Desde el año 2021, tras el fracaso del «fraude en mesa» del fujimorismo y -entre otros- por el porkysmo, la coalición narco-mafiosa le puso la cruz a Piero Corvetto. En el proceso de asalto y control de las instituciones post vacancia ilegal de Pedro Castillo, sin embargo, no lograron el control de la ONPE, organismo electoral encargado del proceso electoral. Y, específicamente, del conteo oficial de los votos.
El (aún) actual jefe de la ONPE volvió a ser blanco del fujimorismo y el porkysmo antes y en la campaña electoral. El fujimorismo resucitando el irreal «fraude en la mesa» de 2021. Y el Porkysmo acusándolo de ser parte de la mafia caviar «gorritiana» y «aferrarse al cargo». Este último, incluso, llegó a la amenaza de muerte indirecta a Corvetto. Ambas fuerzas de la narco-mafia política le habían puesto en la mira.
Pero no pudieron «decapitarlo». Hasta que llegó el día de la primera vuelta de las elecciones, el pasado domingo 12 de abril, en el que -oh, sorpresa, solo en Lima- se produjeron inexplicables y repudiables demoras en la llegada de los materiales electorales, la no instalación de mesas en colegios de tres distritos de la capital y el hallazgo de cédulas en las calles. Tema aparte fueron las cédulas marcadas a favor de Fuerza Popular en zonas rurales de Ucayali, San Martín, Jaén/Cajamarca y Tumbes.
Empero, ninguno de esos hechos configuró un fraude electoral: una alteración global de la voluntad popular. Los observadores internacionales fueron precisos en su reporte: para la misión de la Unión Europea, fueron hechos irregulares de un proceso limpio y democrático. Pero dejaron constancia de que debe realizarse una investigación exhaustiva de las irregularidades.
Eso no le importó a Porky. Y lanzó (lo exacto sería afirmar, retomó) la narrativa fraudista en las redes sociales y, el martes 14, en calle adyacente al Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Eso lo hizo extremando los rasgos de su discurso fascista de la pre-campaña y la misma campaña: sedición (el llamado a la insurgencia popular), insultos, amenaza de sodomizar al presidente del JNE e «incendiar la pradera» si no anulaba los comicios de la primera vuelta.
Aparejado a ese discurso incendiario exigió la inmediata captura del jefe de la ONPE Piero Corvetto, el gran objetivo del fujiporkysmo. El JNE cumplió de manera rauda la orden del intocable e impune Porky: lo denunció penalmente. Por su parte el Congreso del hampa, lo convocó a que explique lo ocurrido el 12 de abril. Y, finalmente, el pleno del Congreso conformó una comisión investigadora y, el viernes 17, la PNP de Arriola pidió su captura.
No podemos omitir la investigación preliminar y la revisión del proceso de ratificación en el cargo de la JNJ. También la investigación del Ministerio Público de Aladino Gálvez Visto in globo, toda la maquinaria de la narco-mafia política en acción. Cabe destacar que varios candidatos «barridos» por la voluntad popular se sumaron a la narrativa fraudista del fujiporkysmo. En eso están en estos momentos.
¿Cómo llegaron las cosas hasta está situación? Mi hipótesis es que ha funcionado un plan, por separado, del fujimorismo y el porkysmo en «pugna». El entronque fáctico que dio verosimilitud y «legalidad» a este plan fue que Piero Corvetto, por ser el jefe de la ONPE, es el responsable de las irregularidades ocurridas en la primera vuelta. El plan funcionó.
Así, el fujiporkysmo está a punto de «decapitar» la cabeza de Corvetto de la ONPE y controlar ese organismo electoral para lograr dos cosas: una, que la segunda vuelta sea entre Keiko Fujimori y Rafael López y, dos, con un jefe a la medida de los intereses del fujimorismo, obtener mayoría absoluta en el senado.

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