Los héroes no existen

¿Qué sucede con sus hijos?, ¿qué sucede con sus parejas?, sean hombres o mujeres; ¿qué sucede en el caso de madres solteras? Para ellos debe estar allí la sociedad civil, los vecinos

La Isla de Jonás Juan Miranda Sanchez

No. Eso de calificar a alguien como un “héroe” ha sido siempre un mecanismo que usamos para no solucionar los problemas que no queremos enfrentar, que no queremos cambiar. Ahora hacemos lo mismo, llamar héroes a las mujeres y hombres que están enfrentando la pandemia desde la primera línea.

No son héroes, se trata de personas comunes y corrientes, llenas de miedo porque cada minuto que pasan haciendo su trabajo podrían contagiarse.

No son héroes, son personas desesperadas y llenas de espanto porque a pesar que hace años, ellos, y muchos de sus colegas, hace muchos años más; pedían salarios dignos, mejores condiciones de trabajo, equipamiento, capacitación, etc. etc. ; solo les dimos la calificación de “héroes” y los soltamos a las puertas de la muerte.

No son héroes, son personas como cualquiera de  nosotros a las que hemos abandonado, a las que hemos dejado solas para que enfrenten un problema planetario –por nosotros- desarmadas, sin descanso y sin esperanzas porque nadie les ha asegurado que su situación cambiará después de lo peor.

La primera línea en esta pandemia, todo el personal de Salud, en todas sus áreas; todo el personal de limpieza en diferentes sectores, todos los policías y militares, toda la gente que debe trabajar afuera; todos ellos, necesitan más que nuestros gestos.

Necesitan mucho más  que aquello de llamarlos “héroes” o salir a aplaudirlos por la noche, porque eso -que ya hicimos en muchísimos otros casos-, solo será el antecedente del olvido de siempre.

A los héroes se les olvida, se los convierte en íconos, en fotos, y con los años en estatuas que llenamos con grafitis. O, en el mejor de los casos, las cagan las palomas, con la misma indiferencia que nuestro olvido.

A las personas de la primera línea debemos asegurarles lo que les corresponde para que continúen su trabajo con el menor riesgo posible. Eso debe estar haciendo ya el Estado.

Pero debe darles también seguridad, para cuando el peor momento termine. Por tanto, debe darles la seguridad de que nunca jamás los dejaremos desamparados –así haya o no haya otra crisis como esta-  y que tendrán salarios dignos, mejores condiciones de trabajo, equipamiento, capacitación, etc. etc.

Pero además hay algo que podemos hacer los ciudadanos, quienes también somos el Estado.  Cuando pensemos en las personas de la primera línea debemos también pensar en sus familias. Porque es en ellos con quienes estas personas comparten sus angustias.

Las familias de estas personas la están pasando doblemente mal, a veces materialmente y siempre emocionalmente.

Luego, ¿qué sucede con sus hijos?, ¿qué sucede con sus parejas?, sean hombres o mujeres; ¿qué sucede en el caso de madres solteras? Para ellos debe estar allí la sociedad civil, los vecinos o cualquier otra alternativa, pero siempre los ciudadanos.

¿Qué va a suceder cuando lo peor pase y estas personas sufran de estrés post traumático, lo mismo que cada miembro de su familia?

Hay una larga tarea, con estas personas de la primera línea ante las cuales no solo el Estado, pero también los ciudadanos debemos responder. Los héroes no existen, pero nosotros podríamos ser lo más cercano a esa idea si, cuando lo peor ya haya pasado, actuamos como ciudadanos allí donde el Estado no puede llegar.

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