La crisis de violencia sexual que golpea a niñas y adolescentes en la provincia de Condorcanqui, en la región Amazonas, llegó a Lima de la mano de lideresas awajún, wampis y representantes indígenas de otras regiones, que decidieron trasladar su denuncia hasta la capital ante lo que consideran una respuesta insuficiente del Estado frente a hechos que siguen dejando víctimas, impunidad y abandono. La delegación participó en una conferencia de prensa realizada el 6 de marzo en la sede de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, con el objetivo de visibilizar una problemática.
El viaje buscó que el país mire de frente una realidad que las organizaciones indígenas vienen denunciando desde hace años en sus territorios, donde la violencia sexual contra menores se ha convertido en una herida abierta, atravesada por la precariedad institucional y la falta de acceso efectivo a justicia, salud y protección.
La denuncia sale del territorio
Marisol García Apagüeño, lideresa kichwa y presidenta de la Federación de Pueblos Indígenas Kechwa Chazuta Amazonía (Fepikecha), explicó a Inforegión que el viaje a Lima respondió a la necesidad de ejercer presión política fuera del territorio, ante la falta de respuestas. “Si bien es importante la incidencia en el territorio, pero ¿dónde tenemos que hacer presión política?”, señaló la lideresa.
En esa misma línea, sostuvo que la situación en Condorcanqui expresa una desprotección más amplia hacia la niñez indígena y hacia las comunidades amazónicas. “Hay un total abandono en el Perú profundo sobre el acceso a la justicia, acceso a la salud, acceso a la a la educación”, señaló la lideresa.

La llegada a Lima también buscó romper el aislamiento con el que muchas veces se procesan las tragedias en los territorios indígenas. Mientras otros casos de violencia conmocionan rápidamente a la opinión pública nacional, las agresiones que sufren niñas y adolescentes indígenas suelen quedar confinadas al silencio, a la burocracia o a respuestas tardías.
Crisis estructural
Según CAAAP, las organizaciones indígenas y las defensoras que acompañan a las víctimas advierten que en Condorcanqui no ocurren hechos aislados, sino una crisis estructural vinculada al abandono estatal, el racismo y la falta de mecanismos adecuados de protección para la niñez indígena. En ese contexto, la denuncia en Lima exige tratar el problema como una emergencia y no como una sucesión de casos dispersos.
Una de las voces centrales de esta denuncia fue la de Rosemary Pioc Tenazoa, presidenta del Consejo de Mujeres Awajún Wampís Umukai Yawi (COMUAWUY). “Ha sido un viaje muy largo, pero venimos con la esperanza de que aquí nos escuchen. No es solo nuestra voz, es el grito de las niñas, niños y adolescentes que claman por justicia”, expresó a CAAAP.
La propia cobertura recogida por CAAAP muestra que la gravedad del problema no solo está en los abusos denunciados, sino también en lo que enfrentan las mujeres que acompañan a las víctimas. “Denunciar no es fácil para nosotras. Muchas veces al día siguiente recibimos amenazas de muerte. Pero ese miedo también nos ha dado fuerza para seguir hablando”, afirmó Pioc Tenazoa
Justicia ausente
Desde la mirada de Marisol García Apagüeño, el problema no puede reducirse a una falla administrativa ni a una demora estatal. “¿Cómo tú le puedes negar la justicia a niños y niñas que están siendo violados sexualmente y contagiados con el VIH?”, indicó a Inforegión.
Su crítica fue más allá del caso puntual y apuntó al sistema de justicia en su conjunto, al que acusó de no estar del lado de las víctimas. Ese reclamo coincide con lo expresado por las lideresas que llegaron a Lima. El eje de su presencia en la capital fue precisamente denunciar que Condorcanqui sigue enfrentando una situación crítica mientras las comunidades cargan, muchas veces solas, con las consecuencias de la violencia.
La denuncia llevada a Lima puso en el centro a las niñas y adolescentes de Condorcanqui, pero también a las mujeres indígenas que, en medio de amenazas, carencias y desprotección, han asumido tareas de defensa y acompañamiento frente a una institucionalidad que no alcanza o que simplemente no llega.
Por eso, la presencia de las lideresas awajún y wampis fue una acusación directa al Estado peruano. Desde Condorcanqui hasta Lima, su demanda buscó sacudir la indiferencia, que el país deje de mirar hacia otro lado y responda con urgencia ante una crisis que sigue golpeando a las niñas indígenas.
Lea la nota original aquí o visita el medio Inforegión | Agencia de Prensa Ambiental