Algunas consideraciones para elegir autoridades

"los votantes tienen poco aliciente para hacerlo; pues es muy poco -o nada- lo que se espera de los resultados electorales que designarán autoridades"

Trocha urbana

Una veintena de candidatos al gobierno regional y provincial, además de centenas de postulantes a los consejos de gobierno locales, son cifras que apabullan a cualquier cándido ciudadano que quiera tomarse el trabajo de informarse antes de votar. Si a esto sumamos el trajín diario del trabajo y las obligaciones familiares, el tiempo con que se cuenta para tamaña empresa no es suficiente. Pero, eso no es todo, los votantes tienen poco aliciente para hacerlo; pues es muy poco -o nada- lo que se espera de los resultados electorales que designarán autoridades.

Parecemos resignados a la idea de que saldrán elegidos los que tengan más dinero para invertir en las campañas y que, una vez en el poder, solo se ocuparán de sus propios intereses. Ante tan bajas expectativas, dejamos la decisión de voto para el momento de la cola o, en el mejor de los casos, para los últimos días; y nos guiamos por cuestiones superficiales como un rostro, un gesto o algún tipo de cercanía o conveniencia. Hasta aquí no hay nada nuevo respecto a anteriores elecciones, pero debería haber diferencia ya que, como nunca antes, enfrentamos un proceso de crisis post pandémica y de crisis internacional como consecuencia de una guerra que tiene para largo.

No es que un gobierno regional o un municipio distrital vayan a solucionar la economía mundial o los problemas políticos nacionales; pero, bien pueden hacer más ligera la carga para el ciudadano. Y por eso, debería preocuparnos más el criterio con el que elegiremos este próximo 7 de octubre. En primer lugar, no perdamos de vista que las autoridades locales están sujetas al presupuesto nacional que aprueba el Congreso y administra el gobierno central. Eso quiere decir dos cosas. Uno: que necesitamos personas que administren bien los recursos, lo cual implica que cualquier atisbo de corrupción echa por tierra el perfil de candidato. Dos: que si el candidato ofrece obras sin conocer el presupuesto de su jurisdicción ya está dando señales de corrupción.

En segunda instancia, no olvidemos que, en campaña electoral -como en todo-, el que grita más fuerte no es el que tiene la razón; y el que recibe más puyas no es, necesariamente, el peor. En pocas palabras, debemos dudar de todo lo que se diga en campaña, lo bueno y lo malo. Muchas veces hemos terminado desechando a un candidato a la primera porque se decían cosas malas de él; pero, terminamos eligiendo a alguien mucho peor.

Como ya se ha dicho, las autoridades locales no pueden encaminar la política económica del país; pero, pueden hacer que la crisis sea más llevadera. Desde un buen servicio de transporte urbano hasta carreteras que interconecten estratégicamente una región hacia dentro y hacia afuera; pueden impulsar la productividad y el desarrollo. Lo mismo podemos decir en cuanto a la seguridad ciudadana, pues disminuir las tasas delictivas en una ciudad la convierte en un lugar más atractivo para las inversiones. En fin, no importa cuan desilusionadas estemos de la política y nuestros gobernantes, nuestro poder de elección aún puede tener un efecto en nuestra economía familiar y personal; para bien o para mal.

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