El viernes 8 de marzo, Elmer Cáceres Llica y Walter Aduviri se vieron las caras en Puno. El cónclave de los dos gobernadores regionales ocurría tras una confrontación pública entre ambos, a raíz del proyecto Paltuture. Un enfrentamiento en que Aduviri arremetió contra la autoridad de Arequipa, tildándolo de borracho.
Aunque el gobernador de Arequipa consideró que lograron un primer paso para el destrabe de la obra, lo cierto es que no se vislumbran acuerdos reales tras la reunión. La postura de Puno, negativa al proyecto, parece firme. Lo confirmó el propio Walter Aduviri horas después, indicando que escuchará la decisión de los gremios puneños sobre el proyecto. La postura quedó en evidencia con los agravios proferidos por dirigentes puneños, a la salida de Cáceres del encuentro con su homólogo.
Ante las infértiles negociaciones, la represa tantas veces prometida a los agrilcultores de Islay, sigue en condición de improbable. Una promesa de hace décadas y que tiene en Paltuture su conflicto mayor.
El agua prometida para Arequipa
Considerado uno de los emporios agrícolas del sur, Islay dispone de más de 12 mil hectáreas de cultivo, trabajadas por alrededor de 6 mil agricultores. La principal producción de la provincia incluye arroz, papa, cebolla, quinua y páprika, incluso para exportación. Una industria agrícola optimizada que, año a año, sufre de estrés hídrico en primavera, por falta de agua en el río Tambo.
Islay no siempre padeció por agua. Cuando el caudal del río Vizcachas llegaba hasta el río Tambo, el abastecimiento de líquido para los agricultores estaba garantizado. No obstante, con los trabajos del proyecto Pasto Grande de Moquegua, en los ochentas, la situación empeoró para los productores. El cauce del Vizcachas se desvió para contribuir al represamiento de 200 millones de metros cúbicos (MMC) en el embalse moqueguano. A cambio, Pasto Grande se comprometía a derivar 8,2 MMC por año, para la agricultura de Islay. Pero no cumple, aduciendo que no llueve lo suficiente y les falta agua para Moquegua.
Desde entonces, los gobiernos nacionales de turno prometieron represas para los agricultores del Valle de Tambo. Promesas que en más de 30 años no se cristalizan y tienen a Islay sumido en un conflicto social latente.
Los proyectos Yarondo y Pampas del Alto Tambo, de inicios de los ochentas, prometían almacenar 40 y 14 millones de metros cúbicos, respectivamente. Cantos de sirena que nunca se cristalizaron.
La situación se agravó en el 2003, con el enfrentamiento entre Arequipa y Moquegua por el agua de Pasto Grande. Los entonces presidentes regionales, Daniel Vera Ballón y Cristala Constantinides, acrecentaron la tensión con confrontaciones públicas. La situación se hizo insostenible cuando Pasto Grande cerró sus compuertas para Arequipa y dejo al valle sin líquido en pleno estiaje.
En vista del desgaste, el gobierno de Alejandro Toledo ideó una salida de urgencia: el Proyecto de represamiento Paltiture. Una solución que complicó el conflicto al incluir a Puno en la ecuación.
En terreno ajeno
Paltiture, en efecto, fue un proyecto anterior a Paltuture. Concebido con una capacidad de 30 MMC, beneficiaría exclusivamente al Valle de Tambo y estaría en Moquegua, muy próxima a la frontera con Puno. Sin embargo, el proyecto requería la reubicación de la comunidad de Tolapalca. La compra de los terrenos correspondía al Gobierno Regional de Moquegua, que no accedió al pedido de los comuneros. En el 2007, incluso con la obra licitada, se canceló el proyecto.
Recién el 2011, Paltiture volvió a entrar en agenda. La inclusión de Moquegua como beneficiaria de sus aguas reactivó el interés en la obra. No obstante, en Puno no veían con buenos ojos el proyecto.
La región Puno pidió ser consultada sobre Paltiture. El radio de impacto del embalse afectaba a comunidades campesinas puneñas. La traba terminó de hundir el proyecto. El fracaso coincidió con enfrentamientos producto del conflicto minero por Tía María, que dejaron un saldo de cuatro muertos.
No es sino hasta 2013 cuando entra en juego Paltuture. El Ministerio de Agricultura y Riego inicia estudios para viabilizar el proyecto, que se cristalizan en febrero del 2015 con la aprobación del informe técnico, dos meses antes del recrudecimiento del conflicto minero en el Valle de Tambo.
