El hombre tras los versos
Hace unos días cumplió 79 años. Nació el 13 de abril de 1947 en la comunidad campesina de Jisse, Jauja, en la punta del cerro, porque su madre era maestra rural en ese lugar, aunque su inscripción oficial registra el 15 de abril.
—Soy jaujino de raíz —dice orgulloso.
Hijo único de la maestra jaujina Juana Antonieta Falconí Olivera y del docente universitario César Ricardo Castillo Camaguali, ‘Shejo’ reconstruye una infancia marcada por la ausencia paterna y la presencia absoluta de su madre.
—Somos muchos hermanos de padre. Papá no vivió conmigo, fui resultado de una de sus tantas aventuras real y buena con mi madre. Bueno, porque me dio estudios. Muy estricto y disciplinado. De vez en vez se aparecía y me cuadraba, me decía hay que ser buen estudiante para ser buen ciudadano.
Sergio Castillo atribuye su formación académica a dos figuras centrales: su madre y su tío ‘Tatita’ Máximo Pecho Salas, anarcosindicalista, dueño de la librería jaujina Armonía y distribuidor oficial del periódico Amauta de José Carlos Mariátegui.
Su primaria la cursó con su madre hasta el tercer grado en la escuela de Tingopaccha; luego pasó al 500 de Jauja. La secundaria la inició en Lima, pero tras el llamado de atención de su abuela, terminó sus estudios en el San José de Jauja.
—Ayudaba a mis tíos en el comercio de calzados de Julcán. Estudié pedagogía, especialidad historia y sociales en la Universidad del Centro del Perú. Pero estudié en otras universidades como San Marcos, San Luis Gonzaga de Ica, buscando qué hacer, porque me entusiasmaba por todo.

¿Y Antuca?
Le decía de cariño Antuca, Antuquita; no le decía mamá. La define como «un ejemplo de vida». Su partida, hace más de 22 años, fue «un duro golpe, mi sostén».
—No conversábamos mucho pero su buena vibra, muy querendona, muy recta, muy dura. Gracias a Dios y a mi madre me mantuve fino y culto, ella leía mucho. Estudió en el Champagnat. También de ella aprendí a cocinar.
Mi perro Tob, mi hermano de teta
Cuando nació don Sergio, su madre tenía mucha leche. Las señoras del campo recomendaron que amamantara a un perro. Así llegó a su vida Tob, un labrador marrón.
—Era mi pata de alma. Muy juguetón, travieso. Tuve que desaparecerlo —recuerda, con profundo dolor y al borde de las lágrimas—. Tob tenía 15 años y cayó enfermo. Un día conversando comenzó a llorar y le dije: sabes qué Tob, vamos a la chacra y te quedas. Dije ni más animales, pero aparecieron otros.
En una de sus estancias en Lima adoptó a una gatita blanca, ploma, negra y plateada que encontró en un mercado con la pata rota. La llamó ‘Mishisha’. De pelambre suave y gustos por los langostinos y las pecanas, la gata se convirtió en una compañera de ruta.
—Llevaba a mis andanzas por Lima a Mishisha en el bolsillo de mi gabán. Se hizo parte de la mancha del movimiento literario poético Hora Zero. Una horazeriana más. Mis amigos pitucos le dieron whisky, cogñac, cerveza. En un descuido mío se enamoró de un gato feo. Preñada fue mordida por un mono con rabia, y murió. Le hicimos un apoteósico sepelio. La enterramos en un jardín que hoy es el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Cuando paso por el lugar, me hago la señal de la cruz.
Desde hace 30 años no tiene animales de compañía. También tuvo gatitos, perritos y hasta una lora.
—Hace como 33 años de gratitud me regalaron a una lora pihuicha de cuello azul de nombre ‘Lola’. Era muy lisurienta, insultaba, era payasa. Un día la robaron de casa. Convivimos tres años. Me golpeó mucho y dije ni más. Tanta mala pata con mis mascotas, siempre se fueron de una y otra forma, tenía mucho dolor en el corazón. Fue un golpe muy duro. Entonces juré nunca más tener mascotas porque me dolían mucho, perderlas me destrozaba el alma. Por eso ahora estoy solo sin mascotas, no me animo a tenerlas. Pero aprecio y aconsejo para su buena crianza.
¿Cómo se describe?
Piensa. Guarda silencio.
