Pelotudeces democráticas

"Keiko representa lo peor de la derecha mercantilista. Pero en política hay que escoger el mal menor cuando no hay bien -ni mayor ni menor. Con Keiko seguiremos mal, con Castillo estaremos peor”

Sobre el volcán

“Proponemos la conformación de una comisión para evitar la subida del dólar” (Guido Bellido)

Que  jóvenes inocentes y desinformados hayan votado por Castillo no es reprochable, porque en general a esa edad se actúa políticamente de buena fe y alto grado de credulidad e ideologización, además de atrapados por esa “pasión  por la ignorancia” de la que habla el más atinado de los filósofos argentinos de nuestro tiempo, Tomás Abraham. Tampoco es reprochable que los campesinos de la sierra que aún mantienen una cosmovisión entre animista y cristiana (ideología pre moderna que mantiene, fija y perenniza su espíritu tradicionalista y explica y funda los variados males y limitaciones típicas del sub desarrollo) hayan votado por alguien “idéntico” a ellos  -incluido el sombrero que no usaba antes de su carrera presidencial- con el mismo tipo y calidad educativa, probablemente la más baja.  

Pero ¿qué explica que peruanos con educación universitaria o superior hayan votado por Pedro Castillo?. Los caviar, que lo apoyaron con todo, dominados por su ideología estatista obsoleta –justo por ser una ideología-  no esperaban que sucediera lo que está sucediendo desde la transmisión de poder con Bellido y Cerrón, presidente de facto. Y a ellos les echan  toda la culpa de las “sorpresivas” actitudes, como  si Pedro –a pesar de las varias imbecilidades que ha hecho y dicho en tiempo récord-  fuera un manso campesino pobre, chotano humilde,  profesor auténticamente peruano (y, dicho sea de paso, representativo de la calidad educativa que las indiscretas estadísticas de la UNESCO muestran públicamente).   

Léase La República  y Hildebrandt en sus 13  -los medios caviar por excelencia-  en el período de la segunda vuelta, hasta el último número a partir del nombramiento de Bellido. No  apoyaron a Pedro porque era el mal menor en relación a la satánica Keiko, no, Pedro no era mal menor para ellos sino el bien mayor, el buen candidato, porque era su candidato, el candidato que defendieron porque se identificaron ideológicamente y aún se identifican con él los izquierdistas más duros y los más caviar, de Cerrón a Hildebrandt: Pedro el Bueno frente a la maléfica Keiko. Y defendieron a uno y atacaron a la otra con saña. Votaron por el mal mayor atrapados por su ideología, una contribución al maniqueísmo, la polarización, el odio, la intolerancia (la otra posición es absolutamente mala, la mía es buena y viceversa). No vieron que no había alternativa buena sino, en el mejor caso, una menos mala. Sino ¿cómo se explica tanta rabia, polarización, tolerancia cero, si solo teníamos dos opciones bastante malas?. Respuesta: porque la mía es buena 

Caviares y cerrones son ideológicamente lo mismo, no creen en la democracia, por ejemplo, porque no creen en la dignidad y la libertad como valores jurídico democráticos (que no son ni morales, ni religiosos), porque  esos son valores liberales o burgueses, es decir modernos, y ellos no aceptan la modernidad, ni a la burguesía, ni al capitalismo, la economía libre (que no tenemos). Somos mercantilistas desde siempre. Ellos no  creen en el individuo, en la persona humana, porque eso es individualista y burgués (como si ellos no lo fueran de la peor forma, la vergonzante). Sólo hablan de la igualdad que ellos confunden con igualdad de todos los seres humanos ante Dios, y no como igualdad de los ciudadanos ante el derecho, como no discriminación, como Isonomía. Los griegos no creían en la igualdad “real”, por eso crearon la Isonomía y, con ella, la democracia. No como compasión por los pobres, por los campesinos y obreros.

Ellos  descreen de la democracia como fin, aunque han aprendido a utilizarla desde que políticos como Javier Diez Canseco, que dejaron de hablar de maoísmo, postularon al “parlamento burgués”: la izquierda estatista o intervencionista que utiliza la ideología marxista, de base cristiana, encaja bien con el cristianismo de los pobres del Perú y con los que se identifican desde la Tiendecita Blanca del parque Kennedy, sin saber nunca para quién trabajan. Los cerrones y castillos saben lo que quieren: poder total, sin compartirlo con nadie, pero los caviar, siempre  ambiguos e indefinidos, están con la democracia pero también con Pedro y Cerrón y Bellido. Con Dios y con el diablo: !santa ambigüedad! No es posible creer en la democracia -con todos sus valores- y a la vez creer en los personajes que nos (des) gobiernan (también el ambiguo Pedro gobierna y no gobierna). Todos creen que el estado es el nuevo Dios (ahora que el otro ha muerto) que resuelve todos los problemas, hasta llegar a la flagrante estupidez de proponer una comisión para evitar que el dólar suba, que es como dar un decreto supremo contra la ley de la gravedad. 

