1984. Un viaje por carretera en Wisconsin. Cuatro punkies desastrados a bordo de una camioneta intentan dar con el nombre adecuado para su siguiente álbum, en el que han logrado un viraje significativo del hardcore punk adolescente y ruidoso a melodías explosivas y creativas de tinte algo más maduro. Habían encontrado una voz que los definía y estaban exultantes. Dicho sea de paso, siempre lo estaban. La juerga y las risas eran sus fieles acompañantes allí donde se presentaran. Estaban tan felices y tan locos que, hartos de no hallar el título correcto, dijeron “Bueno, nuestro álbum se llamará como se llame la primera canción que suene en la radio”. La encendieron y lo que sonó fue Paul McCartney entonando su famoso verso “When I find myself in times of trouble…” Estaba decidido. “Let It Be”, como título, no sólo tenía un aire provocador sino serviría también como perfecta muestra de que estos muchachos, aunque hayan alcanzado la mayoría de edad como banda, todavía estaban predispuestos a la chacota y a la algazara.
Se les ocurrió en ese momento llevar la broma más allá y poner como foto de portada a los cuatro en fila india atravesando una calle de su natal Minneapolis. El sello Twin/Tone se negó. Si ya el título les había parecido algo ofensivo, una foto que parodiase la portada de Abbey Road lo consideraron inaceptable. Así que el fotógrafo del sello, Daniel Corrigan, instaló a los cuatro muchachos en el tejado de la casa de uno de ellos y listo, he aquí el nacimiento de una imagen icónica en el mundo del rock.
Para mí, “Let It Be” de los Replacements no solo es un álbum apasionado, chispeante y brutalmente honesto, es algo más. Es auténtica rebeldía, auténtico inconformismo juvenil. No olvidemos que aquel orwelliano año 1984, Reagan se lanzó hacia un segundo mandato ofreciendo como cebo para sus electores el elegante encanto de ser sólo un papanatas de derechas. Y con eso le bastó. Pero no ganó en Minnesota, barrió en el resto de estados, pero en la Minnesota natal de los Replacements no. Obviamente no me dejaré llevar por asociaciones simplistas, pero cada vez que escucho a esta banda no puedo olvidar ese detalle.
Y pienso también en la estridente cultura juvenil de los ochenta, en eléctricos peinados, atuendos estrafalarios y en el pop performático reciclable de aquellos años. Los Replacements fueron por una vía distinta. La voz hastiada de Paul Westerberg, el bajo potente y enérgico de Tommy Stinson, las rabiosas baquetas de Chris Mars y la guitarra llena de crudeza y actitud de Bob Stinson van en consonancia con la foto de portada: cuatro chicos de barrio vestidos con tejanos y zapatillas que están a la expectativa, a punto de saltar al vacío o a quedarse en el tejado para contemplar las estrellas, ¿por qué no? “Let It Be”, en todo caso, de ninguna manera nos anunciaba aquel “Morning in America” que el Partido Republicano traducía en idílicas postales de ensueño, como si los índices de pobreza y desempleo sólo fueran la ficción de algunos descreídos. Los Replacements no se tragaban el cuento. Para empezar, detalle importante que suele olvidarse: hicieron el disco que realmente querían hacer. Sobre el punk que abandonaron con “Let It Be”, Paul Westerberg dijo que “supuestamente era un mundo sin reglas en el que cada uno hacía lo que quería, pero había reglas. No podías hacer eso o aquello, y tenías que ser rápido, y tenías que vestir de negro, y no podías usar una camisa a cuadros con vuelo”. En ese sentido, “Let It Be” sería el álbum más “punk” que podía ocurrírseles o, dicho de otro modo, no hay actitud más “punk” que abandonar el punk cuando empieza a resultarte restrictivo.
Y el otro punto esencial del álbum es que, en una época en la que Estados Unidos quería (o exigía incluso) vivir de mentiras, The Replacements suelta sus verdades sin remordimientos. El disco que quisieron hacer para decir lo que querían decir. Y, como suele pasar, lo que querían decir era precisamente lo que la mayoría no quería escuchar: podemos fallar, podemos equivocarnos, podemos arruinarlo todo, no importa, somos jóvenes, estamos dispuestos a aprender. El despertar sexual, la timidez, la inseguridad, son cosas duras, pero nos atreveremos a superarlas. Sólo nos basta con un poco de comprensión, de tolerancia y con que no nos vendan cuentos.
La canción que llama más la atención por su mensaje directo y sin ambages es el sexto corte, “Androgynous”, una ardorosa defensa de la fluidez de género, una argumentación a favor de la tolerancia y un llamado a la superación de las normas convencionales, a menudo opresivas.
A diferencia de la mayoría de álbumes exitosos de los ochenta, “Let It Be” suena áspero, crudo, como si la grabación hubiera sido hecha en uno de esos “Local Customs” de los años cincuenta. Si “Let It Be” sonara como aquellos álbumes “grandiosos e hiperproducidos” tan corrientes en esa década, se sentiría una disonancia muy significativa. Felizmente no fue así. Y felizmente también, la banda nunca transigió con las exigencias de la mercadotecnia musical. A MTV le cantaron en su cara aquello de “Seen your video, that phony rock ‘n’ roll, We don’t want to know, seen your video, Your phony rock ‘n’ roll, We don’t want to know, We don’t want to know” (“He visto tu video, ese falso rock n’ roll, no queremos saber nada de eso. He visto tu video, tu falso rock n’ roll, no queremos saber nada de eso, no queremos saber nada de eso”). A tales picos llegó su fidelidad a sus principios que (creo) fue la única banda de rock vetada de Saturday Night Live. Es que, es más, tan fieles fueron al rock n’ roll que… ¡se saboteaban a sí mismos en sus conciertos! A lo Andy Kauffman, si se me permite una lágrima.
Vale la pena escuchar una vez más “Let It Be”. Vale la pena tomar el álbum en tus manos, mirar a la cara a estos cuatro muchachos de Minnesota y asentir suavemente con la cabeza: Sí, hubo un tiempo en que el rock n’ roll era así de bueno. Y de honesto.

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