—De escritor tengo bastante. Soy un amante de la vida y sus cosas buenas. ¿Qué diría de mí?: Un hombre humano, un hombre salvaje, terrible, cerril porque también hay de eso. Soy un pataperro, soy un caminante, me gusta mucho caminar, conozco los extramundos, experiencia rica de conocimientos.
¿Por qué ‘Shejo’?
—Mi familia me dice ‘Shejo’, de Sergio. Otros derivan y me llaman ‘Checo’. Mis patas como ‘Los Datsun’ me dicen Palito porque soy derechito. También me llaman el Indio porque mis hermanos eran blancos, y yo más cetrino. Y mi gusto por andar sin zapatos, me siento más fresco, solo me puse zapatos porque usted visitaba.
¿La vida?
—Para mí es muy oscura, pero en esa oscuridad hay una brillantez, como al cerrarse una habitación hay un huequito por donde entra la luz del sol, uno se ilumina.
¿Quién es la luz?
—Es el amor de las personas que saben amar, que te prenden la luz cuando estás en la oscuridad de la soledad, de la enfermedad, de la cárcel.
En las noches contempla las estrellas del cielo del valle.
—Digo que mínimo somos frente a la inmensidad del creador del universo.
El izquierdista
¿Religioso?
—Toda mi familia se golpea mucho el pecho, muy católico. También yo, pero tengo mucha respeto por la forma de creer de la gente. No soy estrictamente católico. Leo el Corán, la Torá, a Confusio. Me alimento de ello. Hay un absoluto, un solo dios, un solo arquitecto.
¿Ateo alguna vez?
—Nunca fui ateo, quizá muy joven blasfemaba. Un poco ahora. Sí creo. Tengo otra misión. Al mirar las estrellas me pregunto ¿qué somos?
Políticamente ¿cómo se define?
—De izquierda, anarco. Soy de la izquierda radical. Camino por Mao Tse Tung. He pasado mi vida peleándola desde la universidad para que vayan bien. Nunca me corrí. La palabra debe ser tu acción y tu acción debe ser tu palabra. Y si empeñas tu palabra, la empeñaste. Así te mueres, defiende tu palabra, incluso si mentiste, debes mantener tu mentira, porque la mentira es la hermana de la verdad.
¿Cómo ve el futuro de la izquierda?
—Victoriosa.
¿Algún izquierdista consecuente?
—Luis de la Puente Uceda.
¿Vladimir Cerrón?
(Se queda pensativo. Sonríe.)
—No me pregunte.
¿Cómo ve el futuro del Perú?
—Con mucho entusiasmo. La cultura peruana es milenaria. Somos proceso. Volveremos al ninapuquio, agua y fuego.
Poemas que marcan un hito
¿Poemas que marcan un hito en su vida?
—Pregunta difícil. Hay cosas que uno logra, explica, y cita de memoria su poemario «Soy un exrevolucionario de café», que define «mi línea conservadora con la poesía de los 70».
—Pero luego tengo actividad más identificada con gente en la acción guerrillas, de manera tangencial no directa, y luego logro un trabajo burocrático y dejo de ser revolucionario. Me convertí en un revolucionario de café.
Recita:
«Soy un ex revolucionario de universidad. Ex incendiario de carritos lindos/ …./ Creo haber olvidado mis primeros días/ de escuelita blanca en una comunidad campesina./ Ahora trabajo para el Estado, me pongo corbata y uso calcetines./ Me lustro los zapatos./ Soy un funcionario y me llaman ingeniero, doctor./ … Me gusta ser un buen títere de mis propios apetitos, por eso/ que de tiempo, en tiempo, en tiempo almuerzo en el Olímpico,/ me junto con los pituquitos (…) Es tan difícil, con tanto estudiante rabioso, con tanto intelectual/ de izquierda, con tanto poeta comprometido con la revolución, con las justas/ reivindicaciones del pueblo, que difícil es ser burgués,/ por eso mi camino es de arribista, del solapero, del sabido/ porque en la universidad fui dirigente comprometido y ahora/ desde una oficina estatal trato de quitarle sus buenos deseos a mi vecino».
Poema de un Testimonio de un Revolucionario de Café
¿Son Cerrón, Sánchez y muchos que se dicen ser de izquierdas revolucionarios de café?
Sonríe.
—A cada rato, en cada sitio se encuentran, y no estudian y me da pena que sean marxista, leninista maoístas pero no estudian. Solo han agarrado el conocimiento como decía Mao de cliché, de cita, y un estudiante de cita no vale, tiene que estudiar todo bien hecho bien metido en la cabeza por eso no comprenden el proceso de ahora.
