Los candidatos en este último debate de la semana no soltaron a Keiko Fujimori. Los calificativos contra la candidata presidencial de Fuerza Popular fueron desde “corrupta” hasta “cínica”. Pese a que Fujimori intentó mostrarse tranquila, no pudo evitar evidenciar su incomodidad cada vez que relacionaban la palabra corrupción con su partido o con el gobierno de su padre. En términos políticos, se configuró un escenario clásico de aislamiento estratégico: varios contendores concentrando ataques sobre un solo actor para debilitar su posición frente al electorado.
Desde el inicio, Ronald Atencio, de Venceremos, marcó el tono al señalarla como “digna representante de las organizaciones criminales”, asegurando que estas serían las que hoy están en el poder y que contribuyen al aumento de la criminalidad. Este tipo de intervención no solo buscó confrontar, sino instalar un encuadre narrativo que asocia directamente a la candidata con la crisis de seguridad.
Jorge Nieto, del Partido del Buen Gobierno, también la encaró directamente. Afirmó que Fujimori ha gobernado desde el Congreso desde el 2016 y cuestionó el daño que, según él, le hizo al país. Incluso trajo a colación el pasado de Fernando Rospigliosi, reforzando una línea argumentativa que apunta a la responsabilidad política acumulada más que a hechos aislados.
Mesías Guevara, del Partido Morado, consdierado como la sorpresa de la jornada, optó por un estilo distinto. En medio de risas, le respondió con jerga juvenil: dijo que si ella lo iba a “ghostear”, él la iba a “papear”. Sin embargo, luego endureció el tono al acusarla de mentirosa, de debilitar el Ministerio Público y de rodearse de personajes cuestionados. Esta combinación de lenguaje coloquial y crítica política refleja un intento de conectar con audiencias jóvenes sin abandonar el contenido confrontacional.
Rosario Fernández, de Un Camino Diferente, fue aún más directa al llamarla “cínica” por hablar de corrupción, asegurando que es “la más corrupta del Perú” y que esta vez el país le demostraría su rechazo en las urnas. Aquí se evidencia una estrategia de deslegitimación moral, frecuente en contextos de alta polarización.
Ronald Atencio volvió a la carga más adelante, señalando que la palabra corrupción se escribe con “K” y proponiendo cadena perpetua y muerte civil para los corruptos, reforzando así su posicionamiento punitivo frente a la crisis institucional.
Fujimori intentó responder en algunos momentos, incluso enfrentando a Mario Vizcarra y cuestionando el gobierno de Martín Vizcarra. No obstante, el candidato de Perú Primero le devolvió el golpe asegurando que ella representa al partido más corrupto de la historia del país, neutralizando su intento de trasladar el foco del debate.
Aunque la lideresa de Fuerza Popular afirmó sentirse orgullosa de encabezar el partido más grande del Perú, el debate se convirtió en un constante intercambio de acusaciones donde fue el principal blanco. Al final la candidata lamentó que «se hayan tenido que agarrar de una falda» para ganar popularidad.

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