¿Cómo una caviar como Verónica  Mendoza sigue apoyando a un delincuencial Cerrón, el presidente de facto, a pesar de la misoginia, la homofobia y  el peruanísimo  machismo?  ¿Esos no eran sus temas favoritos, sus platos bandera?  ¿Qué es lo que hace que Verónica soporte el machismo, la misoginia y la homofobia declaradas y comprobadas en este gobierno de apetitos totalitarios?  Adivinen finos lectores. Vean cómo la izquierda chic o caviar va acomodando poco a poco  su discurso, cuando tardíamente se dan cuenta de la  yuca leninista del humilde campesino chotano. Cerrón los ha hecho pedritos, por así decirlo. Y no van a reconocer jamás que se equivocaron…pero sí se equivocaron al elegir el mal mayor. Y a Vargas Llosa le dieron duro con un palo y duro también con una soga… por atreverse a discrepar con ellos respecto al mal mayor, o el mal menor.

 Otro punto común: del portero al  presidente siguen pensando que en la Cuba “democrática”, según ellos, el Bloqueo (el embargo), que es parcial con EEUU y no lo hay con  el resto del mundo, puede hacer olvidar las circunstancias concretas de las contradicciones políticas, económicas, ideológicas internas de la pobre Cuba, que son determinantes. Y el arcaico y obsoleto proceder del ministro de relaciones exteriores peruano respecto a la dictadura cubana. Ser conservador, pre-moderno y autoritario, de derecha o izquierda, es una cosa, pero hay que ser Hector Béjar, Cerrón, Castillo o el esperpéntico Bellido, para  creer que los gobiernos de Cuba, Venezuela, Nicaragua, etc,  son gobiernos “democráticos”.

 Democracia es algo que  se acaba  cuando se dejan de lado los valores democrático liberales: libertad, dignidad (autonomía  personal) tolerancia, igualdad de derechos pluralismo, etc., y solo se enfatiza la igualdad de todas y todes, que se mal entiende como un objetivo de igualdad real, todos el mismo sueldo (salvo los dirigentes): la paradoja de la lucha por la desaparición de las diferencias (no a las diferencias) y su negación a la vez (no hay diferencias, solo son “culturales”). Ninguna izquierda cree en la democracia como fin sino sólo como medio para encaramarse en el poder y atornillarse indefinidamente. No saben nada de un sistema que permite la convivencia de una pluralidad de intereses, de puntos de vista, de fuerzas sociales, un sistema político donde se pueda controlar el poder, donde la libertad  sea el valor fundamental y no el manual cubano de marxismo leninismo. Eso no saben competir democráticamente.

Se indignaban y ofendían cuando se comparaba a Perú Libre –antes de las leninistas declaraciones iniciales del presidente Cerrón- con la posibilidad de terminar como Venezuela, Nicaragua o Cuba. Y aunque no es posible que se repita una experiencia histórica al cien por ciento, sin embargo podemos constatar por ejemplo, que, a pesar de las diferencias con la de Evo en Bolivia o Cerrón en el Perú y las experiencias caribeñas, si se les puede llamar así, las similitudes, los rasgos comunes son inocultables, predominantes y decisivos, sobre todo el que está de moda: tomarse el poder legalmente y a partir de ahí fabricar algún tipo de totalitarismo, andino, caribeño, etc. No importa. Y se acabó la poca libertad en la  siempre frágil democracia latinoamericana.

Son doblemente enemigos de la democracia: leninistas y pre modernos. Y siguen usando la imagen de Mariátegui que era exactamente inverso a ellos, política, ética, literaria, artística y metafísicamente: el primer postmoderno. Con Antonio  Gramsci fueron los primeros grandes críticos del marxismo ortodoxo, escolástico, dogmático, el de Guzmán, el de Diez Canseco, el de Verónica, el de Cerrón, que se ha dado el gusto de llegar al poder por interpósito sombrero, sin responsabilidad alguna. No por gusto se llama Vladimiro. Son producto de una sociedad que educa para el autoritarismo, el despotismo, el abuso de poder. ¿Qué esperábamos? Los caviar son ambiguos, pero a la hora de la hora apoyan los intentos comunistas o totalitarios, y siguen combatiendo a la derecha de Keiko, como el enemigo principal.

