El voto por Antauro en Arequipa

La columna Mabel Cáceres Calderón

El partido del cual ha tomado el mando Antauro Humala, es el que fundó en 1995 Javier Pérez de Cuéllar, en un intento fallido por enfrentar a Fujimori en su primera reelección; pero hoy es la expresión de los sectores que se sienten excluidos de los privilegios de los que gozan los grandes empresarios, los limeños y los instalados en el corrupto sistema político nacional, en concubinato con el poder económico y sus jueces serviciales.

Encarcelado, y con episódicos exabruptos, Antauro no era de cuidado para el establishment político hasta que, en estas elecciones, representa la primera fuerza política en el Sur. En Arequipa, tiene el doble de votos que la segunda fuerza, lo que le dio derecho a poner dos congresistas, entre los más impensados.

¿Qué significa ese voto?, ¿cómo así un personaje como Edgar Alarcón, tiene la mayor votación de la región, por lejos delante del otro candidato de su partido; y más aún de los otros congresistas electos?

En principio, no se trata de una adhesión a sus proclamas sobre fusilamientos masivos o servicio militar obligatorio. El electorado sabe que esa radicalidad no se daría en la práctica y es, más bien, una provocación para los partidos tradicionales. Tampoco se trata de una manifestación orgánica de supuestos regimientos de reservistas organizados y de respaldo masivo. Y menos aún es la respuesta a la candidatura de Edgar Alarcón Tejada o Hipólito Chaiña; el primero por desconocido y el segundo por su bajo perfil.

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¿Cómo así, específicamente, el exContralor Alarcón obtiene en la región Arequipa cerca de 45 mil votos preferenciales? Considerando que se trata de alguien que hizo su carrera en la Contraloría, en Lima, y de donde salió destituido por el Congreso, debido a graves acusaciones de corrupción, que están en fase de investigación fiscal; ¿a qué se debe que tiene la votación más alta en la región?.

Si bien es cierto que Alarcón es arequipeño, muy pocas personas lo conocen en la región. Su campaña personal fue discreta, con paneles y presentaciones limitadas en medios. Igual que Virgilio Acuña en Lima, es solo un oportuno aliado del líder del Andahuaylazo, que carece de cuadros preparados. Sus votantes, en cambio, están en las calles hace tiempo, en cada protesta y en el valle de Tambo; son un conjunto amorfo de descontentos que buscan expresar, en circunstancias como las elecciones, su descontento, su decepción, la falta de esperanza en el Perú oficial y centralizado. Solo una minoría en este gran grupo son los reservistas, apenas un puñado de hombres fieles a Antauro hasta la muerte.

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Entonces, nuevamente explican los resultados eso que los analistas limeños han llamado desafección a los partidos, sin entenderlo en su real dimensión y figura. La votación por el flamígero discurso de Antauro Humala, como la elección del actual gobernador regional, Elmer Cáceres Llica, es una respuesta al establishment político asentado en Lima (o en los alrededores de la Cámara de Comercio arequipeña que solo se pronuncia cuando Southern Perú lo requiere para defender su proyecto Tía María); y a sus tradicionales relaciones con el poder económico inescrupuloso, angurriento, mercantilista y acostumbrado a los privilegios desde el Estado, al que saben como cooptar desde tiempos muy antiguos. Eso que tan claramente muestra el caso de Keiko Fujimori, por ejemplo.

Solo como ejemplo mencionaré la limeñísima costumbre de declarar estados de emergencia y permitir la acción del Ejército en zonas alejadas para proteger intereses privados. La izquierda, atomizada, fue incapaz de capitalizar ese sentimiento y ellos optaron por una alternativa más radical, o más auténtica, como el Frepap.

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En suma, la victoria de Antauro Humala en el Sur peruano es la respuesta a los conflictos mineros en esta zona del país y a la injustificable presencia del Ejército y la Policía, percibidos como empleados de las empresas, en el llamado corredor minero del Sur. Si esto continúa, tenemos un candidato presidencial con probabilidades, aunque sin mérito propio.

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