En una homilía que seguramente muchos tildarían de política, monseñor Carlos Castillo dijo: “Hoy un pueblo nos interpela, nos habla, incluso nos exige y nos grita por sus derechos, y cuestiona nuestros comportamientos distorsionados”. Y hablando a Chana para que escuche Juana, dijo con rostro adusto: “Ser dirigente no es actuar como un simple y triste funcionario, lleno de criterios superficiales, frívolos y banales, ni distraerse en cosas de poca monta.”
Indicó que ante las manifestaciones populares “no todos lo sabemos comprender adecuadamente. Pensamos demasiado rápido en sedición” y hasta en anarquía. Pero precisó que “La anarquía no es el resultado de los justos reclamos de la población, sino de las acciones de dirigencias que han ido eliminando su vocación de servicio, y toman decisiones sin justicia, ni equidad ni moral.”
Afinando su diagnóstico de la crisis política señaló que “una amplia capa de la dirigencia nacional vive de espaldas a la mayoría” de los humildes y pobres y, entonces, llamó a todos los que tienen responsabilidades dirigenciales y a sus propios compañeros de la jerarquía y del clero, a hacer una autocrítica que signifique un cambio de conducta.
Ya en años anteriores en ocasiones similares, el arzobispo de Lima, Carlos Castillo, había recordado cómo las circunstancias políticas de hace dos siglos se parecían a la crisis actual. Esta vez citó varias veces a don Javier de Luna Pizarro su antecesor en el arzobispado y líder de los liberales en la emancipación y primera década de la república y cómo sus desacuerdos con el todopoderoso Simón Bolívar se sintetizaron en su homilía de 1832 en Arequipa que fue su propuesta para la Constitución de 1834.
Allí, el maestro de Mariano Melgar, dijo que un buen gobernante debe “garantizar la propiedad del pudiente y la exigencia del pobre; los goces del industrioso, la libertad y seguridad de todos; hacer reinar la tranquilidad sin opresión, la libertad sin licencia, la justicia sin crueldad; un gobierno firme sin ser peligroso… una función de legislar que no se reduzca… a una ley dictada sin haber conocido y apreciado las necesidades de la nación… a una ley dictada sin haber conocido y apreciado las necesidades de la nación.”
Es decir, todo lo contrario de la conducta que se observa en gobernantes y parlamentarios y que han llevado, justamente, a que el 97 % de ciudadanos y ciudadanas manifieste su descontento con ambos en todas las encuestas de opinión.
Y avizorando lo que puede pasar el próximo año electoral y recordando la historia bíblica, Carlos Castillo dijo que Samuel se había equivocado en elegir al gran guerrero Saúl como rey de Israel. Este resultó un fracaso porque “era fácil ser dictador, pero muy difícil saber gobernar”. Importante ahora que muchos entre el pueblo, cansados de “esta democracia [que] ya no es democracia” quisieran tener un dictador que ponga orden con mano dura.
Si bien la mayoría de católicos y no católicos del Perú ha dado diversas muestras de simpatía por su discurso, algunos han manifestado su escepticismo respecto a que sus palabras tengan algún efecto en los aludidos. Es posible que, más allá de los deseos la realidad pura y dura del ejercicio del poder y del cálculo político, nada cambie. Pero creo que a monseñor Castillo le interesa más que el pueblo pobre y creyente lo escuche o lo lea, porque, al fin y al cabo, de sus actitudes y comportamiento dependerá el futuro inmediato del Perú.
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