Luego advierte:
—Todos estos señores no saben cómo se está desarrollando el monstruo del capitalismo que está en manotazos de ahogado, que nos trae cola y si nos sabemos nadar nos va a chicotear unos 20 años y después de esto sí viene, viene lo nuestro.
El músico
Charanguista en Tiahuanaco 2000
En Lima hizo música experimental con instrumentos precolombinos con su grupo Tiahuanaco 2000. Narra con orgullo que tocaba el charango en la calle, «cuando la gente tenía vergüenza soplar quena».
—Con Gerardo García y Martín Fierro, enamorábamos a las chicas con serenatas con quena, charango y poesía.
¿Charanguista?
—Aprendí de mi hermano mayor. Me trajo la alegría de ganar un premio internacional de viajar alrededor del mundo durante 96 días en un trasatlántico como folklorista.
Comenta que desde su accidente en el 2001 dejó de tocar. Su sensibilidad fina ya no le sale, y cuando visitaba al Espigón le pedía a Pío Altamirano que lo deje tocar algo.
—Me hicieron como una trepanación, hablan mis cicatrices. Perdí una vista y me dejaron hundido el ojo, y preferí usar un parche como pirata. Me alejó de la música, pero no me alejo de la escritura, sigo escribiendo desde que arranqué.
Rockero y chichero siempre
Se declara «hincha de Pink Floyd, Led Zeppelin, Bob Dylan. Soy sesentero. Me pintaba el pelo como Elvis Presley, imitaba su peinado y bailaba como él, El rock de la cárcel, y cantaba Let it be de los Beatles, todo un himno para mí».
Conoce la escena rockera de Huancayo: Los Saicos, Los Datsun y La V Rebelión.
¿Y la chicha?
—Fui pata de Chacalón. Pregunten a Chapulín de los Shapis y su viaje a Francia representando a la música contemporánea.
Apostó por la música chicha cuando era considerada «como producto lumpen y música de los narcos». Ante las críticas del antropólogo José Vilcapoma, le dijo:
—La chicha es nuestro ritmo, poco a poco va a tener su forma, y comparaba con los tangos que nacieron en las casas de citas de Argentina.
Para él, la música chicha es «música tropical andina». Ese nombre lo puso Chacalón cuando dijo que «la música baja de los cerros». El poemario Odoodoodo de profundis es un homenaje a Chacalón con «la poesía baja de las cordilleras».
Recita:
Odoodoodooodo
no es huera copla
es verso musicado
sentido veraz de sentimiento
sumado sumido
Dos por uno
ñoga comunal
por todos a fin y al cabo.
Bajada/huayco de cerro
Tropical andina chacalonera
Poema 5 de Odoodoodo (2022)
«Keiko y Porky aprovechan el impacto de la chicha»
Shejo reafirma que el ritmo chicha prevalecerá y se consolidará. «No morirá sino crecerá en todo el mundo».
—Hasta los pitucos bailan chicha. En esta campaña vi a Keiko Fujimori y a Rafael López «Porky», bailando chicha. Aprovechan del arte porque también sirve para aprovecharse, para hacer negocio. Con el arte se puede hacer muchas cosas y uno de sus puntos es hacer buen negocio. ¿Nuestros huaynos y huaylarsh no se han convertido en una mercancía cultural? El Ministerio de Cultura tiene una línea llamada industria cultural.
—Los tiempos cambian. Hay diversidad de conceptos de la cultura. Somos gente que cambiamos. Los tiempos cambian. Lo que hoy digo, quizá mañana lo estoy cocinando.
¿Qué canción le remueve las entrañas?
—«Soy muchacho provinciano» de Chacalón. Los ochenta y noventa tiempos difíciles cuando nos quedábamos atollados en los corralones con los toques de queda a las siete de la noche, y era cuando realmente comenzaba la fiesta. Imagínese ver a Chacalón no recordarse las letras de las canciones de lo bebido que estaba y pronunciaba odoooodooodo, y yo estoy escuchando, por eso el título de mi libro.
El «Palito» Castillo confiesa su fascinación por Corazón Serrano y que baila «como le da la gana, solo siente la música y ya».
El poeta
Obras
Ya perdió la cuenta del número de poemas escritos. Sí recuerda sus poemarios publicados: Identidad nuestra (1967), Un gato borda un barco (1971), Saudade (1997), Mariana (1999), Silvestre Morada (2001), Después de la séptima puerta (2011), Kiswar (2014), La encina y los años (2016), Odoodooodo de profundis (2022), y en imprenta, Odoodooodo dos.