La diferencia es que aquí en el Perú, el totalitarismo siempre dijo su nombre –desde antes de la segunda vuelta- y lo que quería hacer. Es un poder conchudo, típico del hombre masa que no cree ni en el diálogo ni en la buena preparación, ni en la buena educación, de la cual se mofan con maloliente descaro. Ellos tienen la verdad y todo lo demás es literatura. Los une la ideología estatista que no cree en valores burgueses, es decir, democráticos y liberales, ni en la economía de mercado, o sea moderna. No creen sino en el colectivo, que es un abstracto que gestó el totalitarismo soviético, cubano, venezolano,  nazi alemán, etc.

 A pesar de sus diferentes matices, no creen tampoco en la sociedad porque no creen en la singularidad irrepetible de los ciudadanos que la componen y apuestan totalmente por el Estado. Todos son intervencionistas y creen que todo se diseña y debe diseñarse desde arriba. Todo lo resuelve y debe resolver el Estado, sin ninguna trasparencia y con cortinas floreadas en camioneta  polarizada. Una obsesión casi paranoica por el ocultamiento y por copar todos los cargos y resquicios del poder con una angurria entre grotesca y ridícula, desde antes del primer día. No faltan la desfachatez y la cara de piedra, (el palo es muy blando). Si Dios es peruano, ¿por qué nos ha abandonado? Y los tontos vivos todavía esperan (19 agosto 2021) que eso que está debajo del sombrero se rectifique solito, sin el soplo mefistofélico del nuevo Vladi. Ni más ni menos que en el fujimorismo del  primer Vladi.

Pero de Diego García Sayán hasta Verónica Mendoza o Hildebrandt, los caviar en sus varios tipos también tienen un rasgo negativo común: no creen  en el capitalismo, por eso no creen tampoco en la libertad (ni en la de mercado ni en las otras). La economía de mercado es su bestia negra. Son comunistas, que ahora hablan de democracia como si creyeran en ella (solo porque el comunismo está en sus estertores y todos lo ven, menos los diversos izquierdistas y ya no es políticamente correcto). Por eso cuando un camarada comunista llega al poder hay que apoyarlo… porque es comunista. ¿Y la democracia?‘ Verónica apoya a Cerrón Castillo con todo, sin dudas ni murmuraciones: ¿cuál es la diferencia ideológica y política entre ellos? Si hubo diferencia no me acuerdo. Si a ella le importara el género, la mujer, los LGTB, etc. ¿apoyaría a un gobierno de esta calaña? ¿No tenía  que haberlos mandado al carajo?

Son anti capitalistas de hecho y anticomunistas en el discurso…caviar porque ahora hablan de “democracia” que para ellos solo es “igualdad”, es decir compasión por los “más necesitados”.  Por eso no podemos modernizar la economía, porque ante el rechazo general al capitalismo solo queda el estatismo intervencionista de izquierda y el mercantilismo de derecha, en sus diferentes grados, combinaciones y matices, parapetados en un discurso populista con mascarilla democrática. Demócrata es el que adopta el paquete completo: todos los valores democrático republicanos, no solo la igualdad mal entendida, además. O, por la derecha, solo la economía de mercado. Y eso es lo que hemos tenido siempre, no capitalismo. ¿De dónde pecata mía?

Y por eso se ha entendido mal el concepto de “economía social de mercado”, que entre nosotros es una puerta abierta al intervencionismo estatal ilimitado, porque en la práctica no entienden “lo social” como relativo a la sociedad civil sino a la sociedad política, al Estado entendido como gobierno. Para ser coherentes deberían llamarle, tal como se le entiende países como Perú (no estamos en Alemania) “economía estatal de mercado”. Pero para que no  se note la tremenda paradoja (estatal de mercado) en lugar de lo estatal, en lugar de poner lo que es, la verdad, la cubren con el vergonzante manto populista de “lo social”. A los regímenes de Cuba, de Nicaragua, de Venezuela, etc ¿qué les importa lo social?  No basta con auto denominarse “socialista”

La realidad de los malos empresarios, que nadie niega, lleva, sin embargo, a cometer una falacia: que el capitalismo es intrínsecamente malo, moral y económicamente. Idea que se ha internalizado por medio siglo de difusión del marxismo ortodoxo, dogmático y autoritario en nuestros países a través de las universidades y colegios, que encajó muy bien en el terreno abonado por la moral cristiana de los pueblos: el dogmatismo, la sumisión, la pobreza como santidad, la ignorancia como virtud. Y de ahí prejuicios como el de que el rico se hace más rico a costa del pobre, por tanto no hay que apoyar el desarrollo de la riqueza ni a los que se dedican a ello, los empresarios, porque ello aumentará la explotación del hombre por el hombre. No pueden concebir la economía sin la mano del Estado y los políticos corruptos que siempre cobran por sus servicios.

