La llegada de los primeros aviones F-16 ha contrastado con la realidad de jóvenes que están a punto de perder becas en prestigiosas universidades como Harvard, a las que lograron ingresar con gran esfuerzo y que ahora, por falta de apoyo del Estado, podrían perder.
El embajador de Estados Unidos ha señalado que esta compra representa una gran inversión para el país, ya que generará empleo y fortalecerá al Perú, en línea con los intereses del presidente Donald Trump.
Sin embargo, mientras se celebra la adquisición militar, más de 300 estudiantes peruanos enfrentan incertidumbre tras la suspensión de la Beca Bicentenario 2026. Muchos de ellos ya contaban con cartas de admisión en universidades de alto nivel en el extranjero, incluyendo instituciones en Estados Unidos y Europa. Sus edades oscilan entre los 20 y 30 años, y provienen de distintas regiones del país, varios de ellos siendo la primera generación en sus familias en acceder a educación superior internacional.
Algunos de los beneficiarios ya habían iniciado trámites de viaje, alquiler y matrícula, confiando en el respaldo estatal. Ahora, la paralización del programa los deja en una situación crítica, con plazos por vencer y sin recursos para sostener sus estudios. Varios han manifestado públicamente que podrían perder vacantes únicas que no se repetirán.
En paralelo, desde el sector Defensa se ha resaltado la importancia estratégica de los F-16. Autoridades han defendido la compra señalando que marca una nueva etapa de cooperación entre Perú y Estados Unidos, además de fortalecer la capacidad operativa de la Fuerza Aérea. Incluso, figuras políticas han destacado su rol en impulsar esta adquisición, calificándola como un hecho histórico.
Este contraste ha generado cuestionamientos en la opinión pública. Mientras el Estado destina recursos a la modernización militar, cientos de jóvenes ven truncadas oportunidades académicas que podrían impactar directamente en el desarrollo del país.
El Congreso redujo en S/ 1,100 millones el presupuesto educativo para 2025 mientras incrementaba los fondos destinados al propio Congreso y al sector Defensa.
La discusión se instala en un momento clave: inversión en defensa versus inversión en educación. Y, en medio de ese dilema, una generación de estudiantes espera una respuesta que defina su futuro inmediato.

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