—Antes de aprender a escribir, aprendí a leer. ‘Antuca’ me quipichaba a la espalda con una manta jaujina mientras enseñaba a sus alumnitos. Escuchaba sus clases de silabeo y así iba aprendiendo a leer. Ya luego, siempre me salió lo de escribir. Me recuerdo ya maltón, cuando empecé a escribir para mis amores.
La Hora Zero de Shejo
Sergio Miguel Castillo Falconí se unió en 1978 al movimiento cultural antiacadémico anarquista Hora Zero, que surgió en los años 1970 en Lima con jóvenes poetas e intelectuales de la época.
—Fuimos poetas y literatos antiacadémicos, antiargollas. Nace porque en los 70 del siglo pasado, en Lima habían poetas muy argolleros, solo entre ellos nomás compartían ideas, libros, con el prejuicio de no recoger el lenguaje de la calle. Nosotros no.
—Habrán mejores a Hora Zero, pero gente con entereza de un horazeriano, bien difícil.
«Xauxal, artes y letras»
El escritor junto a sus amigos formó «Xauxal Artes y letras» por los sauces llorones que crecen a orillas de los ríos, y porque Xauja es de mi Jauja. Cuenta que regalaban sus poemas escritos a máquina, mimeografeados, con los panes de la mañana en la panadería Iguchi.
¿Su propuesta en poesía?
—Como horazeriano, sin prejuicios del lenguaje de la calle, una de mis propuestas son los aportes de mi pueblo. Quisiera escribir como un poeta jaujino, jaujino, jaujino. Rescatar ese modo, esa chispa al hablar.
¿Y como poeta?
—Solo me considero un poeta, sencillo como el amor. He amado mucho, no solo parejas. El amor es por ejemplo acariciar a un gato.
¿Se nace talentoso o se hace?
—Cuando uno tiene una cualidad hay que achacarse a uno mismo. Todo mundo hace poesía, música, pero no lo captura, no lo siente. Las tejedoras se concentran. La cocina también es así, cada día es una aventura cocinar. Cocino tallarín a la bolognesa y me sale a la huancaína. Me salen muy rico las averjitas con carne.
¿Es un negocio redondo la venta de libros?
—Mis libros no los hago para vender, sino para difundir mi sentir. Mire, la poesía y el escribir está en todos nosotros, solo hay que tocar la puerta para darle la vuelta y fluir.
¿Poetas, historiadores de su admiración?
—César Vallejo, visité su tumba. Pablo Macera. También admiro y quiero a Waldemar Espinoza, fui su ayudante de cátedra.
¿Se considera el mejor poeta?
—Nunca tuve la intención de sacarle provecho a la poesía y ser el gran poeta. Me considero que me falta más, deseo llegar a la altura de los poetas chinos, japoneses que lograron en su ancianidad la consolidación de su poesía. Me falta más voluntad.
¿Le molestan las críticas?
—Me gusta que tengan una opinión sobre lo que escribo. Trato de no mentir, o son mentiras muy exquisitas para que las crean, porque el escritor también es un escritor de ficciones y de mentiras, principalmente cuando son habladores como digamos un Vargas Llosa que es un buen mentiroso.
¿Escribe para ser admirado o para fluir sus emociones?
—Comencé buscando ser admirado. Fui creído a mis 20, 23, 24. Luego me di cuenta que me faltaba cuando leo a Vallejo y no la agarraba. Me impactó Poemas Humanos. De Vallejo rescato Trilce, todo un ajedrez, cada poema es mucho más…
¿Hay todavía poetas con vena social?
—Hay buenas propuestas pero están en la borrachera de ganar fama. Son famosos, y ahora más con las redes que todo se convierte en «poesía nacional», «internacional», «el único» y se ganan esos títulos. En Huancayo hay buenos poetas que se merecen respeto. No digo nombres porque se van a pelear.
¿Por qué poetas, escritores se suicidan? ¿Por cobardes como se dice de un suicida?
—Por tanta sensibilidad que ya no hay, pero no es cobardía.
Su amigo el poeta Ricardo Quezada, días antes de suicidarse, estuvo en su casa.
—Lavó su ropa, planchó su ropa. No pensé que a los días lo encontraran en una casita del Caminito de Huancayo con una botella con veneno para ratas. No es cobardía, no es fácil agarrar una soga y colgarse.
El jaujino
¿Son los jaujinos, rajatablas?