La ubicación prevista para Paltuture estaba a 7 kilómetros de Paltiture. El embalse casi triplica el del proyecto anterior, elevándose hasta los 84 MMC. La inversión prevista se estimó en 294 millones de soles. La licitación estaba programada para el 19 de septiembre del 2016. Pero la región Puno volvió a interponerse.
El 17 de agosto del 2016, la Municipalidad Provincial de Puno interpuso una medida cautelar a la licitación del proyecto. El Tercer Juzgado Civil de Puno accedió al pedido y dispuso la suspensión inmediata del proceso de selección. Al recurso se sumó uno similar interpuesto por el Gobierno Regional de Puno, concedido por el mismo despacho.
El reclamo puneño se fundamenta en la disputa territorial que mantiene con Moquegua. Los altiplánicos reclaman como suyos los terrenos en que se proyectaba la represa. Paltuture sería una jurisdicción del Centro Poblado de Tolapalca, distrito de Mañazo, provincia y departamento de Puno. A su vez, aducen que afectaría al derecho de los comuneros a gozar de un ambiente sano. Ambas disposiciones aún siguen vigentes y son el principal escollo que impide la concreción de Paltuture.
Son como niños
Con el cambio de autoridades, los más entusiastas auguraban el destrabe del proyecto. Razones habían: Elmer Cáceres tuvo acercamientos públicos con Walter Aduviri en 2017. Viajó a Puno con una comitiva de Caylloma, para apoyarlo en el juicio por el ‘Aimarazo’ del 2011. Afirmó que, si era sentenciado, el pueblo arequipeño se levantaría en su apoyo.
En la última campaña electoral también hubo coqueteos. La propuesta de Aduviri de importar gas económico de Bolivia la recogió el entonces candidato regional por Arequipa. Coincidieron en estrechar lazos con el gobierno de Evo Morales. Además del respaldo a la candidatura de Cáceres, previo a la elección en segunda vuelta.A pesar de la aparente amistad, Aduviri siempre recalcó su rechazo a Paltuture. “No, la respuesta es no, nosotros queremos impulsar el saneamiento básico a nivel de toda nuestra región y para eso necesitamos garantizar agua para todos”, recalcó ante dirigentes altiplánicos.
La confirmación de su negativa llegó con su asunción al sillón regional de Puno. La iniciativa de retomar el tema Paltuture la tomó Cáceres Llica, con una postura dialogante y un llamado a la unidad. El intento de acercamiento se cristalizó con la convocatoria al simposio de recursos hídricos en Puno, coorganizado por el GRA y el Ministerio de Agricultura. Aduviri estaba invitado, pero no asistió.
Quienes sí participaron fueron dirigentes puneños que, a punta de gritos, frustraron el foro. Visiblemente ofuscado, Cáceres increpó el comportamiento de la turba, que más tarde señaló como ‘matones’ de Aduviri.
La respuesta del gobernador puneño no se hizo esperar. Ante los reclamos de diálogo de Cáceres, espetó que este acudía ‘borracho’ a los Gore Ejecutivo, y que por eso no podían conversar. La virulencia de sus declaraciones no se limitó al gobernador arequipeño, al que señaló junto a su par moqueguano, Zenón Cuevas, de no tener verdadero interés en fortalecer la macrorregión sur.
Cáceres Llica tildó de bajezas las declaraciones de Aduviri, y aseguró sentir vergüenza ajena. Tras el enfrentamiento, el gobernador de Arequipa accedió a reunirse con su par en Puno. Una reunión que relatamos al inicio de esta nota y que no tuvo ningún acuerdo concreto.
La beligerancia de Aduviri no se limita a Arequipa. Zenón Cuevas también ha sido blanco de sus críticas. El conflicto limítrofe entre Puno y Moquegua se agravó con la incursión de Aduviri y su comitiva al sector de Pasto Grande, que la región altiplánica reclama como suyo. Aunque con versiones distintas, ambas autoridades denunciaron agresiones del bando contrario. La administración moqueguana lo denunció por disturbios y usurpación agravada. En medio del fuego cruzado entre las tres autoridades, el reclamo de agua para el Valle de Tambo seguirá aplazándose. La poca capacidad para alcanzar acuerdos, sumada a una lucha de egos, augura cuatro años grises para los agricultores de Islay. Una guerra por el agua que parece orquestada por niños.
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