El impacto ambiental del coronavirus en Arequipa

Por un lado, la pandemia tuvo un efecto positivo en el medio ambiente mostrando cambios significativos no vistos hace décadas. Por otro lado, estos efectos pueden ser muy breves si no se proponen acciones para acabar con la contaminación.

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El coronavirus, paradójicamente, le brindó un momento de descanso y salud al planeta. Mientras la pandemia avanzaba, la naturaleza tomó un respiro con el confinamiento de las personas y el cierre de las actividades industriales. Calles desérticas y zonas comerciales cerradas eran paisajes que se repetían en diferentes partes del mundo.

coronavirus y medio ambiente
Foto: Erick Rodríguez

Diferentes estudios mostraban cifras alentadoras de la reducción del dióxido de carbono (CO2) y otros gases causantes del calentamiento global. Se estima que las emisiones se redujeron entre un 10% y 30% al paralizar la producción industrial y disminuir el transporte, lo que se tradujo en menos contaminación, ríos más limpios, cielos más claros y la recuperación de espacios por los animales.

Los cambios nunca fueron así de drásticos. La contaminación atmosférica descendió a nivel mundial y nuestro país experimentó también ese cambio. Las estimaciones hechas por el Ministerio del Medio Ambiente (Minam) señalan que durante los 100 primeros días la calidad del aire mejoró. Los gases contaminantes se redujeron por debajo de los 10 microgramos por metro cúbico (µg/m3), los promedios que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

No solo eso. Con el aislamiento al que obligó el coronavirus se dejó de emitir más de 1.6 millones de toneladas de CO2 y otros gases que aceleran el efecto invernadero y el cambio climático. Si miramos un año atrás, la presencia de partículas contaminantes era más del doble (23 µg/m3) y un año antes 28 µg/m3. El cambio es más que significativo.

Aire más puro

A lo largo de tres meses, la calidad de aire mejoró en la Ciudad Blanca. Zacarías Madariaga, director ejecutivo de Salud Ambiental, destacó la reducción de hasta un 80% de la contaminación en una de las zonas céntricas de la ciudad, donde estudios del 2018 daban un registro de valores promedio de 100 µg/m3. La contaminación en la ciudad era equiparable a grandes urbes de Latinoamérica.

Foto: Erick Rodríguez

“El material particulado en los meses de mayo y junio estaban en valores de 15 y 20 µg/m3, que es el aire ideal para vivir en la ciudad”, explicó el especialista, quien apreció este histórico cambio en la avenida La Salud, en el distrito de José Luis Bustamante y Rivero. En este punto se mantuvieron realizando los monitoreos desde la imposición de la cuarentena; no ocurrió lo mismo con el resto de controles por falta de personal.

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Otro de los contaminantes que se genera de la combustión vehicular también experimentó un descenso similar. “El monóxido de carbono en zonas céntricas tienen un valor muy alto, cuando hay mucho congestionamiento, ahora disminuyó una barbaridad, pero nuevamente está regresando”, dijo.

Sin embargo, la reanudación de las actividades económicas y del transporte acabó con este fugaz impacto, y las emisiones continúan hoy en aumento. Ante este escenario, urge retomar la modernización del sector transporte que sustituya el uso de combustible convencional, explicó Madariaga.

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La calidad del agua mejoró en el río Chili

En el pasado se podía observar a pescadores en las aguas del río Chili. Aquellas épocas parecían haberse ido para siempre, pero la pandemia del coronavirus permitió repetir esas estampas. Sin vertimientos y desechos se podía apreciar aguas cristalinas, así como el aumento de flora y fauna.

Conforme a los monitoreos recientes, Roland Valencia Manchego, director de la Autoridad Administrativa del Agua Caplina – Ocoña, dijo que los vertimientos fueron menores durante la cuarentena y el agua del río Chili había experimentado una mejoría que no se registraba hace más de siete décadas.

coronavirus y ambiente
Foto: Erick Rodriguez

“Hemos podido evaluar el oxígeno disuelto en el que agua que ha mejorado con relación a otras mediciones que se ha tenido, las condiciones han cambiado en el río Chili en los últimos meses, pero nuevamente estamos volviendo a lo habitual”, explicó.

En conclusión, el río Chili presentó una leve mejoría en la calidad del agua, mostrando condiciones dentro de los parámetros de los Estándares de Calidad Ambiental (ECA). Asimismo, las evaluaciones de campo permitieron detectar mayor presencia de aves migratorias a lo largo del cauce y aumento de más flora, además de registrarse a personas pescando en sus aguas.

