El capitalismo produce todos los días nuevos ricos y multimillonarios (y más pobres). Nuestros historiadores nos relatan que a partir de 1840, con las concesiones para explotar el guano de las islas, se inició la producción nacional de nuevos ricos. Como se ve, a costa de los recursos naturales pertenecientes a la nación, pero administrados por las autoridades estatales. Luego vinieron las concesiones a las empresas extranjeras.
Así fue nuestra historia más o menos hasta los años 70 en que los ricos de la sierra fueron expropiados por la Reforma Agraria y se crearon empresas estatales que compitieron con los ricos urbanos. Pero, además, desde los años 70, en valles perdidos de la ceja de selva se multiplicaron las plantaciones de coca ligadas a los circuitos internacionales de la cocaína. Y luego, en los 80 y 90, con las migraciones internas que produjo la guerra senderista, empezó la explotación del oro en socavones abandonados y en la selva baja, en concesiones autorizadas por funcionarios estatales.
De allí surgieron otro tipo de nuevos ricos, analfabetos y rudos, pero con plena conciencia de su ilegalidad, por lo que la clandestinidad fue su signo, hasta hoy. A esos se han sumado otros nuevos surgidos de negocios ilegales como el contrabando, la tala de maderas finas, la prostitución y el tráfico de tierras y edificaciones urbanas.
En la vida política de Estados semicoloniales como el peruano, también de vez en cuando surgen nuevos ricos, gentes que compiten por tener parcelas de poder. Después de la guerra senderista, la irrupción del fujimorismo trajo nuevos ricos en la política y después de “la transición” del 2001 (que abrió la cancha para los movimientos regionales) a varios nuevos grupos, algunos que duraron un quinquenio, hasta la multiplicación de la última década.
¿Quiénes son los nuevos ricos de la política?
Generalmente son abogados, pero también los hay de otras profesiones como locutores de radio, ingenieros, militares, maestros y comerciantes, exalcaldes o exfuncionarios públicos. Son parlamentarios, pero si tienen alguna experiencia en el rubro, pueden llegar a ser ministros o directores de ministerios. No se definen de derecha o de izquierda, sino todo lo contrario, “independientes”, “técnicos”, “no políticos”. Llegaron a una lista parlamentaria por invitación, a cambio de una generosa donación al “partido” y, en algunos casos, de relleno, por pura simpatía a su carisma.
Viven el presente, por lo que no necesitan conocer nuestra historia. Desconocen mayormente cómo se manejan las cuentas nacionales y el presupuesto. Pero sí saben cuánto invirtieron en su campaña y en cuánto tiempo y cómo pueden recuperarla y aumentar su patrimonio. Desconocen cómo se hacen las “leis” de la República. Pero tienen los oídos atentos a los “expertos” que proponen determinados proyectos que reparten bien por los votos para aprobarlos. Los peores, tienen su plata, pero no han leído un libro, ¿para qué?
Son discretos, no les gusta hablar en público, por lo que los periodistas no los persiguen y nadie los conoce. Pero eso sí, son generosos en cenas con los locutores de su tierra. Se mueven entre prefectos y subprefectos y mantienen una cordialísima relación con los jefes del “partido” y sus secretarias y asesores. Ellos son los que indican cómo se mueve la cosa y cuál es el rumbo. Eso de los chats ya murió, hay mucho sapo y grabaciones. Su chamba es devolver favores y para ello no hay como visitar personalmente a los funcionarios. Así se arman las redes amicales, que es la única institución que funciona “en Perú”. Y si se trata de hacer proyectos, para eso están los asesores. Luego, la plata llega sola, como ya lo dijo el ilustre AGP.
Detestan a los caviares, oenegeros y esos pedantes que escriben en periódicos y revistas reclamando una reforma política y de las “leis” electorales. Para qué cuatro partidos si podemos ser doce o quince en el parlamento. Y todos ponernos de acuerdo, como lo venimos haciendo desde el verano del 2023. La cosa es hacer marchar la economía con las inversiones privadas y si son extranjeras, mejor. El asunto es dotar de más patrulleros y cámaras a la policía para combatir la delincuencia. Total, como dijo don Manuel Prado: “en el Perú los problemas no se resuelven o se resuelven solos”.
La mayoría no sabe que la política es volátil en el Perú. Inclusive desconoce la palabra. No sabe que la política da más vueltas que la tierra alrededor del sol. Pero tienen el suficiente olfato para querer perdurar y entonces transfugan a otros “partidos” o nuevas “propuestas”, porque así lo hicieron desde que fueron alcaldes.
Por eso, y muchas cosas más, cambiaron las “leis” electorales para que haya competencia, sin exigencias ni requisitos, partidos para todos los gustos y así la cosa seguirá funcionando. La cosa es estar en una lista con un par de buenas locomotoras y el cinco por ciento de valla electoral será apenas un pequeño rompemuelles.

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