Burbujas de acero

“Mirarse al ombligo” es una frase muy peruana que se usa para referirse a una sociedad que no mira más allá de sus fronteras culturales o históricas, es decir, de sus burbujas.

Trocha urbana

Muchas personas pueden pasar la vida sin ver más allá de sus narices, interpretando el mundo con la única referencia de su experiencia personal y los límites de su entorno social cercano. Eso es a lo que, comúnmente, se llama: vivir en una “burbuja”. No solo ocurre a nivel personal sino también colectivo. “Mirarse al ombligo” es una frase muy peruana que se usa para referirse a una sociedad que no mira más allá de sus fronteras culturales o históricas, es decir, de sus burbujas.

En los últimos años, esa burbuja se ha digitalizado gracias a los famosos algoritmos de las redes sociales que, como bien se sabe, retroalimentan nuestra red de contactos con personas que están en un espectro similar de pensamientos, gustos o costumbres. Pero, con la virtualización, las burbujas parecen más sólidas e infranqueables; con personas cada vez más renuentes a aceptar que exista mundo más allá de sus fronteras mentales. La política peruana en redes es un vívido rastro de ello.

Existe en Twitter (la red social política por excelencia) dos realidades opuestas y defendidas con igual encono por sus adeptos, como si se trataran -cada una por su lado- de verdades universales. En uno de esos mundos paralelos, Fujimori es el mejor presidente de la historia del Perú; Vizcarra fue un dictador; Sagasti, un usurpador; Merino de Lama, un patriota; y hasta Morales Bermúdez, un defensor de la democracia.

En esa orilla de la realidad, además, siempre nos han gobernado los caviares y Pedro Castillo le robó la elección a Keiko Fujimori con hábil fraude; aunque, los caviares nunca hayan ganado una elección y profesor chotano sea considerado un cero a la izquierda. Sus convicciones no impiden sus contradicciones. En otro plano, están los que reniegan del sistema. Manifiestan aversión por todo aquello que tenga que ver con el capitalismo y se aferran a la palabra “pueblo”, como un mantra; para explicarlo todo, por encima de cualquier evidencia fáctica. Adicionalmente, en algún rincón de los multiversos, estamos los que no creemos ni en lo uno ni en lo otro.

Si bien las redes no son un reflejo pleno de la realidad concreta, lo virtual se ha constituido en una realidad paralela que no debemos perder de vista. Lo concreto es que nuestro país se encuentra polarizado; pues no olvidemos que el actual presidente ganó las elecciones en segunda vuelta, con apenas 0,25% de los votos válidos; y que su proclamación tardó semanas debido a la oposición de grupos de poder que representaban a un porcentaje muy alto del electorado. En este punto, podría entenderse la coexistencia de las dos realidades antes mencionadas; lo peligroso es que ambas realidades se consideran únicas.

Son muchos los detalles que dejamos de ver cuando nos aferramos a nuestras burbujas y es a partir de ellas que, hace tiempo ya, los peruanos comenzamos a levantar muros cada vez más difíciles de superar. Y ese es uno de los grandes problemas del país.

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