¿Cómo se reinventa una picantería?

La pandemia no ha hecho excepciones y picanterías como La Tía Mery han pasado por meses muy duros. En medio de las dificultades, nuevos aires soplan para doña María Rodríguez Linares, quien ha descolgado el delantal, después de un tiempo, para seguir sirviendo a sus clientes con la dedicación que acostumbra.

Reportaje
La Tía Mery: ¿Cómo se reinventa una picantería?

Ahora que ha vuelto a prender el fogón de su cocina, la Tía Mery siente que la fortuna le ha tocado de nuevo las puertas. Es feliz de una manera diferente a como lo era cuando conseguía que la distinguieran por sus deleitables guisos. Su felicidad actual corresponde a la determinación que la anima a seguir sosteniendo su picantería.

Comenzaremos por señalar que nuestra entrevistada tiene 87 años de edad y es una de las picanteras más versadas de la cocina arequipeña, con más de seis décadas de tradición culinaria. María Rodríguez Linares, que es su nombre completo, es la propietaria y fundadora de la picantería La Tía Mery. A pesar de la inesperada y crítica situación, logró sobrellevar el estrés de la pandemia, sin sucumbir a la enfermedad que, bien lo sabe, se ha llevado la vida de varios conocidos suyos.

El covid-19 la afectó profundamente. A tal grado que siente haber envejecido aún más y ya no tiene las mismas energías de antes que la mantenían muy activa en la cocina. “De un momento a otro nos cerraron. Yo me he deprimido mucho, me he envejecido. Yo estaba acostumbrada a trabajar, a ganarme mi dinero y no recibir nada”, subraya. Las picanterías, como otros negocios, se vieron obligadas a dejar de atender por más de medio año debido a las medidas de restricción. Luego, algunas no se atrevían a reabrir porque la epidemia seguía causando estragos en la ciudad. Ese es el caso de La Tía Mery que reanudó sus servicios recién en julio último, ante la ferviente demanda de sus comensales.

Las pérdidas económicas en este sector aún son incalculables. Los restaurantes quedaron con las mesas vacías, los clientes se redujeron en un 100% los primeros meses de encierro y tuvieron que despedir a su personal. Aquellos que se atrevieron a seguir tuvieron que adecuarse buscando otras alternativas como el delivery para evitar un cierre definitivo. En el caso de La Tía Mery, perdió parte de su capital y debió quedarse solo con el personal indispensable para seguir operando.

La Tía Mery presentando su especialidad, la sarza de machas

Al principio la familia se mostró escéptica y con temor de que María pudiera contagiarse. Reabrir la picantería representaba un alto riesgo para su vida. Así que esperaron a que recibiera sus dos vacunas y esté más recuperada de la caída que tuvo meses atrás y por la que ahora debe usar un bastón para caminar. Por más que trataron de disuadirla, nadie pudo con su “terquedad” y finalmente cedieron a su pedido.

“Yo me siento orgullosa de tener este negocio”, comenta.

Era por la década de los 60, cuando se hizo cargo del comedor que funciona dentro de la comisaría de Palacio Viejo. “Trabajé como concesionaria como 20 años y por el año 84 me retiré”, relata. En aquella época había quedado viuda y tenía a su cargo cinco hijos, a los que tuvo que sacar adelante sola. Su esposo le había dejado unas chacras de las que se hizo cargo para mantener a su familia.

Dos años más tarde, la hermana de su mamá, Elvira Linares Bejarano, que era picantera, la fue a visitar a su casa y le propuso abrir un restaurante y trabajar independientemente. “Esta tiíta me dijo: hijita, aprende este negocio para que te pongas tu mandil y te pongas tu plata en el bolsillo y cuando tú quieras una cervecita, te metes la mano al bolsillo y no esperes la voluntad de tus hijos”, recuerda.

Elvira Linares le enseñó también a preparar la ‘Sarza de Machas’. Este es un plato bandera hecho a base de este molusco combinado con cebollas, tomate y acompañado de papas sancochadas y una rodaja de rocoto. Es uno de los más buscados dentro de la carta y él llegan a visitarla incluso extranjeros

Su cocina es apreciada también por otras exquisiteces como el rocoto relleno, cuy, chicharrón de camarones, tamales arequipeños, loritos con su cau cau y sus deliciosas sopas. En el 2013, durante su participación en Mistura, la feria gastronómica más grande del país, sus deliciosas comidas conquistaron los paladares de los concurrentes.

Se ha ganado el corazón de su público, no solo por saborear sus suculentos platillos, sino también por su candidez y amabilidad con la gente. Ella los halaga soltando, de tanto en tanto, una que otra lisonja.

“Ay que linda es esta mesa llena de rosas y en medio los claveles que los admiran con amor y cariño”. Así me los halago a mis clientes, asiente la Tía Mery.

Sarza de marchas de la Tía Mery - picantería

El público se traslada hasta al cono sur de la ciudad, al distrito de Characato, donde está ubicada la picantería La Tía Mery, para degustar de la variada culinaria que aún conserva la sazón de las antiguas picanterías, razón por la que son consideradas Patrimonio Cultural de la Nación. Al visitar este restaurante, las personas pueden sentirse seguras, ya que cumplen todos los protocolos sanitarios, desde la puerta de ingreso hasta la mesa.

En la actualidad, las picanterías también se han puesto acorde con la tecnología. Acudieron a las redes sociales como Facebook para acercar sus cartas a los clientes. Durante el mes aniversario de Arequipa y a lo largo del año, han preparado una serie de actividades que invitan al público a visitar y degustar de sus exquisiteces. La Tía Mery es más feliz cada vez que ve una mesa ocupada. “A veces el cuerpo no puede, pero tengo todas las ganas de seguir trabajando”, proclama.

El Búho, síguenos también en nuestras redes sociales: 

Búscanos en FacebookTwitterInstagram y YouTube

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE