El rugido invisible: cultura popular y poder digital en el Perú

Lo popular ya no se limita al espacio físico: se desplaza por memes, avatares, filtros de Instagram y escenas de TikTok.

Por Redacción El Búho | 30 julio, 2025
perú

Narrativas que mueven identidades

La cultura popular peruana no se agota en sus danzas, su gastronomía o sus festivales patronales. Existe un entramado más amplio y menos visible, donde las narrativas digitales, los símbolos emergentes y los consumos cotidianos están moldeando nuevas formas de identidad. Lo popular ya no se limita al espacio físico: se desplaza por memes, avatares, filtros de Instagram y escenas de TikTok. Y en ese tránsito, cambia también su relación con el poder, la política y la ciudadanía.

Este fenómeno no es exclusivo del Perú, pero aquí adquiere matices particulares. En un país marcado por profundas desigualdades territoriales, económicas y culturales, los lenguajes digitales funcionan como vehículos de representación para quienes tradicionalmente han sido marginados del discurso oficial. La cultura popular digital, en ese sentido, no solo entretiene: comunica, articula y disputa espacio simbólico.

El lenguaje visual como territorio político

Los íconos visuales siempre han tenido poder. Desde los retablos ayacuchanos hasta los murales urbanos, las imágenes condensan sentido y emoción. En la era digital, ese mismo principio se traslada a los stickers de WhatsApp, a los clips virales, a los diseños de avatar con estética chicha o kitsch. Los referentes visuales ya no provienen solo de las élites culturales; nacen desde los barrios, desde los celulares, desde las pantallas.

Ejemplo de ello es el uso creciente de animales totémicos en juegos y contenidos visuales que circulan por redes. En estos imaginarios digitales, figuras como tigres, serpientes o cóndores se resignifican. El caso de Fortune Tiger es revelador: un personaje híbrido, entre lo lúdico y lo simbólico, que se ha integrado a la estética visual contemporánea con notable eficacia. Su diseño, su movimiento y su narrativa apelan tanto al imaginario asiático como al gusto visual de los públicos latinoamericanos, generando una conexión emocional que trasciende lo meramente gráfico.

De lo tradicional a lo transmedia

El proceso de apropiación digital de símbolos tradicionales ha llevado a una transformación del relato cultural. Las comunidades ya no esperan que los medios oficiales legitimen su existencia: crean sus propios espacios. En YouTube se encuentran documentales autogestionados sobre danzas andinas, en TikTok circulan historias ficcionadas en quechua, y en Instagram emergen diseñadores que mezclan patrones textiles con filtros digitales.

Esta lógica transmedia, en la que una misma historia se cuenta de formas distintas en múltiples plataformas, es clave para entender el presente. La cultura popular ya no es sólo aquello que se hereda: es lo que se reinventa, se mezcla, se comparte. Y en esa mezcla, los límites entre tradición y modernidad se vuelven borrosos.

Humor, crítica y empoderamiento

Uno de los componentes más potentes de esta nueva cultura popular digital es el humor. Pero no un humor neutro, sino cargado de crítica social, ironía política y memoria colectiva. Las parodias virales sobre figuras públicas, los audios intervenidos con memes locales, los “roasts” entre creadores de contenido: todo ello configura un paisaje donde la risa es también una forma de resistencia.

Este tipo de humor no busca necesariamente generar grandes debates. Su fuerza reside en la inmediatez y en la capacidad de circular velozmente por redes, generando identificación con públicos diversos. Lejos de ser banal, este humor sirve para procesar tensiones sociales, denunciar injusticias y subvertir discursos dominantes.

Las periferias como centro cultural

Otro aspecto notable de esta transformación es la descentralización de la producción cultural. Regiones como Puno, Huancavelica o San Martín —tradicionalmente ausentes del mapa mediático nacional— comienzan a ganar visibilidad en plataformas digitales gracias al impulso de jóvenes creadores que narran sus propias historias, sin intermediarios. Sus videos, ilustraciones o performances digitales acumulan miles de vistas y seguidores, demostrando que el talento no depende del código postal.

Las periferias, en este nuevo ecosistema, no son márgenes: son núcleos creativos. Allí se experimenta con sonidos híbridos, con estéticas propias, con relatos cotidianos que desbordan los estereotipos centralistas. Y aunque muchas veces enfrentan precariedad tecnológica, su capacidad narrativa compensa cualquier limitación de recursos.

Imaginación popular como estrategia de futuro

Lo popular siempre ha sido motor de transformación. Pero en la era digital, ese motor se ha acelerado. Las narrativas visuales, los códigos de humor, los símbolos reinventados y los espacios de producción horizontal han redefinido el modo en que los peruanos se representan y se relacionan entre sí.

El desafío no está en “modernizar” la tradición, ni en preservar intacta una esencia cultural romántica. El desafío está en reconocer el valor político, simbólico y estético de las formas en que la cultura popular se expresa hoy: híbrida, crítica, veloz, irreverente. Y, sobre todo, profundamente conectada con el presente.

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Redacción El Búho

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