Aunque, en un tramo que comprende entre el puente San Isidro y el de Uchumayo se advirtió un aumento de la turbidez del agua, según reportó el ANA. Se estima que estos estarían provocados por las descargas que realizan algunas propiedades sobre el cauce. Hasta el 2018 se tenía identificados al menos 44 vertimientos no autorizados al río, de los cuales, 34 ya habían sido sancionados; y el resto se encontraban en curso.

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Otras fuentes de agua que también fueron evaluados y que mostraron condiciones negativas fueron los ríos de Siguas y Colca. La entidad que realiza monitoreos a las empresas sobre los vertimientos, viene atendiendo de manera virtual, dijo el especialista. Lo mismo sucede con las quebradas y cauces secos donde los municipios deben reanudar trabajos de limpieza, en preparación a la temporada de lluvias.

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El plástico se multiplica

Antes de la llegada del coronavirus, se incentivaba a empresas públicas y privadas a poner coto al uso del plástico. Sin embargo, con la enfermedad proliferó el uso de artículos de este material como mascarillas quirúrgicas, guantes, equipos de protección y hasta bolsas para cadáveres.

El aumento del plástico se ha convertido en una amenaza y se calcula pueda empeorar más adelante. Recientes estudios señalan que la producción creció cuatro veces en los últimos 40 años. Asimismo, se determinó que el plástico representa el 15% de las emisiones que ocasionan el efecto invernadero. A su vez, un promedio de 8 millones de toneladas de basura compuesta de polímeros acaba en los océanos.

En nuestro país, se utilizan 30 kilos de plástico por persona en promedio y se calcula que al año se producen 3 mil millones de bolsas de plástico, casi 6 mil bolsas por minuto, según cifras del Minem. Agrega además que el 46% de estos desechos se producen solo en Lima y Callao, y el resto se distribuye en las demás regiones.

Kelly Villafuerte, subgerente de Gestión Ambiental del la Municipalidad de Arequipa, manifestó que durante la pandemia la ciudad siguió produciendo la misma cantidad de basura, pero con el coronavirus se notó un incrementó de la basura plástica. Las mascarillas y guantes que desechaba la gente no fueron dispuestas de manera adecuada por lo que una parte de los trabajadores de limpieza acabaron contagiados. Asimismo, los distritos presentaron problemas para gestionar la basura y en ocasiones dejaron de prestar el servicio, al registrar bajas en el personal.

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Foto Erick Rodríguez

La basura y el coronavirus

Quebrada Honda, el único botadero municipal autorizado y administrado por el municipio, recibía en promedio entre 700 y 800 toneladas de basura diariamente. Eso, sin contar los desechos hospitalarios que se producían en los nosocomios y centros de salud y que reciben un tratamiento especial.

“El Cercado soporta una población flotante que realiza algún tipo de actividad, entonces, los residuos que tenemos en el Cercado de Arequipa siempre son altos, porque vienen las personas de otros distritos y los generan acá. Entonces, desde el inicio de la pandemia y antes de que se inicie la reactivación económica hemos tenido una reducción de unas 80 toneladas al día que generábamos, bajamos a unos 60, mientras que en otros distritos subía o bajaba la producción de basura”, indicó.

Por ejemplo, cuando se cerraron los mercados de la plataforma del Avelino Cáceres, el distrito de José Luis Bustamante y Rivero experimentó una reducción del 10% de su basura. Sin embargo, esa cantidad de desechos acabó trasladándose a Cerro Colorado, dijo la funcionaria. Lo que no cambió tampoco fueron los puntos de mayor producción que siguieron siendo las zonas donde se concentra la gente como mercados y zonas comerciales, dijo.

La pandemia fue desfavorable también para continuar con las campañas de reciclaje por parte de los municipios. La mayoría de los trabajadores que prestaban este servicio eran en su mayoría personas que estaban dentro del grupo de población vulnerable. El trabajo que realizaban contribuía a reducir entre un 5% y 10% de toda la basura que se producía por día.

Foto : Erick Rodríguez

Villafuerte manifestó que se habría conseguido disminuir la contaminación si la población participaba activamente y comenzaba a reciclar parte de los desechos que producía. Aún es poca la cantidad de personas, un promedio del 20% que colabora con el reciclaje, subrayó.

El coronavirus, concluyeron los especialistas, le brindó un alivio a nuestro entorno, útil pero muy corto. El siguiente paso es actuar rápidamente para que estos resultados sigan creciendo y así poder construir un ambiente saludable.

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