La nostalgia como acción y re-acción: “Voz de hilo” de Carlos Castañeda Peralta

Cultural

poemariovoz de hilo portada

Por Giuliana Catari:

“Tengo que darles una noticia negra y definitiva. Todos ustedes se están muriendo”, estos versos iniciales de E. A. Westphalen aperturan de manera inteligible y paralela la publicación de Voz de hilo (Lima: Editorial Vivirsinenterarse, 2015), flamante poemario de Carlos Castañeda Peralta (Lima).

Desde el título, asistimos a la “destrucción” del yo, una voz no definida aún por el poder de la muerte, ni delimitada por su tradición histórica, pero que oscila permanentemente entre los tejidos de la nostalgia, la autocontemplación y la impotencia social. Así, deshilvanar rápidamente el unísono de su voz a los filamentos mortuorios, implicaría confinarlo a las bases de la lírica familiar, habitual e intimista. Empero, su discurso poético radica en el proceso de su desplazamiento personal hacia un corpus colectivo, en tanto construcción de resistencia verbal e ideológica a la idiosincrasia social.

En la primera parte: La augusta hora, la voz inicial se traduce en una solemnidad de lo vivido, donde la nostalgia se desenvuelve entre la humareda y la tristeza del hogar: “Humeantes. Mantel blanco envuelve las cucharas/ […] El día herido por una flecha y calles solitarias se enfrían de a pocos” (15). Posteriormente, esta añoranza del retrato familiar construida a la manera valdelomariana, enfrentará la tolerancia del sujeto con la “muerte” de su historia (familia), dando paso a la génesis de su violencia. Es decir, el yo poético transita del entorno apacible y costumbrista a las vallas ideológicas de sangre y comunidad: “Son breves los días de sol en nuestra cara, / ver nacer tus pasos cortos, brincar aquellas gradas que vibran cantan. / Sigo pensando tu nombre detrás de la puerta. /Aderezas una foto del verde manto de Cajamarca” (20).

Asimismo, la luz como símil de redención y esperanza se verá contrapuesta a la noche como elemento revolucionario y derrotero de sus pensamientos, que a su vez alberga el residuo fantasmal de sus amores y ambigüedades (sangre –raza – familia).

Desde la segunda parte: Lamentos del Partisano, el imaginario de comunidad y lo consanguíneo conlleva un sentido más comprometido a partir del tropos de Mamaé, la abuela del yo poético: “(…) ¡Oh! Mamaé /en que rincón escondido dejaste pasar los años/olvidar tu cuerpo inclinado/entre tus piernas, un beso” (25).

Mamaé regresa del lugar de su historia, de lo concertado por otros, para emerger como portavoz del silencio frente a la violencia narrada, confrontándose con la mirada del yo poético. Así, adquiere una dimensión mayor a la de los muertos y evidencia una inquietud a través del yo poético: “¿Cuál es el sentido correcto?/ ¿No eres tú la flor de Acho o confundes tus pasos en las veredas de Surco?”(26).

La contínua interpelación del yo poético con su abuela permite resemantizar la posición original del retrato familiar, pues esta voz de hilo atraviesa también a sus ascendientes, como una fibra delgada, apenas visible a los ojos del ciudadano y receptor. Por tanto, no es solo la dicción de un posible lamento o la melancolía del objeto perdido, sino hay un cuestionamiento durante este proceso: el puro fingimiento de no entender el entorno, evidencia una crisis del sujeto y por tanto una consecuencia: el pasado nostálgico “(…) Cajamarca pudo ser, pero se aleja” (27).

A esta carga colectiva se suma la imagen del partisano, figura de sacrificio que resiste en la clandestinidad de su propia historia y muestra el lado “amable” de la muerte. Aquí, la resignación no es un lugar para la historia del yo poético, es un estado de autocontemplación que inquiere el espíritu de los vencidos y construye su camino reflexivo por medio de la ironía.

La tercera y última parte: A la sombra de una flor, es una cavilación más sólida del poemario porque complementa y reafirma el concepto de la nostalgia como medio de acción y re-acción: “Reflexionar el mundo ensimismado/es ausencia de libertad. Verdad material, sustancial. / No singularidad redonda/ solo es recorrer el tiempo lineal/ascendente (33)”.

No basta pensar sobre el discurso escrito, pues es reducirlo a una voz reincidente en el dolor, determinándolo, víctima de su esclavitud histórica. Es necesario romper con el subjetivismo del yo poético y social para así deconstruir el tiempo lineal del discurso histórico y trascenderlo a las nimiedades de lo cotidiano.

Esta filosofía de lo atemporal que enfatiza Castañeda, se trasluce en los versos “Sentirse impotentes y morir de la espera/valores son de humanidad/ La consecuencia en actos es el peso de nuestras culpas” (35), pues incluso lo moral y lo humano son recursos insuficientes ante la hostilidad del mundo. El amor, la ternura y los sueños son elementos utópicos que se ponen entre dicho y sugieren la necesidad de una certeza: “La libertad es una conquista y/ el sacrificio, la perfecta escuela”.

Dichos versos refieren un territorio intelectual conocido, estático y dominante en tanto conocimientos acumulativos y de imitación. Sin embargo, ¿cuál es la posición del yo poético frente a este devenir de su realidad?, acaso sumarse a la acción inmediata para darle pie al discurso de su voz y la de sus ascendientes. Considero que el interés de la voz poética, inquiere algo más que la poesía. No es el verbo el lugar de reclamo, sino es el estado, la voz misma que ironiza desde su condición de yo observado. Por tanto, “Cimentar el mundo con tu verbo de hierro” denota la ruptura de lo ideológico con las palabras para entrelazar cuidadosamente cada fibra del verso con la creación de un nuevo sujeto.

En conclusión, Voz de hilo alcanza una apertura novedosa del lirismo contemporáneo, no solo por el esteticismo y el uso de neologismos, sino porque en su contenido poético, pone en juego la crisis de las palabras en tanto representación mismas, a partir de un estado nostálgico y autocontemplativo, para luego desplazarse a una reacción permanentemente sutil, pero firme en la deconstrucción de un sujeto.

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Carlos Castañeda Peralta: Estudió Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV) y la Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). En la actualidad dirige la revista de crítica y creación literaria En la Sala de Espera.

 

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