La ruta de Ómnibus

la Silla Prestada Alfredo Herrera

poetas arequipeños

Con una nostálgica pero amena conversación pública entre el crítico literario Willard Díaz y el poeta Alonso Ruiz Rosas se conmemoró en junio pasado el cuarenta aniversario de la publicación del primer número de la revista literaria Ómnibus. Para muchos lectores no debe significar mucho este acontecimiento, pero para la historia cultural local, y la literatura nacional, es un hecho que, a la distancia, marcó una de las etapas más importantes de nuestro proceso literario.

La revista de poesía Ómnibus fue una aventura juvenil en la que se embarcaron varios muchachos que  a mediados de la década de setenta del siglo pasado frisaban los veinte años y ya tenían claro que la poesía habría de conducir sus vidas. Alonso Ruiz Recordó que el grupo inicial lo conformaban junto a Oswaldo Chanove, Rosa Elena Maldonado, Dino Jurado y Misael Ramos; la emoción por la poesía y el impulso de la amistad, el aporte de los amigos y la ilusión temprana por la inmortalidad dieron forma a la primera publicación.

A Ómnibus subieron muchos otros más, bajaron también algunos, pero la ruta que marcó para la generación poética del ochenta se vería reflejada con los años, pues no solo la revista se convertiría en una de las fuentes más importantes para conocer el proceso poético local, sino que los nombres que firmaron sus páginas pasarían a ubicarse entre lo más importante de la poética nacional.

Por entonces, otros grupos literarios buscaban sus propias rutas en y desde distintos puntos de la ciudad: Polen de letras y La gran flauta en la Universidad de San Agustín, y Eclosión en la Universidad de Santa María, serían los principales, agruparían una larga lista de nombres que derivaron luego en ocupaciones y profesiones como el derecho, la sociología, arquitectura y pedagogía. A estas alturas, cuarenta años después, muchos de ellos en su madurez ocupan importantes cargos públicos, enseñan en universidades importantes o gozan de la delicada fama que da el arte.

Una de las primeras muestras de la trascendencia de la revista se ve en el libro “Viva voz, antología de la poesía en Arequipa, generación 89”, que Rolando Luque publicara en 1990. A esa fecha eran casi quince años de la revista, y la mayoría de los antologados en el libro por Luque habían publicado en Ómnibus y muchos de los poemas registrados fueron tomados de sus páginas. La perspectiva hacia el pasado, aparte de la nostalgia, nos demuestra que aquel grupo era maduro, responsable con sus lecturas y coherente en sus debates.

Lo que no llegaron a hablar Willard y Alonso aquella noche conmemorativa, fue el peso del contexto social y político de los últimos años del pasado siglo, la violencia terrorista, la emoción combativa de la izquierda peruana, la crisis económica provocada por el dislocado gobierno aprista y el espejismo fujimorista, las dignas lecciones de los maestros en las calles levantando barricadas, que definitivamente influyeron en el espíritu literario de aquel grupo de jovencitos, tanto como los cambios culturales que generaron los proceso de migración y el subsecuente sincretismo desde la música chicha hasta la cultura combi, o el tránsito de mudar de la máquina de escribir a la computadora.

Si bien los poetas que se embarcaron en Ómnibus compartieron lecturas e influencias con sus contemporáneos de otras revistas, hay una marcada diferencia de estilos, que los jóvenes del noventa, con mayores recursos por el desarrollo de la tecnología de las comunicaciones, han asimilado de manera transitoria, pero sin negar la trascendencia de su presencia generacional. Hacia los primeros años del siglo veintiuno, se verifica que en su momento los poetas del ochenta se incorporaron con mayor formalidad en el ámbito literario nacional, y en gran medida se debe a la persistencia de sus revistas, algo que se ha ido diluyendo en las pantallas del ordenador.

Cuarenta años después, la ruta de la revista Ómnibus sirve para marcar el circuito literario nacional desde la mirada del sur, la trascendencia de algunos de sus integrantes como Chanove y Ruiz Rosas, y ausencias lamentables como la de Rosa Elena Maldonado, la emoción de quienes compartimos amistades y largas conversaciones, no solo son estaciones del proceso, sino el feliz corolario de la perseverancia en la poesía, un arte que no siempre va sobre ruedas.

 

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