—Nos dicen porque rajamos la tabla, porque tenemos rectitud, hablamos en serio; lo contrario es la palabra falso, si a un jaujino le dicen eres «falso» ello sí es toda una ofensa. Y hay jaujinos falsos.
¿Baila tunantada?
—De chuto. En Chutos y cullucaras de Gerardo García, uno de sus personajes soy yo.
¿Cuándo viaja a Lima, extraña Huancayo?
—Sí, extraño todo del Valle del Mantaro, desde el bus arribo suspirando. El olor es único, huele a tierra mojada, a junco, a capulí, a cactus, a flor de retama… en Lima mucho moho.
El visionario
¿La Inteligencia Artificial será mejor que un poeta?
—Con todo, la IA nunca va a superar la palabra. Cuando se dice te amo, la IA puede repetir millones de veces, pero que agarre el tuétano, el húmero, bien difícil. Siéntalo usted cuando alguien la toque y sienta.
¿El futuro del libro?
—El libro va a seguir porque un libro es un amigo, un compañero de viaje a todo sitio. Tengo celular y leo libros digitales, mensajes, pero no me siento a gusto.
Cada instante
¿La muerte?
—Ahora me ve entero y quizá pasado mañana me verá oliendo feo y deshaciéndome, ello es la muerte.
¿Hay miedo?
—No, porque hemos pasado una guerra (1980, 1990), y en esa guerra el que moría era porque se corría, yo no me corrí. Asumí una responsabilidad, vivo o muerto. Matar es malo, los que mataron tendrán en su conciencia, y los que vivimos podemos ser hipócritas, tontos, pero vivimos, escuchamos, vemos la vida…
¿Dónde descansará eterno?
—Que me entierren con la tierra, en el valle, en Jauja, ¿puede ser? O con el agua, me voy con el Mantaro. Tantas cosas… yo… para qué pensar…
Ahora le duele la pata. Antes no.
—Y hay dolores que se sienten no en el hueso, sino en el corazón adentro, muy adentro. Hay dolores que duelen por la conciencia. Se fue un familiar y uno no se pudo despedir bien. Ay miércoles, ¿por qué se fue? Así que escribas carta, ya es mentira, es falso. Debe ser en el momento. Por eso cada instante, cada momento… disfrutar las nubes, el olor, los techos, el cielo, las estrellas.
Recita:
Podré ahora diseccionar mis músculos, reconocer mis tendones,
abrir este cráneo
y verme antes que la carcoma
pudra estas carnes,
que hicieron del gozo íntimo sus efluvios
el deseo vital sus crepúsculo de oro,
el deleite de oír el canto de las aves
lindando el amanecer casto.
(Después de la séptima puerta, 2011)
¿Fue muy difíficil ser hijo único?
—Tuve otros hermanos de parte de padre que vivieron conmigo, no lo sentí mucho. Mi madre fue muy buena para unirnos, pero sí, ser hijo único es muy duro, bien duro. No obstante, me permitió gozar de mi libertad individual.
¿Un mea culpa?
(Guarda largo silencio)
—De repente me porté mal con parejas, con chicas lindas, su amabilidad, su belleza, su ser mujer porque lo mío fue una entrega interesada más por el placer, ahí fallé. Tuve una relación especial con Lucía Ocampo. Los dos libres como el viento. Nunca nos peleamos. Su muerte es irrecuperable…
Cuando se fue su pata Lucho Illanes. «Y me dijo: no estoy para esto, no aguanto». Ricardo Quezada aquí estuvo, escribió un poema de despedida y no sabía que se despedía.
Muy amable y animoso, por la inauguración de su mural, se despide. Pero antes cuenta que hace poco escuchó a un grupo una canción con las letras de su poema «Para el humo de mis cigarro que descansaba en el taco de mis zapatos». «Pura gintagafora —tututururpipitir, que es lenguaje de poetas…«. Y nos vamos.

Mural al ‘Shejo’
El mural de Sergio Castillo Falconí en el parque 15 de Junio fue borrado el año pasado. Como respuesta, la Cofradía Artística En Blanco presenta otro mural que «habla de lo más íntimo» de Shejo.
Con aproximadamente seis metros cuadrados, está en el auditorio del Instituto de la Juventud y Cultura. Fue pintado al estilo en blanco, a mano alzada, por los artistas Rodrigo Salvador y Andrea Bedregal como parte del proyecto Rostros Vivos. Podrá ser apreciado desde las siete de la noche del sábado 25 de abril.
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