Más allá de las decisiones inmediatas sobre el levantamiento o la continuidad de la medida de fuerza, la huelga de docentes en la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA) ya ha configurado un escenario complejo para el cierre del año académico y el inicio del próximo. Con casi un mes de paralización acumulado, el calendario oficial ha sufrido una alteración irreversible que obligará a las autoridades y estudiantes a modificar sus planes de vida a mediano plazo. La proyección inicial de culminar el semestre a la quincena de diciembre ha quedado descartada. Ahora, el sindicato maneja una propuesta técnica que inevitablemente arrastra las actividades lectivas hasta el siguiente año: utilizar las dos semanas restantes de diciembre y, por lo menos, la primera semana de enero de 2026 para la recuperación de clases en Arequipa.
Esta extensión del calendario golpea con mayor fuerza a los estudiantes que provienen de otras provincias y regiones. Para ellos, prolongar el semestre no solo implica un desajuste académico, sino un impacto económico directo, pues deberán costear alquileres y manutención durante semanas adicionales en enero, un mes que habitualmente destinaban a vacacionar o trabajar en sus lugares de origen. Roger Tahua, secretario del sindicato, reconoce esta problemática recurrente y admite que la recuperación de horas lectivas será el primer desafío logístico que el Vicerrectorado Académico deberá resolver apenas se retome la normalidad.
Sin embargo, el trasfondo de esta movilización revela una crisis mucho más profunda que un simple retraso en el cronograma. Los docentes advierten que la universidad pública enfrenta una tendencia a la desaparición debido a los sistemáticos recortes presupuestales que limitan su operatividad. Según la dirigencia sindical, esta asfixia financiera pone en riesgo servicios esenciales a largo plazo, como el comedor universitario, la movilidad estudiantil y el equipamiento de laboratorios, elementos vitales para la formación profesional de miles de jóvenes que no podrían acceder a la educación superior privada.
Frente a la incertidumbre sobre la continuidad de las labores académicas en la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), el secretario sindical confirmó en una entrevista para RPP que esta mañana se llevará a cabo una Asamblea General crucial, programada para las 10:30 horas. En esta reunión, la base de Arequipa debatirá como único punto de agenda si continúan o levantan la huelga indefinida, a pesar de que la federación a nivel nacional ha ratificado la medida de fuerza. Según el dirigente, las bases locales tienen la autonomía para realizar sus propias evaluaciones y decidir si ratifican la paralización o toman otro camino en beneficio de la comunidad.
El fantasma de las huelgas históricas y la división interna
La situación actual ha despertado recuerdos de paralizaciones históricas que afectaron gravemente a la comunidad agustina. En este siglo hay registros de protestas prolongados que hicieron que el segundo semestre académico termine recién en febrero o marzo del año siguiente. Aunque la intención actual es cerrar el ciclo en enero, la incertidumbre persiste sobre si el conflicto podría escalar y repetir escenarios donde los estudiantes perdían sus vacaciones de verano completas. Actualmente, la huelga afecta a una masa estudiantil de más de 26,000 alumnos, constituyéndose en la medida más larga de los últimos años.
A nivel interno, el conflicto también dejará secuelas en la cohesión de la plana docente. Existe una marcada decepción sindical frente a las autoridades universitarias y a un sector de profesores que optaron por la virtualidad para mitigar el paro. Tahua señaló que esta situación expone la precariedad laboral de la institución: muchos de los que siguen dictando clases son «invitados» con contratos frágiles, quienes temen perder su empleo si acatan la huelga, a diferencia de los 1,100 docentes sindicalizados que sostienen la medida. Esta fractura y la fragilidad del sistema de contratación son problemas estructurales que la UNSA deberá afrontar mucho después de que se levante la última pancarta de protesta.

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