Historias de Arequipa: Hace 34 años que, por primera vez, se dijo: “Aló…”

"el martes 9 de abril de 1878 el jefe de telégrafo, seguramente después de dar manilla como en cernidor de panadería, hizo escuchar a mil metros de distancia el “rrinn rrinng” al jefe de la estación que alzó el fono y dijo: Aló…"

Historia

En la Arequipa de los años que estudiamos, cada vez eran más intensas y sofisticadas las comunicaciones y sus variadas vías: que el telégrafo, que el cable submarino, que el ferrocarril, que el tranvía de sangre; a lo que se vino agregar: EL TELEFONO, que, en vía de ensayo, se tendió entre la oficina telegráfica (tenemos idea que estaba ubicada en el local de la Prefectura) y la estación del ferrocarril. Luego de hacer las instalaciones pertinentes, el martes 9 de abril de 1878 el jefe de telégrafo, seguramente después de dar manilla como en cernidor de panadería, hizo escuchar a mil metros de distancia el “rrinn rrinng” al jefe de la estación que alzó el fono y dijo: “Aló”…y no precisamente para pedir arroz con los ojitos rasgados. (Dato básico tomado de La Bolsa. 11 de Abril de 1878). 

De aquel lejano día hasta hoy muchas aguas ha llevado el Chili hasta el Pacífico y mucho se han desarrollado la tecnología y las comunicaciones telefónicas y se han metido tanto en la vida de Arequipa, ¡tanto! (para que sepan las generaciones futuras) que, en el 2014, los arequipeños y mistianas se han convertido en adminículos parlantes y esclavos de su celular, móvil, teléfono, o como le llamen.

Me da una risa y, al mismo tiempo, pena: verlos caminar solos por la calle hablando y gesticulando, como orates, prendidos… de su celular; me incomoda ir en un vehículo público y escuchar que una desconocida vecina de viaje nos hace conocer a todos los pasajeros sus problemas en voz alta…por su celular; un día casi muero en un accidente, pues el taxista que me transportaba, cuando tenía que frenar, puso el pie en el acelerador y nos estrellamos estrepitosamente porque… estaba hablando con su enamorada por el celular.

Pero lo máximo, porque me resulta insoportable, es tener cerca a uno de esos maniáticos (o esas adictas al celular) que van por la vida contando todo lo que hacen y lo que piensan hacer… por el celular: estoy entrando al mercado; ¡qué cara que está la fruta!; ¿qué quieres que te compre?; ya te he dicho que no quiero que vayas a jugar fútbol con tus amigotes y termines siempre borracho; ¡ay! Casi me caigo, el taco de mi zapato está suelto y tú no te das tiempo para llevarlo al zapatero; ¿tú también estás en el mercado?; ¿por dónde?; camina hasta donde nuestra casera de la cuajada, ahí nos encontramos; ¿qué pasa que no llegas?, seguro que estás mirando a esa verdulera que te gusta, viejo mañoso; y bla, bla, blá…hasta que le llegue la muerte seguirá: ¡estoy entrando al infierno y leo un letrero inmenso que dice: nunca apague su celular! 

(En las citas textuales que se hacen en esta obra se respeta la ortografía de sus originales) 

Juan Guillermo Carpio Muñoz 

Texao. Arequipa y Mostajo. La Historia de un Pueblo y un Hombre 

Tomo II. Pág. 54 – 55 

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