Arequipa: identidad cultural mestiza

La explicación del arequipeñismo recalcitrante y del regionalismo intransigente se encuentra en la identidad cultural de la ciudad blanca.

Cultural
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(Semanario El Búho, 17 de julio del 2003) Tenemos ya evidencia en la investigación histórica que Arequipa es llamada “Ciudad Blanca” por el color de las bóvedas de sus casonas y templos, construidos con sillar -tufo volcánico- como se desprende de las pesquisas de Sarah Chambers sobre los matices sociales de Arequipa; y los de Frederick Wibel sobre regionalismo arequipeño, alrededor del siglo XVIII.

No hubo en Arequipa una aristocracia con títulos nobiliarios, ni hubo grandes riquezas. Un buen ejemplo de ello es la investigación que sobre la familia Goyeneche ha realizado Carlos Malamud, a la que se agrega la de nuestro paisano y amigo Fernando Ponce: las propiedades de terrenos agrícolas de los Goyeneche llegaron apenas a 300 topos entre todas las que poseían aquí.

Arequipa se formó desde su fundación española en 1540 y probablemente años antes, como una sociedad mestiza en lo racial, tal como sucedió con todo el mundo andino con la llegada de los invasores hispanos. Es verdad que el mestizaje produjo en esencia, una nueva realidad humana y racial, representada por el Inca Garcilazo de la Vega, cusqueño de nacimiento.

En Arequipa se forjó además una singularidad cultural desde los años coloniales. La arquitectura tanto civil como religiosa, construida sobre estructuras de origen europeo occidental y ornamentadas con motivos andinos; ha resultado ser el símbolo material de la fusión entre lo andino y lo hispano, dando lugar a una arquitectura que, póngase el nombre que se le ponga, es mestiza en su profunda esencia. Las portadas de los templos arequipeños, del valle del Colca, y de las riberas del Lago Titicaca, acusan la influencia del estilo arequipeño. Los estudios sobre el abismo evidencian que sus elementos de originalidad le sirven como medio de identificación entre los del mundo. Los valores estéticos y arquitectónicos encerrados en nuestra arquitectura son materia de reconocimiento por los estudiosos más reconocidos en la materia.

No sólo la arquitectura es mestiza en Arequipa, lo es también el habla popular, de origen campesino de los «characatos», que ha sido estudiada por Francisco Mostajo señalando su contenido de quechuismos, arcaísmos y cholismos Un diccionario de arequipeñismos fue recogido en 1816 por el Arcediano Antonio Pereyra y Ruiz; y algunas voces por el sacerdote José María Blanco en 1835.

Más cercano a nosotros el sociólogo Juan Guillermo Carpio Muñoz ha publicado otro diccionario que demuestra la persistencia en el uso de voces arequipeñas. La afamada comida típica arequipeña es también mestiza en la profusión de sus sabores e ingredientes en los que están presentes las humildes hierbas del campo y los productos occidentales; el restaurante característico de Arequipa: la picantería, tiene sabrosas recetas para cada día de la semana: chaque, chairo, chochoca, chuño, pebre; entradas como las zarzas y los famosos ajíes de calabaza, de lacayote “con plegaria”, de coliflor, de repollo, habas; el adobo arequipeño tiene prestigio extraordinario, así como la chicha de maíz «la mejor del Perú», según el ilustre historiador don Jorge Basadre.

La música arequipeña tiene un lugar prominente entre las del Perú. Arequipa es la cuna del mestizaje musical peruano, según la opinión del musicólogo Amando Sánchez Málaga; el yaraví, la pampeña, el pasacalle, el chancapapas son formas de baile mestizo que no se hallan en otras realidades.

La religiosidad popular ha convertido en síntesis mestiza el culto a la Virgen María. La Candelaria se venera en Chapi, en Cayma, en Characato, en Charcani. Nuestro afecto ha vestido a la madre de Jesucristo con las galas de la mujeres campesinas de Arequipa y los fieles se dirigen a ella como «mamita», que es una expresión de mucho respeto y de hondo afecto en Arequipa.

Resulta así que Arequipa, tiene una identidad cultural que es de naturaleza mestiza, resultado de un hondo proceso de aculturación y de relación entre elementos occidentales andinos. Esa identidad forma parte de la conciencia de nuestro pueblo lo que da sentido al regionalismo del que estamos tan ufanos. Nos sentimos diferentes porque tenemos conciencia de tener estos valores mestizos que son distintos a los de otros pueblos.

No es que no nos sintamos peruanos, por haber nacido arequipeños, sino que afirmamos lo nuestro, que no es pintoresco, sino mestizo y probablemente este mestizaje cultural sea una de las vías que facilite la construcción de una identidad nacional que debiera ser también mestiza, en un país pluricultural y multilingüe como es el Perú.

El mestizaje ciertamente es un concepto y una categoría racial, pero, como afirma J. A. Del Busto, por extensión puede aceptarse que existe un mestizaje cultural, que hemos intentado señalar aquí como característico de la identidad arequipeña y como contenido de nuestro regionalismo.

Si sumamos a ello la señera presencia histórica de Arequipa como «ciudad representativa de la República»; si consideramos los términos del Elogio de Arequipa de José Luis y Rivero; y loa a la «Imagen y Leyenda de Arequipa» de Edgardo Rivera M.; o los de Mario Polar; y si leemos las páginas de las memorias del Deán Juan Gualberto Valdivia sobre las revoluciones de Arequipa; comprenderemos cuánto nos identificamos con ésa historia, con el paisaje y la tradición de Arequipa que, en su esencia es una identidad cultural mestiza.

Texto: Eusedio Quiroz Paz Soldán

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