El capitalismo no es más que el desarrollo de las fuerzas productivas y de su competencia en un clima de libertad,  sin intervención innecesaria del Estado que impida o inhiba ese desarrollo debido a los excesivos y costosos trámites burocráticos y reglamentaciones sin fin. Como se puede ver en todos los países llamados, con razón, desarrollados, el aumento de la riqueza, es decir, de la actividad productiva y comercial beneficia a todos porque eleva el nivel general de vida ¿Cómo negarlo? Esa riqueza jamás aumenta por obra y gracia del Estado sino de las relaciones entre los participantes en la vida del mercado, que somos todos, independientes del Estado. A lo que hay que agregar el hecho indiscutible de que, a mayor intervención del Estado en la vida económica o empresarial, mayores posibilidades de corrupción. Lo hemos vivido y lo seguimos viviendo.  

No  se han preguntado todavía por qué en esos países capitalistas, como Suecia, Noruega, Holanda, etc, hay mucha menos corrupción y nivel de vida, económico, educativo, político, administrativo más alto, si el capitalismo es tan malvado como lo pintan. Como los pobres son mucho menos allí y el país es económicamente solvente, se puede ayudar efectiva y eficazmente a los pobres. Y es solvente porque es capitalista. ¿Cómo se podría mejorar la situación de los millones de pobres en nuestro país si no se formaliza ese 70 por ciento de economía informal para convertirla en capital y  aumentar su capacidad productiva y la riqueza en su conjunto?.  ¿De donde pecata mía?

Es fuerte aún el peso del cristianismo caviar que comparte su anti capitalismo con la Iglesia y la derecha  mercantilista (ni capitalismo ni comunismo), la ambigüedad. El forzado símbolo del candidato cholo, pobre, campesino, cara de sonso, humilde, chotano, etc casi tan caricaturesco como el de la paisana Jacinta. Eso pega en  una parte del electorado, sobre todo el sombrero. Es la representación, consciente o no, del buen cristiano andino. De ahí la común ambigüedad cristiana de todos los ex postulantes en la primera vuelta, excepto Hernando de Soto, que sabía y sabe qué hacer con la economía peruana con puntos y comas. Si no se formaliza esa enorme cantidad de bienes no se vuelve capital y riqueza, no se multiplica, como en los ricachones países capitalistas. No hay que descubrir la pólvora  -ya está descubierta- sino fabricarla.

Por eso también sorprende la torrencial lluvia de resentimiento y odio injurioso y calumnioso contra el único Premio Nobel que hemos tenido (y quién sabe en qué futuro siglo tendremos otro). ¿No merece respeto especial? ¿Y su opinión tampoco merece respeto? Todo por elegir certeramente, en la segunda vuelta, el mal menor y por defender con su habitual fuerza su posición y atacar con la fuerza de la verdad al mal mayor. ¿Se equivocó Vargas Llosa? No, se equivocaron sus enemigos gratuitos. Pocos lo reconocerán a pesar que votaron por el mal mayor. La débil capacidad auto crítica peruana no lo permitirá, siempre dejarán a salvo su ego.

No puede haber mal mayor que la sombra de Nosferatu, de algo efectivamente demoniaco como es el  totalitarismo, cualquiera sea la versión: acaba con la libertad del ciudadano, de la persona, valor fundamental de una sociedad  moderna y democrática que quiera el desarrollo. Vargas Llosa no se equivocó. Recuerda su enérgica actitud cuando denunció precozmente el carácter de la dictadura cubana en los primeros setenta. Y también se le vino el mundo encima y recibió tanta y tan ignominiosa e injusta injuria, envenenadas por el resentimiento, la envidia. Léase La República y la revista Hildebrandt en período de segunda vuelta, ¡cuanto veneno sobre el Nobel arequipeño!  Se le acusa de tratar de  evitar el mal mayor, en el fondo, que ellos eligieron: lo que estamos viviendo que no es pesadilla sino pura realidad, si bien algunos intonsos no despiertan de su sueño leninista totalitario…y creen que hay algo debajo del sombrero. ¡Y siguen apoyando a Castillo!  

Lo dijimos en El Búho anterior, antes de la segunda vuelta, motivo por el cual nuestros fans que nos insultan en facebook, no pueden decirnos oportunistas: “Castillo y Cerrón son pensamiento Gonzalo (…) Keiko representa lo peor de la derecha mercantilista. Pero en política hay que escoger el mal menor cuando no hay bien  -ni mayor ni menor. Con Keiko seguiremos mal, con Castillo estaremos peor”.

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