Anécdotas históricas: La selección de Arequipa venció por 3 a 2 al equipo de universidad de Bogotá

La multitud fue a ver a Néstor Raúl Rossi, pero deliro con las maravillas que hizo el «Soroca» Somocurcio

Por El Búho | 1 febrero, 2026
Arequipa y el futbol

En un memorable encuentro de fútbol la Selección de Arequipa venció por 3 goles a 2 al equipo de la Universidad de Bogotá, en la mañana del 18 de enero de 1953, en el Estadio Melgar. Que conste, para el presente y la posteridad, que entre los jugadores del poderoso equipo universitario de Colombia jugaban, nada menos que una gloria del fútbol argentino y un apellido sobresaliente del mismo: Menotti y Néstor Raúl Rossi.

¡Cálmese, mi querido aficionado al fútbol! No se trató de El Flaco César Luis Menotti (que llegó a ser después entrenador de fútbol argentino que ganó la Copa Mundial de 1978). Éste Menotti pudo haber sido un pariente de El Flaco César Luis quien no pudo ser el que jugó en nuestra ciudad ya que nació el 5 de noviembre de 1938 y, por lo tanto, en 1953 en que se jugó este partido, tenía solo 14 años de edad. La gloria del fútbol argentino que sí jugó en Arequipa en la ocasión que les cuento fue Néstor Raúl Rossi, figura cumbre del River Plate, del Seleccionado Argentino y del Millonarios de Colombia en su época de oro.

Con el equipo colombiano, Néstor Raúl se consagró ya que fue la estrella del equipo que fue el mejor equipo de Sudamérica. Fue campeón colombiano en 1949, 1951, 1952 y 1953 y sub-campeón en 1950. Néstor Raúl Rossi vino a nuestra ciudad como refuerzo del equipo de la Universidad de Bogotá.

En ese inolvidable partido en que la Selección de Arequipa venció por 3 goles a 2 al equipo de la Universidad de Bogotá, la multitud de espectadores que llenó el Melgar para ver a Rossi, terminó delirando con las maravillas que hizo Eduardo Somocurcio, popularmente conocido como el Soroca Somocurcio (jugador del Club Independencia) que, entre las diabluras con que incendió de emoción a la afición mistiana esa mañana del 18 de enero de 1953, metió los tres goles de Arequipa. El último gol, sí el que dio el triunfo a Arequipa, fue una pintura: faltaba jugar unos cuantos minutos y los equipos empataban a dos goles.

El Soroca Somocurcio puso la pelota en el lugar señalado por el árbitro para cobrar el tiro libre: al lado de la línea de media cancha. Como el lugar estaba muy distante del arco contrario, la barrera de los colombianos fue solo de dos jugadores. El Soroca Somocurcio levantó la cabeza, miró al campo rival, con parsimonia dio unos cinco pasos para tomar impulso y pateó la número 5. Cuando todos pensaban que el tiro libre era para servir al compañero que se encuentre más cerca del arco contrario, la pelota impulsada con fuerza y técnica salió muy alta en dirección al arco. El Soroca se había dado cuenta que el arquero rival estaba muy adelantado y le mandó la pepa por las alturas a la valla desguarnecida.

Conforme avanzaba el balón por el aire adquiría una trayectoria bombeada y el angustiado arquero retrocedía con desesperación. Los aficionados contenían la respiración y sin parpadear abrían más los ojos. La pelota en veloz parábola se metió al arco y

¡GOOOLLLLLL DE AREQUIPA! La euforia fue indescriptible y terminó el partido.

(En las citas textuales de esta obra se respeta la ortografía de los originales)

Juan Guillermo Carpio Muñoz

Texao. Arequipa y Mostajo. La Historia de un Pueblo y un Hombre.

Tomo IX. Pág. 261.

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