Una situación alarmante sacude los cimientos de la Casa del Padre, un centro de acogida para menores en situación de vulnerabilidad. Durante las últimas horas, las autoridades confirmaron que tres menores de edad escaparon de las instalaciones tras burlar las medidas de seguridad perimetrales. Este albergue goza de notoriedad pública por ser una institución fundada por la actual parlamentaria Milagros Jáuregui de Aguayo, lo que ha puesto el foco mediático sobre la gestión de este espacio privado. Los adolescentes, cuyas edades oscilan entre los trece y quince años, habrían aprovechado un descuido durante el cambio de turno del personal de vigilancia para abandonar el recinto con rumbo desconocido.
La noticia generó una movilización inmediata por parte de la Policía Nacional del Perú, que activó los protocolos de búsqueda de desaparecidos bajo la alerta correspondiente. Sin embargo, el trasfondo de la huida resulta preocupante, ya que testimonios preliminares sugieren que los jóvenes buscaban alejarse de un entorno que percibían como hostil. Fuentes cercanas a la investigación indican que los menores manifestaron su disconformidad con las estrictas normas disciplinarias que rigen la convivencia dentro del albergue. La situación escaló cuando familiares de otros internos se acercaron a las puertas del local para exigir transparencia sobre el bienestar de sus hijos, temiendo que existan casos de maltrato físico o psicológico que no han salido a la luz pública.
Intervención de las autoridades estatales
Tras la difusión del incidente, representantes del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables llegaron al lugar para realizar una supervisión de urgencia sobre las condiciones de habitabilidad y el trato que reciben los residentes. Los especialistas del equipo de protección integral conversaron con los directivos para determinar si el centro cuenta con el personal capacitado necesario para manejar crisis emocionales en adolescentes. La congresista Milagros Aguayo, aunque se encuentra alejada de la gestión directa por sus funciones legislativas, es la figura central vinculada a la organización cristiana que administra el lugar. Hasta el momento, la administración de la Casa del Padre ha negado tajantemente cualquier acusación de abuso, aunque admiten que el sistema de vigilancia requiere mejoras estructurales para evitar nuevos episodios de evasión.
La comunidad local observa con desconfianza el desarrollo de los eventos, mientras los agentes policiales rastrean las cámaras de seguridad de las avenidas colindantes. Es fundamental destacar que el paradero de dos de los jóvenes sigue siendo un misterio, mientras que uno de ellos habría contactado a un familiar directo para relatar su experiencia de escape. El enfoque preventivo del albergue ahora está bajo la lupa, pues se cuestiona si la infraestructura realmente ofrece un entorno de rehabilitación y seguridad o si funciona bajo lógicas de encierro punitivo. El Estado peruano deberá decidir si mantiene la licencia de funcionamiento de este establecimiento tras evaluar los informes técnicos que emitan los trabajadores sociales encargados de las entrevistas individuales con los demás albergados.

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