían responderse desde cierto sector del feminismo radical; pero, ciertamente, no describe a todos los feminismos.

Recordemos que el feminismo, en todas sus variantes, sugiere cambios y la historia de la humanidad no se caracteriza por aceptar cambios sin previo pataleo. Aprovechar todo espacio para ridiculizar al feminismo es parte de estos pataleos, como también lo son las distintas reacciones de rechazo frente a quien nos dice que algunos de nuestros personajes entrañables de la infancia eran violentos y acosadores. Cuesta aceptarlo, pero hay que hacerlo; lo cual no quiere decir que troquemos nuestros infantiles cariños en odio, sino que comprendamos el cambio de contextos y favorezcamos el cambio.

Chuck Jones, el creador de Pepe Le Pew, relató que la inspiración para su personaje fue un colega suyo, el escritor Tedd Pierce; a quien describe como un “mujeriego” que siempre creía -equivocadamente- que era correspondido por las mujeres a quienes pretendía. Era 1945, cuando apareció el gracioso zorrillo francés caracterizado por su constante búsqueda de romance y se convirtió en uno de los personajes animados favoritos de la Warner Bross.

El objeto de su deseo era una gatita negra a quien Pepe confundía con una hembra de su especie, porque recurrentemente le caía pintura blanca en su lomo; formando la línea blanca que caracteriza a los zorrillos. La gatita Penélope ofrecía siempre fuerte resistencia, lo que no detenía al “galán” quien, por el contrario, interpretaba cada rechazo como una muestra de amor. Allí radicaba buena parte de la comedia. Y teniendo en cuenta aquella época, podemos entender que es el tipo de humor que se basa en la ridiculización de lo cotidiano. Pero, basándonos en la época actual, no debería ser difícil entender que es tiempo de reformular ciertos esquemas mentales que nos permiten reírnos de situaciones que trivializan la violencia.

Durante décadas, personajes como Le Pew han sido celebrados porque desconocíamos la dimensión del daño que pueden causar los modelos de violencia en la mente de los niños. Ahora que los sabemos, no podemos dejar que todo siga igual; debemos encontrar fórmulas de cambio que nos impidan caer en la satanización y la censura.

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