Las labores de limpieza continúan, pero los enormes montículos de barro, mezclados con enseres familiares, desalienta a quien los ve. El complejo habitacional Flora Tristán en Arequipa fue uno de los más afectados tras el desborde de la torrentera Chullo el pasado 22 de febrero. En su vivienda, el señor Meza dice que el avance en la remoción de lodo y agua acumulada se encuentra entre el 60 y 65 %. Sin embargo, otros creen que ese cálculo es muy optimista.
En su casa, pese a intensas labores con maquinaria que llegó en su auxilio, todavía se observa sedimento en pisos y paredes, con marcas que evidencian que el nivel del agua alcanzó aproximadamente el metro y medio de altura. La sensación de impotencia y confusión sobre no decidirse por dónde empezar de nuevo
Las habitaciones permanecen severamente dañadas y los muebles quedaron inservibles tras quedar sumergidos en lodo. Entre voluntarios y vecinos han intentado rescatar lo posible y acumular los enseres dañados en el exterior. El señor Meza estima que las pérdidas económicas, considerando bienes y daños estructurales, ascienden aproximadamente a 50 mil soles.

En los alrededores, maquinaria pesada permanece trabajando para retirar el material extraído de los departamentos. Además, la Municipalidad instaló carpas en sectores cercanos y ha entregado implementos como carretillas, lámparas y víveres. A estas labores también se han sumado voluntarios de la Universidad Católica de Santa María, quienes apoyan en la limpieza manual junto a los residentes.
Como Meza, hay decenas de vecinos afectados. La desesperanza cunde, en medio de las versiones que anuncian que la temporada de lluvias está lejos de haber terminado. La ayuda ha llegado, pero no es suficiente para reconstruir todas esas rutinas interrumpidas en estudios, en trabajo, en planes y en la que debían ser las apacibles jornadas de varios jubilados.
Así, los propietarios señalan que aún falta intervenir la parte posterior de sus viviendas, donde se requiere una máquina más pequeña que pueda ingresar a espacios reducidos.


Falta de equipos adecuados y lecciones por aprender
Uno de los principales problemas identificados por los vecinos es la dificultad para retirar el lodo de zonas internas y posteriores de las viviendas. La maquinaria pesada facilita el traslado de grandes volúmenes de material, pero no logra acceder a espacios estrechos donde aún permanecen toneladas de sedimento acumulado.
Otro asunto pendiente es el manejo de los residuos retirados. En el exterior de las casas permanecen apilados montículos de tierra y objetos destruidos, a la espera de ser recogidos. Los residentes señalan que se requiere un sistema continuo de recojo para evitar que estos materiales permanezcan expuestos y, ante una eventual nueva activación de la torrentera, puedan generar mayores afectaciones.

Pero lo principal es la falta de prevención de las autoridades ya que, en diferentes lugares, estas desgracias ocurren año a año en la época de lluvias. Los vecinos, con el pesar y la amargura de ver su vida trastocada de un momento a otro siguen escudriñando los morro de lodo buscando objetos queridos, recuerdos y alguna cosa de valor. La ayuda, si bien importante, no compensará estas pérdidas.
Un aire de resignación se respira y agradecimiento por la ayuda que vienen recibiendo, pero también se ve indignación. La versión que el alcalde de Yanahuara había permitido la construcción de un muro que redujo el ancho de la torrentera Chullo y provocó este desborde se esparció como reguero de pólvora. Cierta o no, hoy todas saben en el complejo habitacional Flora Tristán que la naturaleza es más poderosa que cualquier alcalde o gobernador y no es recomendable desafiarla por intereses subalternos.

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