La sombra roja del ánfora: cuando el terror se convierte en herramienta para influir en el voto de los peruanos (VIDEO)

Desde las masacres del VRAEM en 2021 hasta las recientes pintas subversivas en Piura, el fantasma de Sendero Luminoso reaparece estratégicamente en cada proceso electoral

Por Pamela Zárate M. | 10 mayo, 2026

Cada vez que el Perú se acerca a las urnas, un viejo fantasma parece despertar de su letargo. No es una coincidencia, sino una constante histórica que ha marcado nuestra democracia desde aquel 17 de mayo de 1980 en Chuschi, cuando la quema de ánforas marcó el inicio del conflicto armado interno. Hoy, en pleno 2026, la pregunta que recorre las calles no es solo quién ganará las elecciones, sino si el terror que vemos es una amenaza real de Sendero Luminoso o una puesta en escena diseñada para manipular nuestro miedo colectivo.

El antecedente de 2021: sangre y propaganda en el VRAEM

Hace apenas cinco años, la actividad subversiva se concentró en el VRAEM, Ayacucho y Huánuco, zonas de influencia histórica de los remanentes dirigidos por Víctor Quispe Palomino. El ciclo de violencia comenzó el 23 de marzo de 2021 en Huarcatán, Ayacucho, donde una columna asesinó a cuatro miembros de una familia de comités de autodefensa pocas semanas antes de la primera vuelta.

Sin embargo, el golpe más duro ocurrió el 23 de mayo de 2021. A solo dos semanas del balotaje, la selva central se tiñó de sangre con la masacre de 16 personas, incluidos dos niños, en San Miguel del Ene. En la escena se hallaron panfletos del «Militarizado Partido Comunista del Perú» que exigían un boicot a las «elecciones burguesas» y lanzaban amenazas directas contra la candidatura de Keiko Fujimori. En ese momento, el país se fracturó: para unos era la prueba de que el terrorismo nunca se fue; para otros, un «psicosocial» sangriento para inclinar la balanza de una campaña polarizada, muy al estilo del fujimorismo de los 90.

2026: las pintas subversivas se trasladan

En abril de 2026, el escenario, aunque menos letal, se trasladó al norte del país. En los caseríos de Maza y Casaguay, en Piura, las paredes de dos escuelas públicas (N.° 20119 y N.° 14591) aparecieron cubiertas con pintas subversivas. Con pintura roja, los mensajes gritaban consignas como “Muerte a los soplones”, “Viva el comunismo” y “Viva la patria roja”.

Lo sospechoso es el timing: estas amenazas aparecieron mientras el recuento oficial de la ONPE superaba el 96%, mostrando a Keiko Fujimori liderando el conteo presidencial. La consecuencia inmediata fue la parálisis educativa por el temor de padres y docentes, suspendiendo las clases preventivamente. Aquí el debate resurge: ¿Es un remanente real de Sendero expandiéndose o el uso deliberado de simbología terrorista para generar caos social durante un conteo crítico?

El miedo como producto electoral

La veracidad de estos actos es el terreno más fangoso. Mientras la DIRCOTE investiga, crece la convicción ciudadana de que estos hechos son operaciones psicológicas intencionales. Se trata de una estrategia para que la población crea que la amenaza es omnipresente, justificando medidas de fuerza o influyendo en la percepción política a través del «terruqueo».

En el momento actual, las redes sociales actúan como catalizadores de este caos. Un video de una pinta o una noticia sin confirmar se vuelve viral en segundos, generando una inestabilidad que los grupos de poder saben aprovechar. ¿Es casualidad que estas sombras aparezcan siempre cuando el poder está en disputa?. Sea un enemigo real escondido en las montañas o un montaje oportunista, el efecto es el mismo: una polarización extrema que debilita la república en su momento más frágil.

Al final, el terror en época de elecciones no es un accidente del destino. Desde hace décadas, el miedo se ha vuelto el producto estrella de nuestras campañas, y mientras el ciudadano no desarrolle un juicio crítico ante estas pintas subversivas, seguiremos siendo rehenes de un fantasma que se resiste a morir para seguir dictando nuestro voto durante las elecciones.

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Pamela Zárate M.

Periodista y editora audiovisual. Culminó sus estudios en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa y se ha especializado en periodismo digital gracias a la formación de Google Adsense, Google News Initiative y la Fundación Gabo.