La farsa de fiestas patrias: un país de mentiritas

«Hablo del montaje general que sostiene un país, su gobierno, el Estado, sus instituciones, el bienestar de sus ciudadanos y la fiesta. Todo, absolutamente falso»

Por Mabel Cáceres Calderón | 28 julio, 2024

No me refiero aquí al contenido de las 76 páginas del discurso de Dina Boluarte. Ni lo que apenas pudo terminar de balbucear la susodicha en las 5 horas que se extendió su abuso de paciencia. Eso se da por descontado.

Hablo del montaje general que sostiene un país, su gobierno, el Estado, sus instituciones, el bienestar de sus ciudadanos y la fiesta. Todo, absolutamente falso.

Comenzando por lo más obvio, nadie festejó nada, pues no hay nada para festejar. Siguiendo por lo más grotesco: el supuesto «Mensaje a la Nación», cuyo emisor no fue una presidenta, ni siquiera la frívola ciudadana llamada Dina Boluarte, quien no escribió, ni leyó su propio discurso. Tampoco hay una Nación a la cual pudiera dirigirse, pues en la remota posibilidad que tuviera algo auténtico que decir, tendría que escribir (es solo un decir, no está en capacidad de hacerlo) dos discursos: uno para el país oficial, limeño, terruqueador y votante de Keiko Fujimori; y otro para el Perú profundo, el excluido, raceado y terruqueado, que votó por Pedro Castillo en busca de reconocimiento. Dos países muy cerca del odio entre sí, por lo que ni siquiera existe un Perú al que dicen amar (hipócritamente) en Fiestas Patrias.

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Pero las mentiras más duras son dos. La primera, que haya una presidenta (a la que la formalidad uniformada le rinde honores con espadas de mentira), pues el mundo entero ya sabe que ella no ejerce mando (ni comando). No está a cargo (The Economist), no toma las decisiones (vienen del Congreso), le escriben los discursos y, literalmente, no sabe donde está parada.

Y la segunda mentira que, sin embargo, se cacarea permanentemente en el Congreso, es que haya un régimen democrático en Perú. Aunque provoque hartazgo, hay que repetir que no hay más independencia de poderes, que el Ejecutivo está completamente sometido al Congreso, que instituciones autónomas por definición como el TC y la Defensoría del Pueblo también lo están, que el Poder Judicial, la Fiscalía y la JNJ sufren acoso y están en permanente riesgo de ser tomados por la coalición de intereses que lo gobierna todo desde el Congreso. Además, que la Constitución que establecía procedimientos para eso, ha sido reformada al antojo del fujimorismo, que los derechos ciudadanos como el de la protesta son groseramente reprimidos, incluso con balas; y que las bancadas en el Congreso no rinden cuentas a sus organizaciones políticas, sino a mafias y grupos de interés que los financian.

Por último, una mentira menor, pero dolorosa, es que los peruanos amemos al Perú, algo que en estas «fiestas» se repite. Obviamente, no incluyo aquí a la clase política en general (sin clase), ni a los jerarcas de toda laya que llevaron al país hasta aquí. Hablo del ciudadano común (sin ciudadanía real) que participa de la destrucción del Perú por omisión e indiferencia y se va de fiesta. Desde los que no hacen el menor esfuerzo, al menos por informarse, hasta los que votan por candidatos nefastos creyendo obtener alguna ventaja. Desde los funcionarios coimeros en todos los estamentos del Estado, hasta los comerciantes que estafan a sus compatriotas en múltiples formas. O, desde los delincuentes avezados y sanguinarios, hasta los conductores agresivos que insultan al peatón, sintiéndose poderosos desde su vehículo.

Desde los mineros y madereros ilegales que arruinan el medio ambiente y matan defensores ambientales, hasta los que arrojan basura en calles y campos. Desde los que operan o financian medios de comunicación con el exclusivo fin de desinformar en función de sus intere$e$, hasta los que insultan y desprecian a quienes marchan en las calles porque no comparten sus demandas. Y, desde los racistas y terruqueadores en Lima, hasta los maledicentes e hipócritas santurrones en los infiernos grandes que suelen ser los pequeños pueblos del Perú.

Mientras todo esto siga así, no me vengan con la tremenda mentira de: «tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz…»

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Mabel Cáceres Calderón

Fundadora y directora de El Búho. Es periodista con más de 20 años de experiencia dedicada a temas de corrupción, conflictos socioambientales y derechos humanos.