Poco antes de San Valentín, Donald Trump y Benjamín Netanyahu se citaron en Washington para preparar un “regalo” al país de los reyes magos. Estos serían posibles nuevos bombardeos para descabezar dirigentes e instalaciones iraníes. EE.UU. ha ensamblado una mega-armada amenazando con una descomunal ola de ataques de guerra.
Trump quisiera hacer en Teherán lo que hizo en Caracas. Empero, mientras Venezuela no ha tenido guerras externas o internas ni ha armado grupos armados en su región, Irán se ha fogueado en múltiples conflictos tras derrotar la invasión iraquí impulsada por Occidente la cual generó ocho años de guerra (1980-88) y un millón de muertos.
Irán cuenta con aliados militares regionales, poderosas FF.AA. y con el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRCI), un «Estado dentro del Estado» que controla la mitad de los ingresos petroleros, se encarga de burlar las sanciones internacionales y tiene 120,000 soldados, 30,000 marinos y 20,000 aviadores (similar peso numérico que los marines norteamericanos). Sus millares de misiles pueden impactar en cualquier parte del Asia occidental.
En caso de ser atacados, Teherán afirma que, junto con sus asociados en Irak, Yemen, Líbano y Palestina, lanzará una guerra regional total contra yacimientos, barcos y ductos de distintos socios locales de EE.UU. que le proveen de hidrocarburos. También cerraría el estrecho de Ormuz (de hasta 33 kilómetros de ancho) por donde pasa un quinto del petróleo y del gas licuado para el planeta. En la plaza Palestina de Teherán hay un gran mapa de Israel en hebreo mostrando todos los blancos a los cuales irían misiles persas.
Netanyahu quiere convencer a Trump que los ayatolás están debilitados tras la guerra de junio 2025 y las protestas iraníes de enero. Empero, hace ocho meses Israel recibió los peores ataques aéreos de su historia, y las manifestaciones por el 47 aniversario de la revolución iraní fueron masivas. No se vislumbran fisuras en el aparato estatal. Los intentos de transformar a Reza Pahlevi, hijo del depuesto “rey de reyes”, en el “restaurador de la democracia persa” no calan en una población que recuerda el totalitarismo monárquico, y que ve que Israel le financia.
A diferencia de Venezuela, que carece de capacidades de disuasión militar contra EE.UU., Irán puede destrozar muchos intereses occidentales. Además haría que Rusia, China y el mundo islámico echen agua al incendio.
Aunque la Unión Europea designó al CGRI como “terrorista”, la población europea no ve a Irán como amenaza. Más bien, por doquier hay manifestaciones masivas contra el holocausto palestino. Al inaugurarse las olimpiadas de invierno en Milán las tribunas abuchearon a la delegación israelí y a JD Vance.
Un argumento bélico es que Irán construye bombas atómicas, pero Trump dijo que en junio eliminó todas sus plantas nucleares. Israel es el único que monopoliza dichas armas en Medio Oriente. Netanyahu busca sobrevivir con guerras, poniendo en peligro a los judíos. Al demandar que Teherán anule sus misiles y su “Eje de la resistencia”, Irán retruca que no hará eso mientras no se elimine al archi-poderío bélico de Israel. Mientras Israel acusa a los ayatolás de haber asesinado a decenas de miles de civiles, Teherán afirma que son tres millares los muertos en disturbios armados abiertamente promovidos por los «genocidas» del Mossad.
Este mes Israel aprobó leyes que faciliten a sus ciudadanos comprar terrenos en Cisjordania. Mientras, su ministro de finanzas Bezalel Smotrich viene creando un mega-asentamiento contiguo a Jerusalén oriental que abiertamente impediría la creación de cualquier Estado palestino. Ocho naciones islámicas pro-EE.UU. (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán, Turquía, Indonesia, Jordania, Qatar y Egipto) condenaron conjuntamente ello. Si bien Trump abiertamente pide a Israel que detenga sus acciones anexionistas, su cercanía a Netanyahu le quita aliados regionales en cualquier conflicto con Teherán. Atacar a Irán podría convertirse en un bumerán contra EE.UU. e Israel. Una guerra regional podría disparar el barril de petróleo a $200 desencadenando una crisis global y el hundimiento de Trump.

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