Bajo los cielos nublados de Peter Green

«Pero el cierre, “Apostle”, nos vuelve a introducir en un territorio introspectivo donde las sombras de la locura podrían estar acechándonos. ¿Nos es dable decir que ese marcado contraste entre “Proud Pinto” y “Apostle” es la más nítida imagen de un hombre que se debate entre las terapias de electroshock y la armoniosa vida familiar?»

Por Manuel Rosas Quispe | 6 abril, 2026
Peter Green

Un paciente del Hospital Horton, en Epsom, fuertemente sedado, vestido con su sucia bata blanca y en chinelas, se encuentra fumando tristemente unos cigarrillos negros mientras observa, por la ventana, el encapotado cielo de Surrey. Es un nublado domingo de 1977 y nadie ha llegado a visitarlo. De su infinita soledad parecen dar cuenta sus ojos inmóviles que interrogan el vacío, se adivina que tras esos ojos no hay nada. Nada. Algunos amigos suyos que antes lo visitaban no han podido soportar ver el lamentable estado del paciente y, poco a poco, han ido desapareciendo. En el olvido que todo lo borra lentamente habría caído este hombre si no fuese por su hermano, Michael, y por el director del sello PVK quienes lo visitaron cierta tarde de julio y le animaron a seguir componiendo, a persistir en la música… Hacía ocho años que Peter Green vivía en las sombras de su mundo alucinatorio.

Para muchas personas, los dos álbumes en solitario después del colapso mental de Peter Green, “The End of The Game” (1970) e “In The Skies” (1979) son dos retratos más o menos similares de una época oscura. Pero no es así. Nótese que entre ambos median ocho años, el tiempo suficiente para volver a ilusionarse con la vida y el arte y emprender proyectos de cierta magnitud. El año 1978, el año en que Peter Green, medianamente restablecido, abandona las instituciones mentales en las que vivió casi una década, emprende la grabación de “In The Skies”, se muda a Los Ángeles y se casa con Jane Samuels (a quien conocía desde 1972), es un período clave de la vida del músico que no deja de estar teñido de cierta melancolía porque esa explosión de energía iba acompañada de rachas muy sombrías de depresión. Sin embargo, “In The Skies” es una rentrée en más de un sentido. No solo es el regreso de Peter Green a la música, sino el intento —frágil, melancólico, acaso ilusorio— de volver a habitar el mundo.

Al abrir el álbum, la primera pista, homónima, nos introduce en un mundo de suave calma y seguridad. Oh, there’s a way to keep the dark from the light /And there’s a way to take the cold out of the night nos dice Peter, convencido de que la borrasca ha pasado y que ahora el sol brillará indefinidamente. El instrumental “Slabo Day” e incluso el lentísimo y reflexivo blues “A Fool No More” nos habla de dejar atrás el pasado, de recoger experiencias. Es precisamente en canciones muy emotivas como “A Fool No More” que la guitarra evocativa de Green suena en su real dimensión, siguiendo los preceptos más nostálgicos del blues.

Un tema muy brillante y esperanzador, casi la cara contraria de “A Fool No More”, es el penúltimo track, “Proud Pinto”, una marchosa cabalgata por senderos de luz en la que la guitarra de Green va iluminando los contornos. Pero el cierre, “Apostle”, nos vuelve a introducir en un territorio introspectivo donde las sombras de la locura podrían estar acechándonos. ¿Nos es dable decir que ese marcado contraste entre “Proud Pinto” y “Apostle” es la más nítida imagen de un hombre que se debate entre las terapias de electroshock y la armoniosa vida familiar?

En 1979 también se lanzó al mercado el exitoso álbum “Tusk” de Fleetwood Mac y muchos amigos y personas cercanas a Peter Green vieron al músico compartir con sus excompañeros la alegría de ese éxito, entre sustancias que -por lógica- Green debía evitar. No las evitó, y por eso su descensus ad inferos fue un largo y penoso viaje que concluiría en 2020.

“In The Skies” no contiene, por supuesto, el fuego que Green mostró en sus trabajos con la banda de John Mayall ni con Fleetwood Mac en su etapa más vibrante. Pero es el retrato fiel de un hombre que ha reaccionado (aunque sea brevemente) a un largo anonadamiento y que se atreve a tantear el espacio que ha perdido.

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